Abril 25/24 Aurora Vergara va a cumplir dos meses desde que fue designada ministra de Educación (más 6 como viceministra) y tras los movidos meses de declaraciones de Alejandro Gaviria, el gobierno entró en un silencio, que angustia a rectores y actores del sector.
La verdad es que desde que Vergara (foto derecha) llegó al Ministerio su enfoque y protagonismo ha girado en torno de reflexiones sobre temas de inclusión y de género, y mediáticamente trajo calma al gobierno Petro tras la ruidosa salida del hoy exministro Alejandro Gaviria.
Si bien es cierto que hoy educación no le genera ruido a un gobierno que debe sacar adelante reformas que el propio Presidente Petro ha calificado como prioritarias (la de salud, la pensional y la de trabajo), sí genera inquietud entre rectores, asociaciones y diversos actores de la educación superior.
En medio de la convulsionada agenda nacional, temas como las reformas al Icetex y la anunciada reforma integral a la Ley 30 no ocupan el interés público, aunque gradualmente vienen apareciendo jornadas de protesta, especialmente de parte de movimientos estudiantiles, e incluso algunos legisladores, que comienzan a cobrarle al gobierno promesas que, hasta ahora, no se han cumplido y que advierten que si bien pueden tener diálogo con el gobierno con las comisiones sextas (de Senado y Cámara), no tienen liderazgo, articulación ni un norte de cómo integrar los múltiples proyectos de ley que, desde todas las orillas se radican.
Si bien el Ministerio y la nueva viceministra (Ana Carolina Quijano – foto izquierda) han enumerado temas claves al respecto, que terminan siendo los mismos que se han planteado desde el comienzo del gobierno, lo cierto es que los avances son mínimos, por no decir que nulos.
Mientras la ministra se confirma en su silencio sobre educación superior y cuando habla al respecto no concreta decisiones puntuales, la viceministra intenta acercarse al sector (el viernes se reunió con todas las asociaciones de IES en Medellín), pero más allá de presentar “sus líneas”, tampoco produce anuncios que ilusionen al sector con avances en temas críticos: La propuesta de los 500 mil nuevos cupos para 4 años (que pueden ser tres, porque este gobierno ya se acerca a 9 de sus 48 meses), la prometida flexibilización y agilización del sistema de aseguramiento de la calidad, y la situación de la matrícula y los impactos financieros en las IES privadas, por solo citar tres temas sensibles.
Pareciera que el Ministerio ha optado por tener un bajo perfil mientras se aprueba el Plan Nacional de Desarrollo, un documento que tampoco trae expectativas positivas en el sector, pues sus metas poco o nada comprometen a la educación superior o responden a los temas neurálgicos de la misma.
Es posible, sugieren algunos, que bien sea por estrategia política, o porque en el Plan Nacional de Desarrollo haya algún artículo sorpresa que empodere al Gobierno para actuar en educación superior, que solo cuando este sea aprobado, el Ministerio muestre nuevas cartas.
Se habla mucho de la reforma integral a la Ley 30 de 1992 (así lo mencionó Gaviria y así lo menciona la nueva ministra y viceministra), en la que especialmente interesa la reforma de los artículos 86 y 87, sobre financiamiento, especialmente como producto del lobby del SUE, pero tanto el Ministerio como el SUE y el Congreso no muestran al país exactamente cómo sería esa reforma del modelo de financiamiento. Y el sector poco o nada habla y se ilusiona en torno de una reforma de esta índole.
Excepto el Ministerio esté trabajando una propuesta de reforma de la Ley 30, a espaldas del sector (con los nefastos antecedentes que ya se conocen al respecto), el sistema de educación superior sigue sin norte claro, cada IES intenta sobrevivir a su manera, y cada rector busca solidaridad o respaldo en las asociaciones para no sentirse tan desamparado.
Mientras tanto, el Nuevo Saces sigue frustrando a los profesionales de las universidades, la acreditación pierde lustre por falta de mensajes ministeriales, el CESU no muestra una agenda clara, las convalidaciones siguen enfrentando problemas de gestión, inspección y vigilancia no pareciera existir, el SAC no evoluciona, las múltiples propuestas presidenciales sobre nuevas universidades se van quedando en el papel, el Icetex intenta sobreaguar, y no hay un solo mensaje o proyecto integrador del sistema que ilusiones al sector.
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