El Observatorio de la Universidad Colombiana




¿Por qué, con más oferta y restricción económica, las matrículas siguen subiendo?

Sept 14/20 El Manhattan Institute analiza por qué no se logra mitigar el alza de las matrículas, como sí pasa en mercados competitivos de otros productos y servicios.

Durante las últimas dos décadas, en Estados Unidos los precios en la educación superior han crecido más rápidamente que los precios en casi cualquier otro sector de la economía. En Colombia la situación también se da.

Si bien los costos de matrícula han bajado su ritmo de crecimiento desde 2017, por la desaceleración en la matrícula, lo cierto es que, en países como Colombia, cada vez los costos de matrícula son, en promedio más altos y, por ello, el acceso a las universidades privadas traicionales queda en manos de los jóvenes que recben auxilios y los de estratos altos. Los de clase media se van quedando al margen.

Pese a la época de mayor competencia, más IES y programas, oferta no formal, IES extranjeras… los valores de matrícula (salvo en casos extraordinarios) siguen subiendo.

Los análisis de El Observatorio de la Universidad Colombiana muestran cómo, a finales de la década del 2.000 el valor promedio de matrícula de una universidad privada tradicional estaba por el orden de los 8 a 9 salarios mínimos legales vigentes (smlv), mientras que para finales de la década de 2.010 la misma matrícula rondaba los 13 a 14 smlv.

Tradicionalmente las tasas de retorno (o ingresos) de los egresados universitarios han sido mucho más altas que las inversiones en matrículos y costos de oportunidad, pero la relación entre inversión y retorno cada vez es menor, y podría llegar el momento en que la relación sea negativa. Dicho en términos sencillos, un médico, ingeniero, administrador… de hace unos años, proporcionalmente recibía mucho mejor salario de lo que gana hoy.

Una razón, adicional, es que hace dos, tres décadas, era menos la relación entre egresados cualificados para el mercado laboral, dadas las bajas tasas de cobertura.

Muchos directivos universitarios justifican sus aumentos en la cartera no recuperada, en las nuevas inversiones en tecnología, en calidad, en promoción, mercadeo, bienestar, cualificación docente, visibilidad, rankings y nuevos empleos que han debido generar.

Lea: Trabajos en las universidades que no existían hace 15 a 20 años

La experiencia demuestra que, en países como Colombia, por lo general las IES de mayor costo y caracterización por su alta calidad, son las que fijan el valor de sus matrículas, más que el propio mercado, a diferencia de las IES que se ubican en el nicho de cobertura, más que calidad, que fijan su matrícula en torno de la competencia y el valor de la matrícula.

Aunque los políticos y gobernantes buscan mejores condiciones de acceso y bajos costos de matrícula, son estos mismos los que, indirectamente contribuyen con la “inflación” de las matrículas, pues sus programas de apoyo, subsidios-beca, descuentos… contribuyen a mantener los costos de matrícula de las IES, al reconocerles los valores que éstas piden.

Otras explicaciones

A juicio de este “think tank”, de Nueva York, de análisis de políticas públicas, hay cuatro posibles razones que explican esta situación en Estados Unidos, pero de aplicabilidad para el entorno colombiano:

1) Falta de información sobre el valor de las diferentes universidades y sus programas, así como la falacia del “Billete de oro”, o la sobre-expectativa de los estudiantes aspirantes con respecto a los beneficios del título universitario a recibir.

En Estados Unidos si bien los beneficios sociales de la educación superior son abundantes, el 90% de los estudiantes informa que las mejores oportunidades de ingresos son la razón principal por la que se inscriben en la universidad.

Si bien la universidad paga grandes dividendos en promedio, muchos estudiantes se inscriben en la universidad solo para quedar en peor situación financiera que cuando comenzaron. La universidad es una inversión y, como con cualquier otra inversión, tomar una decisión mal informada sobre dónde o cómo invertir puede generar problemas.

2) El “menú invisible” u opaco sistema de precios (valores de matrícula) que hace que la comparación de precios para la universidad sea difícil y costosa.

En circunstancias normales, los consumidores conocen el menú de productos y los precios asociados. Por ejemplo, una búsqueda rápida de “computadora portátil” en Google mostrará casi todas las opciones disponibles para comprar y sus precios. Esa transparencia en los precios significa que podemos comparar precios para asegurarnos de obtener la mejor oferta. La transparencia también obliga a los vendedores a competir entre sí por nuestro negocio. Desafortunadamente, los precios universitarios no funcionan de esa manera.

Informar públicamente, y bajo los mismos parámetros para todas las IES, aspectos de costos y salarios de sus egresados, entre otros, ayudaría a esto.

En Colombia, concretamente, es muy difícil para un aspirante poder obtener un cuadro comparativo preciso de valores de matrícula versus otros cobros, beneficios, duración de programas, créditos…

3) La competencia oligopolística: Debe considerarse las limitaciones geográficas de los estudiantes aspirantes y sus nuevos, mayoritarios y muy variados perfiles, con respecto al estudiante tradicional.

A menudo creemos que la mayoría de los estudiantes que se inscriben en la universidad son jóvenes que dejan la escuela secundaria y se embarcan en una experiencia universitaria de varios años, a veces lejos de casa. En realidad, la gran mayoría de los estudiantes universitarios principiantes tienen una experiencia muy diferente.

En Estados Unidos los estudiantes universitarios de hoy son mayores. Casi la mitad tiene más de 25 años cuando se matriculan por primera vez en la escuela. Más de una cuarta parte de los estudiantes universitarios son padres. Casi la mitad de los estudiantes universitarios no vive en el campus. La mayoría tienen trabajos mientras están inscritos, y muchos trabajan a tiempo completo.

4) La regulación excesiva que impide que modelos comerciales alternativos de menor costo ingresen al mercado para competir con los proveedores tradicionales existentes.

En industrias distintas de la educación superior, un vendedor que cobre un precio “demasiado alto” se quedará sin negocio debido a los emprendedores ansiosos que estén dispuestos a cobrar un precio más bajo por el mismo o mejor servicio. Considere las tiendas de alquiler de películas físicas: Netflix apareció y socavó a toda la industria al enviar alquileres de DVD por correo, utilizando un modelo de suscripción de menor costo y mayores ingresos. El resultado fue que la gente pudo ver más películas a menor costo. Uno podría preguntarse por qué un modelo de negocio innovador no ha revertido la industria de la educación superior de la misma manera, para hacer que la educación superior esté disponible a un costo menor.

La respuesta es que la regulación dificulta enormemente la aparición y el florecimiento de nuevos proveedores.

En el régimen actual, las universidades se juzgan en gran medida en función de cómo educan a los estudiantes (por ejemplo, plan de estudios, profesores, forma de instrucción) más que en los resultados que producen. Esto significa que es posible que el sistema de rendición de cuentas no esté entregando fondos con precisión a las universidades que mejor logran resultados para los estudiantes y los contribuyentes. En cambio, el sistema de supervisión debe basarse en gran medida en los resultados (por ejemplo, ganancias del primer año, tasas de reembolso de préstamos estudiantiles).

Una recomendación, en Estados Unidos, para aumentar la competencia en la educación superior reduciendo las barreras de entrada es eliminar el sistema de acreditación existente como guardián de la ayuda federal para estudiantes.

A juicio de los expertos, a manera de conclusión, si el costo de la educación superior continúa aumentando al ritmo actual, veremos desaparecer ese mecanismo crítico de ésta para la movilidad social.

Clic para descargar el análisis técnico (en inglés)

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