Perfil de un rector: Jaime Alberto Leal Afanador – UNAD

Perfil de un rector: Jaime Alberto Leal Afanador – UNAD

Mayo/25 Es el actual rector de universidad pública con más años en el cargo. Tras recibirle al borde del colapso, en 21 años ha logrado que la UNAD pase a ser la más grande en número de estudiantes, acreditada, líder en su modalidad y con sedes internacionales,

Es la única universidad con oferta 100 % virtual, y aunque hay algunas instituciones universitarias que también lo hacen, ninguna tiene su dimensión y tamaño. Hoy registra más de 300 mil estudiantes en sus diversos sistemas educativos (que van desde formación de bachillerato, hasta programas de formación permanente y continuada y el sistema de educación superior, en donde está la mayoría de matriculados). En un entorno con 305 IES, la sola Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD se lleva casi el 10 % de toda la matrícula.

Detrás de esto está Jaime Alberto Leal Afanador (ingeniero de alimentos, especializado en planificación educativa, magíster en docencia y PhD en tecnología instruccional y educación a distancia, y con varios honoris causa), rector de la UNAD desde 2004, cuando esa IES contaba con 17 mil estudiantes. Aunque Leal llegó a la entonces UNISUR, en 1983, como docente y luego como vicerrector.

Sus críticos le han denunciado por diversos motivos -relacionados con el manejo del sindicato, contratación, gestión de recursos y favorecimientos-, pero ninguna de las acusaciones ha condenado a Leal, quien ha salido fortalecido de las mismas. En Colombia, es difícil no tener enemigos si se dirige una organización nacional con más de 5 mil empleados; se es reelegido consecutivamente por cinco veces en una universidad pública; se hacen cambios radicales en la estructura, la nómina y la orientación de la UNAD; y maneja un presupuesto que supera el billón de pesos.

Muchos de quienes poco o nada le conocen, especialmente rectores y directivos de otras IES del país, no entienden exactamente qué hacen Leal y la UNAD para crecer como lo hacen y mantener una gran estabilidad institucional y una fuerte gobernabilidad, no obstante su naturaleza de universidad pública, si se le compara con la mayoría de las instituciones del SUE. Tampoco registra paros ni protestas, y los estamentos docente, estudiantil y de egresados (foto) públicamente expresan su respaldo a la gestión de Leal, a través de sus representantes en los diversos órganos de gobierno. Ya quisieran, la mayoría de fundadores, dueños y rectores de las más grandes universidades privadas, tener el nivel de aceptación y reconocimiento público de parte de su comunidad interna, que recibe el rector de la UNAD.

¿Cómo lo hace?

No es fácil responderlo. Al hablar con él y sus equipos, pero sobre todo al ver la interacción de éste con otros rectores, su constante participación en eventos internacionales y su diálogo con estudiantes, indígenas, desplazados, campesinos, víctimas de la violencia, extranjeros, de escasos recursos y jóvenes y adultos de cualquier región del país, que hacen parte del perfil de los estudiantes Unadistas, se podrían decir que sus resultados son producto de la suma de tres componentes:

1) Sacar provecho de la autonomía universitaria;

2) su pasión y su convicción por la triada tecnología – educación y compromiso social y,

3) su capacidad de gestionar la organización, de crear una cultura propia y de empoderar a una comunidad universitaria para trabajar porque la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD, a la que Leal califica como “una causa social”, llegue a todo el que busque una oportunidad educativa.

Una institución que parece remar contra la corriente

Los hechos muestran que la UNAD es muy diferente del promedio de todo el sistema de IES del país.

Ha debido enfrentarse constantemente con el establecimiento educativo. Entiéndase como tal a la estructura, la normatividad y, sobre todo, el imaginario de muy diversos ministros de Educación, y especialmente muchos de los rectores de universidades tradicionales, u “ortodoxos” como llama Leal, que desde la educación netamente presencial y de élite, poco han contribuido a que miles de colombianos puedan acceder a la educación superior, y que para Leal constituye un crimen social. Su discurso es reiterativo en la necesidad de brindar bienestar extendido a la mayor comunidad posible, especialmente en aquellas regiones donde el Estado no ha estado.

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“La educación es la clave del valor histórico de una sociedad, pero a mi manera de ver la educación a distancia como generadora también de ese sano equilibrio social, fue en Colombia menospreciada en sus inicios convirtiendo la gran oportunidad de cambio, en una de las más ingenuas posturas al creer que se afianzaría rápidamente frente a la ortodoxia educativa ya instalada por siglos en nuestro país y, por analogía, en América Latina.

No demoró mucho el statu-quo de la ortodoxia universitaria en mirar de reojo esta modalidad a distancia, a la que calificó como un suplemento de la presencialidad, en el mejor de los casos, y como una estafa social, en la postura más extrema. A quién se le ocurriría -decía el trasfondo de su pensamiento- suplantar el sagrado papel del profesor “dictador de clases”, y los privilegios de contar con su conocimiento distribuido sin mayor pedagogía y apoyos didácticos para un grupo de no iluminados (alumnos), que se reunían (reúnen) en el sagrado salón de clases, a horas determinadas para oír y copiar sobre temas predeterminados en un syllabus que, año tras año, se negaba a ser modificado, a pesar de la evolución del conocimiento y se repetía sin cesar para decenas de generaciones de nuevos alumnos.

Mi experiencia en el tema y estudios al respecto han permitido confirmar que todas las formas organizacionales educativas se han dedicado a repetir las estructuras jerárquicas derivadas de la tradición que ha acompañado a la educación clásica y ortodoxa, enclaustrada desde el siglo XIII, e importada de otras culturas lejanas en tiempo y espacio, sin mayores ajustes trascendentales a las necesidades educativas de la realidad colombiana, y estoy seguro, del acontecer de la institucionalidad educativa latinoamericana

Una universidad ajena a la compleja problemática de su población y contexto, alejada del diálogo con el Estado, cerradas a públicos no tradicionales, únicamente dirigida a zonas con numerosas poblaciones, de espaldas a la tecnología y cegada a lo que “siempre se ha hecho así” (como los ortodoxos), está condenada a desaparecer, y eso lo ha entendido la población, así no sea experta en universitología”.

Jaime Leal en su libro “Educación, Virtualidad e Innovación”, 2021

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La UNAD nació como institución universitaria (como UNISUR, en el gobierno de Julio César Turbay Ayala, en julio de 1981, para dar educación a las comunidades del sur de Bogotá, bajo el riesgoso imaginario de educación pobre para pobres). Con el gobierno de Belisario Betancur se potenció como experimento de educación abierta y a distancia, y así comenzó a crecer, pero con la estructura y costumbres de la educación presencial, lo que la llevó a desarticularse en su oferta y su estructura operativa.

Leal es el séptimo rector de la UNAD (después de Hernando Bernal Alarcón, Jaime Ospina Ortiz, María Teresa Arias, Gabriel Jaime Cardona, Jesús Emilio Martínez y Betty Góngora), pero su rectoría ya ha vivido la mitad de la historia institucional. Él se sonríe por los resultados alcanzados como producto de sus apuestas por atreverse a cambiar los mismos modelos con los que la mayoría de IES se resignan a actuar, pues considera que la autonomía constitucionalmente reconocida, le permite dar otras miradas. Es enfático en señalar que la norma debe estar al servicio de las universidades y no al revés, como sucede con muchas culturas y organizaciones que se atemorizan ante el gobierno de turno. “Somos los únicos que no estamos esperando qué nos dice el Ministerio (de Educación) para hacer”, señala.

Tiene una estructura organizacional distinta al promedio de las universidades; sus docentes no están remunerados según el Decreto 1279; tiene una sede en La Florida, Estados Unidos, y otra en Madrid, además de programas en América Latina; logró convencer al sistema de aseguramiento de la calidad de valorar la formación virtual en similares condiciones que a la educación presencial; demostró que era viable la formación virtual de los educadores; fue pionero en obtener el registro calificado para el pregrado de derecho virtual, así como los de música y deporte, entre otros logros.

Y todo esto, con el menor aporte por estudiante que el Estado da a cualquiera de las universidades públicas: 20 veces menor a lo que, por ejemplo, recibe la Universidad Nacional de Colombia. Y pese a que sólo recibe el 18% de sus gastos de funcionamiento de parte del Estado, la UNAD no tiene crisis financiera, ni asume una actitud mendicante. Los equipos de la UNAD han demostrado una gran habilidad para gestionar proyectos y generar recursos.

Tecnología al servicio de la educación y la inclusión social

Al poco tiempo de llegar a la Rectoría, Leal “desapareció” el envío de libros que se hacían bajo un complejo y costoso modelo de educación a distancia y modificó el modelo de operación educativa. Con las primeras luces del internet, llevó a la institución a migrar a plataformas y si bien eso le costó muchas críticas, a la larga el tiempo le dio la razón.

Hay que considerar que esto no se hizo la década pasada ni con la pandemia. Fue muchos años antes del auge de la educación online, de las OVAS y de los moocs, entre otros. Y fue esa experiencia, precisamente, la que le permitió enmendar errores y cualificar su modelo antes que la mayoría de IES del sistema frente al e-learning.

Y fue eso lo que la potenció tras la pandemia. Entre 2020 y 2024 se duplicó su población. Mientras que la mayoría de IES escasamente tenía virtualizado algún curso, la UNAD ya operaba plenamente de forma virtual. Eso la proyectó como líder nacional (Leal preside hace varios periodos la Asociación Colombiana de Instituciones con Programas de Educación a Distancia ACESAD) y en el ámbito internacional (también preside la Asociación Iberoamericana de Educación Superior a Distancia AIESAD). El manejo de plataformas, el rol del docente como tutor en el proceso de aprender a aprender del estudiante en la modalidad virtual, ha dado paso a nuevos escenarios de inteligencia artificial, a dobots, al blockchain en la academia, a una constante revisión de los paradigmas pedagógicos del conocimiento y a alianzas internacionales de creación conjunta de programación y contenidos con Google y Coursera, así como de una recién firmada alianza con Iesalc Unesco para crear el Centro de Pedagogías Universitarias de América Latina, que funcionará en Santafé de Antioquia (foto con Frances Pedró, de Iesalc).

No obstante su apuesta por la virtualidad, hoy la UNAD habla de dar un importante paso y convertirse en la primera IES híbrida del país. Su principal objetivo no es consolidarse como virtual sino que valora también la presencialidad, con la que no pelea. Por el contrario, tiene más de 70 centros físicos en el país a donde los estudiantes van a encuentros con sus tutores, a actividades de bienestar y a interactuar en múltiples talleres, espacios de trabajo académico con sus compañeros y actividades de emprendimiento, entre otros. En sus centros no hay aulas tradicionales sino espacios de trabajo colaborativo.

Una cultura organizacional diferente

La UNAD es pública en su constitución jurídica, impacto nacional, normatividad y control de cuentas, transferencias del Estado, gratuidad educativa y elección de rector, pero para muchos parece una universidad privada por la forma como se gestiona, por la articulación de las comunidades académicas y por la aceptación del liderazgo y el control que Leal tiene sobre la universidad.

Si bien para algunos directivos y académicos de otras IES puede resultar extraño, y hasta incómodo, la forma como la UNAD gira en torno de la figura de su rector, y cómo muchos de quienes laboran en la Universidad le rinden pleitesía y se expresan en los términos más elogiosos y respetuosos hacia Jaime Leal, es innegable que los resultados de la Universidad, la cultura interna, la estabilidad laboral y el crecimiento académico y numérico, permiten entender el porqué de la reverencias al máximo directivo.

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Periódicamente, Leal recorre las diferentes sedes y son normales sus encuentros, de libre asistencia, con docentes, monitores, egresados, estudiantes, empresarios y aliados de la UNAD en cada región. Es común que se realicen extensas reuniones de trabajo que inician temprano en la mañana y van hasta tarde la noche, y no es extraño ver que después de una extensa jornada, muchos se quedan para tomarse una foto con el rector o que éste les firme alguno de los libros que ha escrito.

La UNAD se gestiona a través de seis vicerrectorías (de Inclusión Social -con Julialba Angel-, Académica y de Investigación -con Constanza Abadía-, de Aspirantes, Estudiantes y Egresados -con Edgar Guillermo Rodríguez-, de Relaciones Internacionales -con Leonardo Sánchez-, de Medios y Mediaciones Pedagógicas -con Leonardo Yunda-, y de Innovación y Emprendimiento -con Andrés Salinas), seis gerencias (de Tecnología, de Calidad, de Talento Humano, Administrativa y Financiera, de Infraestructura Física, y de Comunicación y Marketing), seis decanaturas y ocho direcciones seccionales a lo largo del país, más equipos en España y Estados Unidos, a quienes Leal empodera y desafía permanentemente con nuevos proyectos. Casi toda la agenda institucional depende de la del rector, quien pese a la magnitud de la Universidad, atiende (con cuaderno de notas en mano) cada reunión, escucha completamente la participación de otros y no deja de expresar su molestia y hasta enfado cuando sus equipos callan acríticamente o se conforman sin dar un poco más.

El “poder” detrás de la Rectoría

En el citado libro sobre “Educación, virtualidad e innovación”, Leal responde la pregunta del para qué del poder de su cargo, y dice:

“A diferencia de lo que muchos piensan, ejercer la Rectoría no es un despliegue de poder, de comodidades, de libertades, de viajes ni de contactos de gran nivel. Una responsabilidad pública de esta magnitud no es tener un puesto y un salario, sino prestar un servicio. Cuando el objetivo es crecer, servir, mejorar y hacer país, esos son simples medios que intentan o ayudan a aliviar las cargas. Gestionar una rectoría demanda la atención a múltiples detalles, escuchar mucho, leer cientos de documentos, comprender las dificultades de los equipos, dirigir decenas de reuniones al mes, revisar proyecciones, tener una agenda copada los siete días de la semana, identificar los mejores escenarios de desarrollo de cada uno de los líderes de la organización, “dar la cara” frente a todos los entes externos y, sobre todo o, mejor aún, lo más importante, interactuar con el equipo, confiar y comunicarme con éste todo el tiempo. 

Dicho equipo directivo con el que comparto desafíos es, permítanme la indebida comparación, como el conjunto de dedos de las manos. Puedo pensar y querer algo con mi cabeza y corazón, pero eso no es suficiente si no logro movilizar las manos para lograrlo y, como un orfebre, debo articular mi idea para construir delicadamente, con las manos, cada proyecto deseado. De allí mi obsesión permanente para que con cada uno de los directivos de la organización hablemos el mismo idioma y comprendamos los mismos propósitos, que estén en el lugar adecuado para el desempeño de su misión personal y profesional, que tengan la debida formación y que entiendan su rol individual y colectivo en la Universidad. Cuando eso pasa, el poder desaparece, porque da paso al respetuoso colegaje, al diálogo de pares y a la comprensión comunitaria de qué es y hacia dónde se dirige la UNAD”.

¿Hasta cuándo Jaime Leal en la UNAD?

Por ahora Leal no habla del tema. Su actual periodo va hasta marzo de 2027. Lo claro es que si él pensara en seguir, los estatutos, su edad y el respaldo que tiene entre la comunidad (siempre ha ganado la consulta), podrían sugerir otro periodo. Eso sí, sea o no Leal el próximo rector, ojalá que la socialmente más impactante universidad pública del país, pueda seguir innovando, gestionando y alejada de la política y los conflictos estamentarios.

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