Ministra, aún tiene un segundo tiempo para organizar y dar sentido a la ed. superior

Reflexión de final de año de El Observatorio sobre los retos de la ministra de Educación, María Victoria Angulo.

A manera de compilación de las conversaciones con rectores y directivos del sector

Fácil fuera, alineado con las redes sociales y la opinión pública que viene castigando fuertemente a este gobierno, pedir un cambio en el Ministerio de Educación para saciar el apetito de quienes critican por criticar y erróneamente creen que con cambiar ministros se solucionan los problemas.

Si bien este Observatorio ha sido uno de los críticos con la ausencia de una política pública clara, articulada y con un norte preciso para el sector de la educación superior colombiana, también reconoce que el actual Ministerio de Educación ha ido cumpliendo con lo poco o mucho que prometió el presidente Duque durante su campaña y recién electo: Cambio de Ser Pilo Paga (por Generación E), Misión de Sabios, Doble titulación de bachilleres vía articulación con el Sena e impulso al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Eso fue, en líneas generales lo prometido, y hoy se ha concretado.

Además, ha impulsado un nuevo procedimiento para la convalidación de títulos que, parece, puede funcionar, y en el camino viene trabajando la anhelada reforma del Icetex.

O sea que no sería coherente cuestionar resultados a una cartera que ha obedecido los lineamientos presidenciales.

Otra cosa es que el presidente no hubiera prometido un nuevo norte, re-estructuración u organización del sistema. Y aún así, ganó. Es decir, para el país la lógica de su sistema de educación superior no fue prioridad en las elecciones, aunque sí se convirtió en tema de política para los opositores.

Y la ministra tampoco lo prometió. Es más, objetivamente hablando, en el sector desconocemos cuál es la agenda y puesta de país de la ministra Angulo para la educación superior.

Ha sabido apagar incendios y actuar, reactivamente, con resultados. No logró acomodarse en su nombramiento cuando debió lidiar unas recomendaciones de una comisión de empalme, en temas educativos, en las que ella no fue consultada; ha debido trabajar con un viceministro de Educación Superior (más bien gris para el sector), que ella tampoco postuló; por “primiparada” o extraña amistad política, decidió acompañar un complicado, inentendible e inaplicable Decreto 1280, del 25 de julio de 2018 (dos semanas antes de su posesión), sobre aseguramiento de calidad, que le costó muchos e innecesarios debates entre el sector hasta que logró (pese al malestar de algunos y a la mala comunicación pública desde el Ministerio) apoyarse en Claudia Velandia para sacar adelante el Decreto 1330 de 2019; y no tuvo tiempo de pensar su estrategia cuando -cual concierto orquestado para desestabilizarla- movimientos estudiantiles y profesorales, oxigenados por enemigos políticos del gobierno Duque, le pararon la universidad pública por dos meses, le echaron atrás un acuerdo con rectores y le hicieron creer a la opinión pública que el gobierno era indolente con la educación pública.

Y, como la ministra no le presentó al país una agenda pública que ilusionara sobre cuáles unas apuestas, sus más de 16 meses se le han ido en dejarse imponer la agenda: El paro estudiantil, las acusaciones sobre contratación y plan de alimentación escolar, la nueva Mesa Nacional de Diálogo, las comisiones bilaterales, las denuncias sobre lentitud en convalidaciones, los debates sobre temas más a favor de los intereses de los consejeros del CESU, los comités de crisis….

Sí, sería fácil pedir un cambio de Ministra, especialmente ahora que el Comité Nacional de Paro pide lo divino y lo humano, y en ese listado aparecen las peticiones sobre financiamiento de la universidad pública, sin la consideración de que este Gobierno dio, sin proponérselo, muchísimo más a la educación superior pública del que el más optimista rector del SUE en su momento esperaba.

Y aún así, son los sindicatos, los movimientos estudiantiles y las redes sociales las que le acaparan la agenda a la ministra. Una mujer que se preparó para el cargo, en quien creímos cuando fue nombrada y aún hoy creemos, porque valoramos su capacidad de trabajo, buena fe y alejamiento de intereses oscuros para el sector. Además, porque la experiencia de varias de las ultimas ministras ha sido desilusionante (especialmente porque no conocían el sector).

La ministra Angulo aún tiene cómo dar un norte optimista e inspirador, pese a que no haya sabido cuestionar a la universidad pública sobre la necesidad y efectividad de los recursos dados por el Estado, pese a que su comunicación sea reactiva y no innovadora, pese a que cae en el reprochable error de reunirse e invitar a algunos pocos rectores y ceder a los intereses de fuertes grupos de presión del sector, y pese a que su estilo de gestión sea distante y frío (hasta odioso, dicen muchos directivos universitarios).

El problema es que el nuevo año pinta con más aires beligerantes de los críticos, y enero debe llegar para la educación superior con un Ministerio jugado por apuestas innovadoras e integradoras de la educación superior, y no respuestas sólo a las universidades públicas (que, aunque sea difícil de creer, no representa a mayoría del sistema).

Un sistema articulado, ordenado y con norte es el deseo, clamado desde hace muchos años. Pero, en un entorno egoísta (cada IES jala por su lado) y polarizado, va a ser imposible lograr un consenso nacional (la Mesa de Conversación tampoco es el escenario. Simplemente es una sumatoria de actores que buscan protagonismo y defensa de sus intereses, pero no están todos los que son ni son todos los que allí están).

No obstante, hay temas críticos e importantísimos que sí se pueden lograr en los más de dos años que quedan, y que ayudarían a ordenar el sector y enviar el mensaje de que el Ministerio es guía y no control; es coordinación y no solo giro de recursos.

En desorden, algunos de los temas críticos a atender y que podrían ser parte de la extrañada y añorada agenda de la ministra son: Responder abiertamente a la última promesa presidencial pendiente: Dar un camino más explícito a la formación virtual y aclarar las reglas de juego con respecto a la llegada de IES foráneas.

Otros: Un filtro de cualificación técnica y profesional, y de paso de integridad ética, en algunas dependencias del Ministerio relacionadas con educación superior no caería nada mal; una confrontación real a Conaces y CNA sobre su articulación, probidad, subjetividades y aportes al sistema; una franca y pública muestra al país de los efectos perversos de continuar el Decreto 1279 como está; una mesa de todos los rectores de IES públicas para acabar el nefasto mecanismo inercial de asignación de recursos y cambiarlo por uno que reconozca los compromisos y los resultados; una inspección y vigilancia que actúe como oficina de prevención y no como una morgue, que sólo llega a levantar muertos, que realmente controle el manejo financiero y de matrículas y esquemas de gobierno de las IES; una actuación con autoridad y conocimiento de contexto de los delegados de la ministra en las IES públicas; una política de fomento que diseñe políticas claras de paz, inclusión, integración y colaboración, entre otros, y entre todas las IES del sector y no sólo las que tienen más capacidad de lobby; un sistema de información en tiempo real; unas actuaciones administrativas serias y no de chiste; y un franco, abierto, directo y con cartas sobre la mesa diálogo entre la educación superior y la formación para el trabajo y la imperativa necesidad de avanzar en marcos de cualificaciones, posicionamiento preciso de la formación técnica y articulación entre actores, entre otros.

Pero por, sobre todo, tal vez la acción más importante que el sector necesita hoy del Ministerio de Educación, debe ser su orientación crítica y técnica sobre qué, quiénes y hacia dónde debe orientarse la oferta en educación superior. El silencio y retraso del Ministerio para dar información técnica sobre oferta y demanda y el peligroso sofisma del respeto de la autonomía universitaria, están llevando al precipicio a decenas de IES que, desesperadas por la caída en la matrícula, creen que la solución está en abrir y abrir más pregrados y posgrados, sin considerar que se están pegando un tiro en el pie, que nacionalmente se está cualificando el desempleo, que están incrementando peligrosamente sus costos de operación, se está proletarizando la docencia (mucha de la cual se paga en contravía de la ley laboral, incluso en algunas acreditadas), y que estamos ad portas de presenciar, con engañosas figuras jurídicas, compras, fusiones y liquidaciones de IES. Si no actúa al respecto el Ministerio, será juzgado como el promotor del canibalismo en la oferta educativa y la desaparición de IES.

Ojalá esta temporada de fin de año le sirva a la ministra Angulo para replantear su estrategia, revisar su equipo, rediseñar líneas de acción y jugarse con acciones comprometedoras y necesarias. De lo contrario, corre el riesgo de mantener un Ministerio con bajo perfil, cuestionado por temas políticos y no técnicos, mientras que el sistema sigue aumentando sus envidias, egoísmos y aprovechamiento de terceros (mercaderes o mediocres en calidad) de las grietas del sector.

Esa es la esperanza. Cambiar de ministra es una alternativa, pero en el panorama actual sería condenar a la educación superior a cerrar con los mismos o más problemas los cerca de 30 meses que quedan de este gobierno, y ese es un lujo que un sistema (independientemente de los recursos económicos que asigne) no se puede dar.