Poner a tono el sistema de acreditación, oportunidad de autorregulación (Parte II): Carlos Hernando Forero

Poner a tono el sistema de acreditación, oportunidad de autorregulación (Parte II): Carlos Hernando Forero

Sept/24 Forero, exdirector ejecutivo de Ascun, amplía su análisis sobre la necesidad de replantear las dimensiones y alcances del sistema de acreditación.

Poner a tono el sistema de acreditación, oportunidad de autorregulación (I): Carlos Hernando Forero

Continuando la columna anterior, haremos ahora énfasis en las acciones que se pueden llevar a cabo, lideradas por las IES y el Consejo Nacional de Acreditación, CNA, para transformar nuestro sistema de acreditación e introducirle mecanismos para un ajuste permanente sin tantos traumatismos, según las circunstancias del entorno y los procesos de cambio en los nuevos escenarios de desempeño de la educación superior.

Nos ayudan resultados empíricos de investigaciones como “la noción de calidad de la educación superior y sus principales componentes. Un estado del arte” de Acevedo y otros, en un artículo de la Revista ees, Educación Superior y Sociedad, del Iesalc/Unesco, que en su número 36 (2024), se puede consultar. Deja ver la complejidad del tema con una noción polisémica y multifuncional, en una discusión global, donde todavía desde América Latina, no tenemos suficiente investigación científica al respecto.

Conviene traer a la discusión referentes de la evolución de ciertos conceptos, que permiten entender las propuestas y acciones a emprender, así como los cambios que ocurren en los tipos de evaluadores y criterios utilizados para esta función.

Con motivo de la I Conferencia Mundial sobre educación superior convocada por la UNESCO, en el año 1998, se conoció un documento del científico Gibbons, donde explicaba las formas de hacer ciencia, denominando Modo 1 a la forma tradicional de hacer ciencia con una característica central donde la evaluación de las propuestas científicas está a cargo de pares académicos. Introdujo una forma novedosa que denominó Modo 2 de hacer ciencia, pensando mucho en su aplicación y por tanto la evaluación de la producción científica se evalúa por pares, pero también por “stake holders”.

Hoy varios autores han introducido el denominado Modo 3 de hacer ciencia, referido a contextos complejos y cercanos al medio ambiente, donde fundamentalmente se reclama más flexibilidad y adaptabilidad, con participación de diferentes actores, según el fenómeno complejo que se esté considerando; por lo tanto, en la evaluación de esos resultados científicos intervienen una multiplicidad de actores.

Para promover la innovación, hace varias décadas se introdujo por Etzkowitz y otros (1966), el concepto de triple hélice, donde el Estado, las empresas y la academia, trabajan de manera interrelacionada y con un propósito específico. La evolución conceptual ha llevado a que hoy en día se hable de la quíntuple hélice, agregando a las anteriores, sectores de la sociedad y consideraciones ambientales, dando lugar a mayores innovaciones sistémicas muy apoyadas por conceptos para su implementación como lo es el de la economía circular; y desde luego con otros criterios y patrones de evaluación. También aparece la “ciencia posnormal”, cuando se trabajan problemas complejos y se requiere mayor flexibilidad y apertura de las comunidades científicas, en dialogo de saberes con otros protagonistas.

Para entender la necesidad de apropiar otras formas de evaluación en temas como la calidad de la educación superior, distinguiendo si queremos: evaluarla, asegurarla, controlarla, o promoverla; conviene estudiar otros conceptos que van configurando paradigmas para el siglo XXI, como es lo relacionado con el humanismo, el poshumanismo o el transhumanismo; o lo relativo a la sostenibilidad vista de manera integral.

Cuando los sistemas de educación superior enfrentan grandes desafíos de la sociedad, deben resolver un problema y es que su actuación es muy limitada si se aborda desde la tradicional unidad de operación que es la IES, y por lo tanto es conveniente propiciar diferentes caminos asociativos, para lograr unidades de operación mucho más vigorosas y grandes, encargadas de atender integralmente esas realidades sociales sin resolver. Esto llevaría a mirar la evaluación de la calidad de otra manera y preguntarnos hasta qué punto la acreditación promueve la asociatividad.

En el CNA se ha entendido la necesidad de conformar comisiones de pares evaluadores con un mayor espectro, no solamente académicos nacionales e internacionales formados como pares (tarea en proceso), expertos temáticos como los encargados de revisar los asuntos administrativos y financieros, personas con una visión institucional integral como los exrectores.

Esto debería continuar estimulándose cuando el modelo se ajuste a cambios como los propuestos. Por ejemplo, sobre todo para la acreditación institucional, si vamos a darle un peso importante a los sistemas internos de aseguramiento de la calidad de la IES, a lo mejor la figura más conveniente sea la de un “auditor académico” formado y certificado para esta función. Si se pretende dar mayor relevancia al gobierno universitario, existen expertos que se han especializado en este saber y pueden hacer muy buenos aportes. Si lo que se desea es fortalecer la manera como se diseñan, construyen, aplican y evalúan las políticas institucionales, tenemos suficientes expertos en políticas públicas formados en las universidades.

Para algunos analistas, la riqueza del siglo XXI está en los datos y cada vez más la toma de decisiones debe tener evidencias y ser susceptibles de modelar para efectos predictivos. En los primeros años del funcionamiento del CNA, con la confidencialidad debida, se aceptó que un grupo de investigación (Nohora Pabón, q.e.p.d.), analizara una información específica proveniente de los ejercicios de autoevaluación con miras a la acreditación, que se tenía en los archivos. Ello permitió un conocimiento útil para todos los actores del sistema en su espíritu de mejoramiento continuo.

Desafortunadamente, esa práctica, por cierto, muy económica y eficaz, no se continuó estimulando. Hoy la información que posee el CNA es inmensa y hasta podrían llegar a proponerse algoritmos, al permitir que grupos de investigación, ojalá interinstitucionales, con unas claras reglas de juego, pudieran adelantar esta tarea sobre aspectos y variables en las cuales es necesario tomar decisiones sobre el rediseño del sistema, para ponerlo a tono.

Como simples sugerencias, están los siguientes aspectos que pueden ser objeto de investigación con la información del CNA, para ser enriquecidos y garantizar decisiones de calidad sobre el sistema de aseguramiento de la calidad.

Los planes de mejora son un producto principal del proceso. Que bueno determinar su: calidad, integralidad, profundidad, poder trasformador, proyección colectiva, aplicaciones, ajustes y autoaprendizajes sistematizados.

De qué calidad son las decisiones institucionales que determinan la vida universitaria y su proyección en escenarios inciertos, lo cual está relacionado con un buen gobierno universitario, la manera como se examina en la autoevaluación, la experticia y pluralidad de sus integrantes, su preparación, las evidencias para la toma de decisiones y su posterior evaluación, la transparencia en función del bien común, el trabajo en equipo, la rendición de cuentas con sentido de oportunidad.

Cómo se están analizando los escenarios de futuro y las decisiones tomadas para abordarlos, con indicadores de impacto en grupos poblacionales específicos y estrategias asociativas para los logros, las capacidades institucionales que es necesario potenciar para atender los desafíos.

Siendo la educación superior un bien público social, de qué manera los proyectos educativo, pedagógico y didáctico, promueven valores comprobables como: la solidaridad, la pluralidad y el ejercicio de nuevas ciudadanías para el desarrollo sostenible.

Que tanto conocemos a nuestras comunidades universitarias, fundamento de nuestra identidad institucional, especialmente a los jóvenes que están en proceso de formación y pertenecen a diferentes generaciones, tienen nuevos enfoques, pasiones, aspiraciones para conformar su proyecto de vida. También sabemos muy poco sobre los docentes, los investigadores y el personal administrativo. Hoy es indispensable conocer y gobernar los “estados de ánimo” de las instituciones, para liderar procesos de cambio y para ello existe un marco teórico sobre la materia.

El CNA, junto con las IES, podrían acordar una mayor investigación sobre los mayores interrogantes que tienen y con base en la información del sistema de acreditación, impulsar su mayor conocimiento para transformarlo, acompañado de una mejor observación comparada de lo que está sucediendo en otros continentes, que facilitaría incorporar nuevos conceptos y buenas prácticas. La puesta a tono está en nuestras manos y seguramente a un “Estado promotor” le interesaría acompañar. Adelante.

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