Abril 7/25 Las presiones del gobierno Trump, en Estados Unidos, con quitar financiamiento y trabajo a científicos que no respondan a sus intereses ha generado una ola de indignación de parte de miles de investigadores de todo el mundo, que han escrito un manifiesto público explicando los peligros de ello.
El siguiente es el texto de la comunicación titulada “Al pueblo americano”, pero que bien podría extenderse a los demás confines de la tierra por la forma como los presupuestos se están viendo afectado, como por ejemplo lo que sucede en Colombia.
Todos dependemos de la ciencia. La ciencia nos dio los teléfonos inteligentes que llevamos en el bolsillo, los sistemas de navegación de nuestros coches y la atención médica que salva vidas. Confiamos en los ingenieros cuando cruzamos puentes en coche y volamos en avión. Las empresas y los agricultores dependen de la ciencia y la ingeniería para la innovación de productos, los avances tecnológicos y la previsión meteorológica. La ciencia ayuda a la humanidad a proteger el planeta y a mantener el aire, el agua y los alimentos libres de contaminantes y toxinas.
Durante más de 80 años, las sabias inversiones del gobierno estadounidense han fortalecido la investigación del país, convirtiéndola en la envidia del mundo. Sorprendentemente, la administración Trump está desestabilizando esta investigación al recortar los fondos para la investigación, despedir a miles de científicos, eliminar el acceso público a los datos científicos y presionar a los investigadores para que modifiquen o abandonen su trabajo por motivos ideológicos.
Los abajo firmantes somos miembros electos de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, y representamos a algunos de los científicos, ingenieros e investigadores médicos más destacados del país. Nos pronunciamos a título individual. Vemos un peligro real en este momento. Compartimos diversas convicciones políticas, pero estamos unidos como investigadores en el deseo de proteger la investigación científica independiente. Enviamos este SOS para lanzar una clara advertencia: la actividad científica del país está siendo diezmada.
El gobierno está recortando drásticamente la financiación de las agencias científicas, cancelando subvenciones a científicos, desfinanciando sus laboratorios y obstaculizando la colaboración científica internacional. Los recortes de financiación están obligando a las instituciones a pausar la investigación (incluidos los estudios sobre nuevos tratamientos para enfermedades), despedir a profesores y dejar de matricular a estudiantes de posgrado, la fuente de la formación de la próxima generación de científicos.
Las investigaciones actuales del gobierno en más de 50 universidades transmiten un mensaje alarmante. Recientemente, se notificó a la Universidad de Columbia que se le retendrían los fondos federales a menos que adoptara políticas disciplinarias y deshabilitara un departamento académico que la administración había criticado. Desestabilizar a docenas de universidades pondrá en peligro la educación superior y la investigación que realizan.
La búsqueda de la verdad —la misión de la ciencia— exige que los científicos exploren libremente nuevas preguntas e informen de sus hallazgos con honestidad, independientemente de intereses particulares. El gobierno está ejerciendo censura, destruyendo esta independencia. Utiliza órdenes ejecutivas y amenazas financieras para manipular qué estudios se financian o publican, cómo se informan los resultados y a qué datos y hallazgos de investigación puede acceder el público. El gobierno está bloqueando la investigación sobre temas que considera objetables, como el cambio climático, o que arrojan resultados que no le agradan, en temas que abarcan desde la seguridad de las vacunas hasta las tendencias económicas.
Un clima de temor se ha apoderado de la comunidad investigadora. Los investigadores, temerosos de perder su financiación o estabilidad laboral, están retirando sus nombres de las publicaciones, abandonando estudios y reescribiendo propuestas de subvenciones y artículos para eliminar términos científicamente precisos (como “cambio climático”) que las agencias consideran objetables. Aunque algunos miembros de la comunidad científica han protestado abiertamente, la mayoría de los investigadores, universidades, instituciones de investigación y organizaciones profesionales han guardado silencio para evitar antagonizar a la administración y poner en peligro su financiación.
Si se desmantela la actividad investigadora de nuestro país, perderemos nuestra ventaja científica. Otros países liderarán el desarrollo de nuevos tratamientos para enfermedades, fuentes de energía limpia y las nuevas tecnologías del futuro. Sus poblaciones serán más sanas y sus economías nos superarán en negocios, defensa, recopilación de inteligencia y monitoreo de la salud de nuestro planeta. El daño a la actividad científica de nuestra nación podría tardar décadas en revertirse.
Exigimos a la administración que cese su ataque generalizado a la ciencia estadounidense e instamos al público a unirse a este llamado. Comparta esta declaración, contacte a sus representantes en el Congreso y ayude a su comunidad a comprender qué está en riesgo. La voz de la ciencia no debe silenciarse. Todos nos beneficiamos de la ciencia y todos corremos el riesgo de perder si se destruye la actividad investigadora del país.
Las opiniones expresadas aquí son nuestras y no las de las Academias Nacionales ni las de nuestras instituciones locales.
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