Medir la calidad universitaria


El editorial de El Colombiano se refiere a la complejidad técnica al elegir factores de medición implica, de forma inevitable, generar inconformidades en el medio universitario. Pero el ejercicio del MIDE es necesario, valioso y útil, dice.

Al divulgar el Modelo de Indicadores del Desempeño de Educación (MIDE), el Ministerio del ramo no buscaba limitarse a entregar un listado de las entidades de educación superior para su examen por parte de padres de familia y estudiantes.

Se anunció el estudio con el eslogan “Colombia se MIDE para ser la más educada”, en consonancia con la propaganda gubernamental que promete que seremos el país más educado de América Latina en la próxima década. El Ministerio a cargo de Gina Parodytambién quería dar un campanazo a las universidades para que mostraran un compromiso público más explícito con la calidad.

El Ministerio desarrolló la metodología acudiendo a parámetros de medición de entidades extranjeras (clasificación Carnegie), y clasificó las mediciones en cuatro grupos o “tipos”: enfoque doctoral, enfoque maestría, énfasis pregrado y especializadas en un área. Al final, en todo caso, lo consolidaron en un listado general, interpretado por muchos, erróneamente, como un ranquin único.

La metodología escogida reviste gran complejidad, y de allí que, ante la dificultad de lograr acuerdos entre todos los actores sobre cómo lograr la definición de unos parámetros por consenso, el Ministerio haya optado por presentarlos como finalmente lo hizo.

Al definir un listado general consolidado, se corría el riesgo de que la opinión pública simplificara el análisis y este se redujera a mirar las primeras de la lista y las últimas. Ello ha dado lugar a que posteriormente los actores del ámbito de la educación superior presenten objeciones, muchas de ellas atinadas y que el propio Ministerio de Educación, como confirmó a este diario la viceministra Natalia Ariza, se comprometa a incluir en nuevas variables de medición. Esto debe garantizar que sea consecuente en el tiempo y el monitoreo permanente.

Las universidades mejor ubicadas en el listado recibieron bien el MIDE, aunque sin hacer excesiva manifestación de júbilo, pues todos son conscientes del riesgo en imagen pública, traducida luego en demanda por matrículas, que estas mediciones pueden arrojar. Varios rectores han señalado que si se modifican los factores de mayor calificación y se privilegian otros que en el MIDE han quedado aparte, los resultados pueden variar de forma impredecible.

Por ejemplo, el exrector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, opina que el hecho de hacer público el listado lo que logra es ubicar dicha clasificación como factor de mercado: subir la demanda por cupos en las universidades que la capacidad económica del estudiante o su familia pueda pagar.

Y el rector de Eafit (la universidad antioqueña mejor ubicada en la lista general, quinto lugar nacional y tercera en el Enfoque Maestría), Juan Luis Mejía, valora el MIDE pero echa de menos que se tengan en cuenta la proyección social de la universidad y la apuesta por la cultura.

Otro aspecto que ha generado controversia es que entre las diez primeras instituciones del listado, solo tres sean universidades públicas (la Nacional, la de Antioquia, y la Industrial de Santander), dando pie a que se acuse al Ministerio de intentar golpear la educación pública, lo cual resulta realmente exagerado.

Ya habrá oportunidad de hacer los ajustes derivados de una mayor socialización de la forma de enfocar las mediciones, pero aplaudimos el valor y la utilidad de hacerlas. Y de publicarlas para, precisamente, animar el debate que facilite el camino hacia la máxima calidad de la educación superior.