Perfil de un rector: Pablo Vera Salazar – Universidad del Magdalena

Marzo/24 Pablo Hernán Vera Salazar es tan polifacético, sorprendente y disruptivo, que podría ser identificado como un rector poco común, y con éxito, en la dirección universitaria. Su experiencia al frente de la Universidad del Magdalena así lo demuestran.

Días antes del fallecimiento del pensador italiano Nuncio Ordine, Unimagdalena lo trajo al país a unas actividades académicas. Tras conocer a Vera, escuchar sus ideas, ver su interacción con la comunidad académica y sus apuestas institucionales, Ordine le llamó “Rector Salmón”, porque nada contra la corriente.

Y así es. La pasión con la que Vera expresa su visión sobre la dirección universitaria, los retos pendientes por cumplir  y, sobre todo, la urgencia de avanzar en temas de innovación e inclusión, lo muestran como una persona inquieta e inconforme, que no se satisface con los éxitos sino que vive preocupada por implementar más oportunidades de estudio y dignas condiciones de vida para miles de jóvenes; que sus profesores puedan cualificarse más y enseñar con base en una pedagogía fundada en la práctica real y en el terreno; y que sus funcionarios de todo nivel puedan mejorar sus condiciones para jubilarse en ingresos dignos.

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En noviembre próximo cumple ocho años como rector de esta pública institución, con sede en Santa Marta. Lleva dos periodos en el cargo rector (en ambas elecciones “barrió” en la consulta estamentaria previa), y los resultados logrados en cuanto a estabilidad institucional, consolidación (con reacreditación institucional de por medio), proyección de programas y mejora de las condiciones de infraestructura y financiamiento, han llevado a que -incluso- los sindicatos de la Universidad deseen que continúe otro periodo.

 

Unimagdalena en cifras

  • Estudiantes: aprox. 25 mil
  • Graduados: 60 mil
  • Docentes: 1.100
  • 53 Grupos de Investigación (convocatoria 894 Minciencias): 8 en A1, 21 en A, 15 en B, y 9 en C.
  • Programas: 95 (2 técnicos prof., 6 tecnológicos, 39 profesionales -11 acreditados-, 20 especializaciones, 26 maestrías y dos doctorados).
  • Presupuesto: 230 mil millones
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Su historia y la manera como cuestiona paradigmas de la dirección universitaria, nacen de la convicción de que, gracias a la educación superior, es posible transformar positivamente vidas, y de que la dirección de una universidad pública representa una afortunada oportunidad para transformar contextos sociales. El Observatorio de la Universidad Colombiana presenta su perfil y principales rasgos de dirección, como práctica de interés en la gestión rectoral colombiana.

¿Quién es Pablo Vera?

Es tolimense, pero habla, piensa y respira como el más samario de los samarios. Desempeña uno de los más importantes roles públicos en el departamento del Magdalena (detrás de la gobernación y de la alcaldía de Santa Marta), al que llegó tras una admirable carrera personal y profesional que partió de un origen muy humilde.

A diferencia de la mayoría de los rectores colombianos, Vera Salazar es un ejemplo de superación social y personal. Muy pequeño llegó a Santa Marta, con su madre, escapando de una difícil situación familiar en el Tolima.

Habla y actúa como el más costeño de los costeños. Seguramente la gran velocidad con la que se expresa e hila múltiples ideas, pudo haber sido aprendida desde muy joven, casi niño, desde cuando trabajó como lanchero, carpero, pescador y vendedor de chance, de arepas, y de cerveza en las playas de Santa Marta. Incluso, limpió letrinas. Así fue como logró pagarse su bachillerato y graduarse. Luego, le cayó bien a un turista que le pagó sus estudios de primer semestre de ingeniería civil en la propia Universidad del Magdalena.

“Soy producto de la educación pública, líder estudiantil a temprana edad y el primer egresado en ocupar el cargo de rector de la Universidad del Magdalena”

“Soy un hombre bendecido por Dios. Sé que cada una de las personas que me ayudaron me las puso Dios en mi camino”. En un medio de comunicación de Santa Marta, Vera contó cómo “cuando empecé a trabajar estable, saqué a mi mamá de donde estaba, humillada en un cuartico, y le alquilé una casa. Mi sueño material era comprarle una casa, lo logré y se la remodelé. Cuando yo la saqué de ese cuartico, mi mamá validó su bachillerato, se presentó a la universidad del Magdalena y estudió Derecho. Hoy ya terminó su posgrado, su especialización y está culminando su maestría, ahora está trabajando en la Defensoría”.

Mientras tanto, Vera avanzaba en sus estudios. Logró hacer una especialización en administración y una MBA, ambas en EAFIT, y curso un doctorado en Dirección de Empresas de la Universidad Complutense de Madrid. Al mismo tiempo avanzaba en su carrera profesional en Unimagdalena, en donde, además de rector que da clases, fue jefe de la Oficina de Planeación y vicerrector de Extensión y de Proyección Social.

Una persona feliz y agradecida

Su sencillez se traduce en el ambiente de su gestión rectoral. Aunque es un ingeniero, también se considera un humanista que lee de todo y todo el tiempo. Dice que una de las cosas que más le gustan de su trabajo es la conexión que mantiene con la gente, pues se preocupa mucho por el bienestar de todos los miembros de la comunidad académica. Tal vez por eso dice que en Unimagdalena el ambiente es “sabroso”. Incluso, parte del estudiantado le dice, afectuosamente, “Tío Pablo”.

Su agenda de actividades es muy variada. Pasa de las reuniones académicas formales y grados, a inaugurar obras de bienestar, compartir con los estudiantes, participar de brigadas de limpieza del entorno de la Universidad, atender medios de comunicación, instalar eventos, subir hasta la Sierra Nevada a buscar acciones académicas y sociales con los indígenas, disfrazarse para una fiesta de niños, servir -como mesero- para celebrar el día de la mujer, ir a un almuerzo con la Asociación Sindical de Profesores Universitarios ASPU (de la que hace parte), hacer una obra social para la normal en la que estudió, marchar con sus estudiantes para pedir más recursos para la educación, o -como hacía en época de pandemia- ir directamente a veredas y caseríos a llevar ayudas, equipos de cómputo y conectividad a sus estudiantes.

Es raro verlo de corbata y casi nunca asiste a reuniones del SUE o de rectores de todo el país. Es como si considerara más valioso estar gestionando en su universidad y no en los escenarios de política pública. Se le ve desilusionado ante los oídos sordos o inacción del Estado al no reconocer los esfuerzos de la Universidad (acreditada) para mejorar las transferencias, que no llegan al 50% de su presupuesto. Es más, cuestiona cómo Unimagdalena es la única universidad pública que paga impuesto predial ($400 millones al año).

Por ello, prioriza el desarrollo de nuevos y muy diferentes programas académicos y la gestión de proyectos, como por ejemplo los de regalías, que permitan crecer a la universidad y a los profesores generar ingresos adicionales no constitutivos de salario, porque “debe haber un sistema de incentivos para los profesores para que no hagan las cosas por la puerta de atrás”.

No es un directivo acartonado, encerrado en su oficina o pegado estrictamente a las normas. Respeta las condiciones como opera el sistema de educación superior, pero siempre busca la forma de darle la vuelta a los problemas para hallar soluciones. Si está escrito en piedra aquí somos flexibles”, y habla de un cambio de paradigmas al interior de la institución. “Si dicen que Jurídica no lo permite”, entonces ”con tu palabra me basta”, porque -señala- es determinante ponerse en los zapatos del otro.

“No le tengo miedo al fracaso y a reconocer errores, sino a la inacción. Este es mi proyecto de vida”.

Es consciente que las universidades no pueden dormirse en sus laureles, y que en el sector hay mucho discurso que no se corresponde con la realidad, que hay mucha autocomplacencia e incoherencia entre la teoría y la práctica, y cuestiona -por ejemplo- cómo hay instituciones de educación superior que sufren en sus procesos de planeación, innovación, administración y marketing, entre otros, y por otro lado se ufanan de formar estudiantes en ello. Igual pasa, señala, con profesores con maestría y doctorado que enseñan a maestros y ellos nunca han dado una clase. Asimismo, cuestiona un sector que se ha caracterizado por la inflexibilidad y la tramitomanía a la hora de acelerar e innovar en programas y procesos académicos para que se corresponda con las nuevas tendencias del conocimiento y del mundo.

Su estilo de dirección

En la rectoría de Vera, la Universidad del Magdalena se orienta bajo cuatro paradigmas de gestión: 1) Primero la gente (lo que implica cuidar el servicio y siempre “dar un poco más”), 2) gestión basada en resultados, 3) co-creando con la comunidad y, 4) adaptación dinámica al cambio.

El eslogan del plan de desarrollo 2020-2030 “Unimagdalena comprometida” marca la gestión de toda una institución volcada a la inclusión y al apoyo a la cobertura (“así esto implique, a veces, sacrificar en algo la calidad”). Porque -dice el rector-  “transformamos vidas y territorios a partir de la educación, la investigación, la creación artística y el diálogo de saberes”.

Vera no es el rector que “está casado” con un equipo de directivos de tiempo atrás, ni con un gremio disciplinar y, menos, con políticos. A lo largo de su rectoría ha debido enfrentar la presión que, en su momento desde la alcaldía de Santa Marta y la gobernación del Magdalena, ejerció el exrector Carlos Caicedo, quien intentó buscar el control de la Universidad sin inyectarle recursos a la institución. Vera señala que su institución apenas recibe 140 mil pesos por estudiante al año.

Prueba del estilo de trabajo en equipo de Vera es que su actual vicerrector de Investigaciones, apoyó, en la ultima campaña rectoral, a uno de los rivales, pero eso no importó a la hora de valorar su trabajo.

“Aquí se trabaja con los mejores”, al referirse a su equipo de vicerrectores y decanos. En sus dos periodos ha tenido algunos cambios, pero siempre bajo la premisa de buscar “personas comprometidas con la institución, con el plan de gobierno y que quieran a la Universidad”.

Su vicerrector académico es Óscar García, quien a su vez es el representante de los docentes universitarios en el CESU.

La tesis doctoral de Vera se tituló “Los factores organizativos como determinantes del impacto de la cooperación con empresas. Un estudio en las universidades latinoamericanas”, y fue producto de una extensa investigación y sondeo de modelos y prácticas de gestión universitaria en diversos países. Se declara un apasionado por el tema de la universidad y, por lo mismo, indica, ha podido alcanzar una dimensión global del tema, “a diferencia de rectores muy hiper especializados” que no tienen un manejo global del tema.

“El doctorado me permitió alejarme de estilos ególatras, dictatoriales, mesiánicos”. Dicho estudio le complementó sus apuestas por buscar programas innovadores, bajo la premisa de que hay que superar la norma y las limitaciones y buscar alternativas, para complementar el compromiso y la inclusión en Unimagdalena. De allí su plan rectoral 2020-2024 llamado “Unimagdalena. Aún más Incluyente e Innovadora”.

Y aquí aparecen muy diversos programas e iniciativas: Un pregrado de ingeniería marino costera (único en el país), así como los proyectados pregrados de genética aplicada, etno-biología e ingeniería energética. Pero, además, trabaja por consolidar una infraestructura para gestionar recursos, realiza muchos eventos de integración de la comunidad universitaria, potencia ferias científicas y del libro, un centro de innovación y emprendimiento, alianzas del Fondo Emprender del Sena, programas de becas para reconocer a talentos, espacios para las madres que son estudiantes, un programa de liderazgo institucional, el reconocimiento económico para algunos estudiantes a través de ayudantías, y procesos de validación de presaberes y competencias de estudiantes, externos y los mismos profesores, entre otros muchos.

Es una gestión que tiene que ir acompañada de resultados, porque o sino “se pierde la gobernabilidad”, señala. Entre las decisiones organizacionales valoradas por el Consejo Superior de Unimagdalena están, por ejemplo, que si el rector incumple el acuerdo de gestión durante dos periodos, debe ser revocado; que si el voto en blanco gana la consulta, la elección debe repetirse con nuevos candidatos; que debe haber planes de formacion y acompañamiento para la tercera edad; e incluso que existan stakeholder externos, con conocimiento de procesos de acreditación, en los consejos académicos y de facultad. Asimismo, en la última convocatoria de docentes, la Universidad del Magdalena implementó, en las pruebas técnicas de valoración, un examen de conocimiento de los aspirantes sobre el sistema de educación superior colombiano y el contexto universitario.

¿Y cómo influye en todo esto el rector?

Vera advierte que en la Universidad es importante que haya un liderazgo académico (un rector que sepa de academia es fundamental para su autoridad), de naturaleza no transaccional. “Tiene que haber un liderazgo  transformacional que inspire, pero con autoridad académica”, concluye.

Información relacionada: Perfiles de otros rectores.

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