El Observatorio de la Universidad Colombiana




¿Por qué presencialidad más que virtualidad? Análisis de Francisco Piedrahita

Agosto 2/20 El rector de la acreditada y tradicional universidad ICESI, de Cali, Francisco Piedrahita, defiende la presencialidad, como una mejor opción de estudio y de equidad.

La siguiente fue su exposición durante el foro virtual “Reconfigurando el futuro de Colombia”, organizado por KPMG, el 29 de julio, y cuyo video se puede ver haciendo clic aquí. 

Algunos expertos norteamericanos dicen que, aunque el aprendizaje en línea tiene una historia de más de 20 años, aún no se ve como algo valioso y legítimo, comparado con el aprendizaje presencial. Se quejan de que los graduados de esos programas en línea, en universidades con ánimo de lucro, se topan con que sus diplomas no valen nada en el mercado laboral. Y creen que eso va a cambiar ahora. Que esos diplomas van a tener el mismo prestigio de los de universidades tradicionales.

Yo no creo que eso vaya a pasar con los programas de pregrado. Sobre todo, no creo que un buen programa de pregrado virtual sea una buena alternativa para jóvenes entre los 17 y los 22 años que, por sus circunstancias, puedan asistir a un programa, en Campus, de una de las buenas universidades del país, o del mundo.

Otros expertos dicen que la automatización, y la tecnología, en general, están reemplazando profesiones enteras y que los empleados se están dando cuenta de la urgencia de renovar sus competencias. Que la educación continua, a lo largo de toda la vida se vuelve una necesidad. Pero que esos empleados no pueden dejar de trabajar para renovar sus competencias. Que se les dificulta, muchas veces, asistir a clases, aún en programas de dedicación parcial. 

Yo creo que ahí sí tienen mucha razón los expertos. Creo que el mejor futuro para la educación virtual está en el desarrollo de nuevas competencias, en programas de posgrado y educación continua, para adultos ya formados. Y creo que aquí se generan muchísimas oportunidades, no solo para las buenas universidades, sino para otras entidades que forman para el trabajo, con calidad. La pandemia nos cambió; muchísimos adultos le perdieron el miedo a la tecnología y se sienten cómodos, ahora, usando plataformas como la que nos reúne hoy.

Pero quiero centrarme en mi negativa inicial: ¿qué se pierde realmente para el proceso formativo del joven al perder el acceso a un buen Campus universitario? Muchas clases se pueden dar en formato virtual. De manera que no sería razonable decir que sin el Campus se pierden todas las clases. Lo que sí se puede decir es que se transforman en su formato y en su pedagogía, y allí hay pérdidas y ganancias. Pero esa no es la fuente de mi preocupación.

Claramente, con las tecnologías actuales, no podemos reemplazar adecuadamente los laboratorios, los talleres, las plantas piloto, las salidas de campo o los consultorios, comunes en una vida universitaria valiosa. Y eso, para muchas áreas de estudio, es fundamental.

¿Qué más, fuera de lo que se aprende en esas actividades, se pierde cuando no se puede asistir al Campus?

En primer lugar, el Campus de la Universidad es un lugar que fomenta la igualdad de condiciones para el aprendizaje y para el crecimiento personal, porque da a todos los estudiantes el mismo acceso a los recursos pedagógicos, físicos, tecnológicos y humanos necesarios para que cada uno saque lo mejor de sí mismo. La migración a la virtualidad representa, de entrada, desigualdad en las condiciones de acceso a la tecnología, y resta tranquilidad, sosiego, tiempo y espacio privado para el estudio. En un país marcado por la inequidad, como el nuestro, donde se viene luchando por dar acceso a educación de calidad a tantos jóvenes talentosos, provenientes de familias menos favorecidas económicamente, esa migración a la virtualidad es un retroceso grave.

Un segundo elemento que se pierde son las actividades extracurriculares de Bienestar Universitario. En una buena vida de Campus universitario se dan oportunidades de aprendizaje y de práctica de artes y deportes necesariamente ausentes en un programa virtual. Y esas oportunidades son muy importantes en la formación integral de los jóvenes.

También se pierde la relación continua, densa, exigente y creativa que cada uno de los estudiantes tiene con la universidad, es decir: con sus compañeros, con sus profesores, con los colaboradores, con sus espacios. Y esa relación, ninguna educación virtual la puede reproducir. Es la fuente de muchas de las mejores oportunidades de fortalecer valores y desarrollar competencias que se dan en la vida universitaria de pregrado. En esas interacciones diarias se forman amistades y amores, se discute el sentido y propósito de lo que hacen los estudiantes y las razones para hacerlo, se fomenta la autonomía, se educan las emociones, y se desarrollan importantes competencias éticas, políticas y de trabajo en equipo. Se “pasa bueno”, claro, pero también, y esto es muy importante, se potencia de manera impresionante el aprendizaje de los cursos.

Una buena experiencia en Campus universitario de calidad es irremplazable.

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