MIDE, un intento de homogenización, pero lo importante es la estandarización

Luis Fernando Páramo Jiménez, del grupo de Observadores de universidad.edu.co, nuevamente reflexiona en torno del MIDE, y la ausencia de una metodología con mayor rigor científico en el mismo. “No bastan las buenas intenciones, son preferibles las buenas metodologías y el diálogo proactivo alrededor de este tema crucial”, señala

Tengo la impresión de que en el Ministerio de Educación Nacional hay una sana intención de premiar los altos niveles de eficiencia y eficacia de algunos programas e instituciones de educación superior que se pueden definir como experiencias exitosas, para lo cual crearon el MIDE, sin embargo la homogenización no es el método más recomendado y por ello, con lupa de relojero, muchos rectores, académicos e investigadores han protestado por los resultados. Tampoco es congruente en el mundo académico que se pretenda desconocer las ventajas de utilizar diversas formas de medir resultados siempre y cuando los resultados que se esperen le sirvan de manera efectiva al propósito de mejorar la calidad de la educación superior.

Aquí no se trata de posar de sabios ni de científicos encumbrados, pero si se habla de calidad, es conveniente asumir metodologías con mayor rigor de análisis matemático y procedimental.

El análisis multivariables está definido desde hace más de cincuenta años, además los programas de análisis estadístico hacen el trabajo que en otras épocas significaba meses de calculadora, en cuestión de segundos. ¿Cuál es la razón para no aplicar una metodología con mayor rigurosidad matemática y científica?

Primero, por más multivariable que se considere, la concepción de calidad de cualquier bien o servicio, al día de hoy, en la práctica resulta casi imposible homogenizarla a todo tipo de situación, motivo por el cual ISO (esfuerzo mundial de estandarización) genera normas de estandarización distintas, para situaciones distintas y épocas distintas, pero pretender aplicar en Colombia un rasero universal es simplemente una utopía.

Definir la calidad y certificarla o acreditarla es un proceso técnico muy importante, pero inventarse cuentos sobre la calidad a base de opiniones gratuitas es la causa por la cual en Colombia se ha incurrido en tantos errores de percepción objetiva, desde el nacimiento de la ley 30, que no tiene la culpa de que esto haya sucedido.

El Observatorio ha apoyado permanentemente el debate académico sobre este tema, yo no persigo otra cosa, que proponer alternativas de solución a varios de los problemas más frecuentes que se han presentado, en especial los que tienen que ver con los análisis de resultados en los proceso de acreditación de la calidad de programas e instituciones y en el denominado proceso de Registro Calificado.

En diferentes oportunidades he intentado plantearle al Ministerio de Educación Nacional un cambio de estrategia para consolidar la concepción de la calidad e instaurar una metodología para su medición, estandarización y acreditación distinta a la actual. Los acercamientos más significativos han sido con el Sr. Ex Viceministro de Educación Superior Dr. Javier Botero cuando estaba en el Ministerio y además le tocó todo el debate alrededor de una necesaria modernización de la ley 30, desafortunadamente al final de su gestión; y la reunión con el actual Director de Calidad que por primera vez es un Ingeniero Industrial, el colega Felipe Montes.

En el Congreso, los honorables representantes, Ángela Robledo, Carlos Andrés Amaya y Wilson Arias, que promovieron un encuentro particular para debatir sobre la reforma a la ley 30, escucharon mis planteamientos sobre las deficiencias en el actual sistema de calidad y me manifestaron sus apreciaciones positivas.

También recibí apoyo del Senador John Sudarsky quien me motivó a seguir proponiendo la creación de la Agencia Nacional de Calidad ANC, que remplazaría al CNA Consejo Nacional de Acreditación y creímos que nuestro colegaje aunado al de la Ministra Campo encontraría eco, todo esto está consignado en documentos y sigue andando. Por último la honorable Senadora Claudia López me atendió a través de uno de sus asesores cercanos en el momento que realizaba un debate, en conjunto con el Honorable senador Antonio Navarro, sobre la educación superior. En mi leal saber y entender, la ventaja de que la Senadora intervenga, es que resulta muy efectivo que ella haya sido investigadora y por lo tanto entienda con gran facilidad lo que significa el rigor metodológico y el análisis de datos.

Aparece el MIDE y un rechazo bastante significativo que involucra medios informativos especializados como el Observatorio, rectores y académicos, investigadores y expertos.

El MIDE es susceptible de ajuste tanto matemático como de interpretación, con lo cual se eliminaría la desconfianza que ha suscitado sus resultados. Por ejemplo para la clasificación de las IES utilizar una propuesta de categorización en versiones de 1971 y 1994, en pleno 2015 no parece lo más conveniente por simple obsolescencia.

Pero si de modelar se trata, bien vale la pena pensar en organizar la posición de las IES de acuerdo a tal clasificación, pero no determinar un posicionamiento único con todas revueltas. Es decir mídanse las HEXA, las TETRA,  las DUO y las MONO, así no se presenta a las MONO como unas minusválidas frente a las HEXA, ni a las HEXA como el máximo esfuerzo de desempeño.

El problema de los salarios de los egresados creo que si es interesante de medir, pero también importante de interpretar sin que cause discriminaciones antipáticas, pues las fuerzas del mercado tienen lógicas distintas y se mueven en economías distintas. Ningún soldador ni técnico dental egresa de una HEXA, pero pueden ganar más dinero que un médico general o un contador público. De igual manera el salario en Bogotá, difiere del salario en Orito Putumayo, lo cual no tiene nada que ver con el nivel de eficiencia y eficacia de la institución educativa o programa académico. De igual manera no es lo mismo trabajar para ECOPETROL que para Supermercados ROMI.

El desempeño en pruebas estandarizadas debería diseñarse teniendo en cuenta las ramas del saber, pues las competencias específicas no son objeto de homogenización. Para un médico el razonamiento cuantitativo tiene un sentido, pero para un ingeniero es otro, y para un filósofo es apenas circunstancial. Utilizar adjetivos calificativos, que suenan relevantes pero no lo son, para la justificación de las pruebas estandarizadas es a mi juicio un error.

La intencionalidad del Ministerio de Educación Nacional de otorgar becas para pilos, en las instituciones educativas de mayor calidad, y de restringir los créditos del ICETEX a los programas e instituciones acreditadas, con el propósito de ser efectivos en el uso de los recursos públicos es loable, siempre y cuando, los parámetros utilizados para medir y acreditar la calidad sean los adecuados.

Yo creo que no bastan las buenas intenciones, son preferibles las buenas metodologías y el diálogo proactivo alrededor de este tema crucial, para el logro de Colombia como el país más educado de la región. No soy oposición al gobierno, ni contradictor del Ministerio de Educación Nacional, solo un colombiano con experiencia en Educación Superior que pretende servir y por lo tanto utilizaré todos los recursos posibles para ser escuchado, desde ya me someto a los debates que se quieran adelantar en el campo político, académico y gubernamental pues la calidad de la educación superior en Colombia es mi pasión.

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