El Observatorio de la Universidad Colombiana




¿Por qué virtualidad más que presencialidad? Análisis de Freddy Vega

Agosto 2/20 El colombiano Freddy Vega, creador de la plataforma web de educación no formal Platzi, señala que sin virtualidad no es posible asegurar el acceso masivo a la educación.

Platzi fue fundada en 2014 y hoy tiene más de un millón de estudiantes en 23 países con cursos en español. Su misión es cambiar la economía de Latinoamérica.

La siguiente fue su exposición durante el foro virtual “Reconfigurando el futuro de Colombia”, organizado por KPMG, el 29 de julio, y cuyo video se puede ver haciendo clic aquí. 

La educación no es simplemente una herramienta para formar el futuro. La educación es muchas cosas al mismo tiempo, en particular la educación altamente regulada. Primero, la educación básica primaria y secundaria ofrece fundamentalmente un servicio de guardería (y gracias a esto, entre otras cosa, muchas madres cabeza de familia no podrían trabajar y muchos padres no podrían tener una vida normal). Otra de las labores de la educación, en todos los niveles, es dar empleo, que es uno de los sistemas más eficientes de los gobiernos para dar empleo estable.  Por eso mismo, cualquier cambio que afecte la estabilidad de los profesores encuentra algún tipo de rechazo político o, en ocasiones violento. La tercera labor de la educación es la de formación profesional para el trabajo. Y una cuarta, que generalmente solo aplica a la educación superior, es el de la investigación.

Ningún país ha crecido sin un sistema universitario sólido.

La pandemia a todos nos tomó por sorpresa, y nos lleva a una reflexión sobre tres cosas en particular:

Uno, con respecto a la población y al gobierno: Si como gobierno no garantizamos el acceso a la tecnología, vamos a crear dos clases de ciudadanos. Un súper ciudadano, casi que con superpoderes (por todos los beneficios que le da internet), y otros que no tienen acceso a internet. Son dos tipos de humanos. Significa que debe haber legislación que garantice acceso al diferenciador de conocimiento humano más importante, como lo es internet. Como si fuera un derecho, como el derecho a la educación.

Dos, la perspectiva universitaria. Con la pandemia la universidad no se va a morir. Sólo se van a morir las universidades malas, y esas merecían morirse. Las buenas van a pasar un mal rato pero van a sobrevivir, porque el sistema universitario es extremadamente importante. Lo que sí puede cambiar es la forma en que las personas piensen respecto de la universidades. Me parece muy chistoso cuando ciertos directivos de universidades sienten que la educación on line, no formal, es una amenaza para ellos, porque probablemente no han visto el mercado.

El BID tiene un estudio donde muestra que solamente el 12% de las personas en edad y condición de acceder al sistema universitario en Latinoamérica lo logra. Somos 640 millones de personas en el continente, 150 millones de ellos, entre 17 y 25 años, busca educación superior y sólo acceden 18 millones. En toda Latinoamérica, el 88 % de las personas tiene que sobrevivir con un diploma de bachiller, y eso hace muy difícil acceder a la clase media. Un diploma universitario de pregrado es el ticket mínimo de acceso a la clase media. No en todos los casos, pero sí estadísticamente. Si, con la transformación digital, las universidades logran el doble (pasar del 12 al 24 %) sería histórico, pero aún así tres cuartas partes de la población en edad y condiciones seguiría sin poder acceder a la educación superior.

La verdadera narrativa a analizar no es solamente si nuestros profesores están listos, bajo la premisa de que la educación es un sistema de generación de empleo. Tampoco, si los estudiantes están listos, más allá de asegurar que tengan un acceso igualitario a condiciones de tecnología. El problema más grande es que la formación profesional para el trabajo necesita ir más allá de ese 12 %, y eso arranca por metodología distintas. Es absolutamente ridículo pensar que en un mundo conectado por internet la forma de dar clases es síncrona, en una videollamada de 40 personas, usando el mismo sistema de llamadas usado para reuniones de empresa. Internet es asíncrono, altamente interactivo, altamente innovador, y en donde las personas estána  un clic de hacer otra cosa.

Eso requiere no un cambio de universidad, sino un cambio legislativo, que es muy difícil, porque esto es un problema político. No creo que ningún país de Latinoamérica tenga el capital político para arriesgar los cambios, pero la pandemia es la excusa perfecta para, por lo menos, intentarlo. El primer país que lo haga va a ganar de una manera tan brutal que podría ser histórico.

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