Sept/24 El Viceministerio de Educación Superior es, tal vez, el mayor protagonista para el impulso de las políticas públicas en educación superior, así como de potenciar la calidad, el fomento, la cobertura y la inspección y vigilancia, entre otros. Pero lamentablemente, los avances en estas áreas son muy lentos (cuando los hay). Razones para entenderlo.
Aunque incide el enfoque ideológico y la capacidad, o no, de gestión del Ministerio de turno, la realidad es que las críticas, la ausencia de agenda clara, de talento y de orientaciones precisas que caracterizan a este gobierno, se han dado también en los anteriores. El problema es más estructural, de enfoque y de gestión que de orientación política.
Su influencia es tan innegable que los rectores, asociaciones e IES giran (y se desgastan mucho) en torno de las propuestas que esta entidad hagan, mismas que generalmente se hunden por falta de tiempo, debate político, periodo del presidente – ministro de Educación de turno, o error en su diseño. Con el presidente Uribe, el sistema habló especialmente de formación técnica y tecnológica, y 20 años después, los avances son pobres; con Juan Manuel Santos, mucha tinta corrió en torno de la reforma a la Ley 30, y no pasó nada; se avanzó en el Acuerdo por lo Superior, que quedó enterrado; y mucho bombo se le hizo a Ser Pilo Paga, que terminó lapidado por el propio sistema, especialmente el público. Con el presidente Duque, se trabajó intensamente en el sistema de aseguramiento de la calidad, y los cambios en la práctica han sido muy pocos; y con el presidente Petro la calidad y el fomento desaparecieron y solo se habla (porque se ha hecho muy poco) de cobertura y nuevas sedes.
De entrada, el Viceministerio tiene una fuerte carga operativa que corresponde a su día a día (convalidación de títulos, procesos de registro calificado, pares académicos, bolsas concursables, internacionalización, tecnologías, consejos superiores, información estadística, inspección y vigilancia, cuerpos colegiados, nuevas IES, publicaciones, asistencia a IES, citaciones al Congreso, manejo presupuestal…) que debe atender con una limitada planta de profesionales, al tiempo que el viceministro de turno está más preocupado por impulsar nuevas iniciativas y políticas de gobierno, para las cuales no cuenta con el recurso humano suficiente.
Entre tanto, la entidad carece de mecanismos, plataformas, softwares y sistemas automatizados de bases de datos e inteligencia institucional que permita tener un récord de los cambios, tendencias y alertas de cada una de las IES del país (cada proceso, investigación y acercamiento implica un volver a empezar, repetir y desconocer aspectos esenciales); el conocimiento más detallado se centra en la gestión administrativa, legal y financiera de las IES públicas pero muy poco, o nada, de las IES privadas; y no hay ni se destina tiempo para pensar el sistema, las buenas prácticas, las recomendaciones, la articulación con actores y las apuestas que, como país, se deben hacer desde la educación superior.
Además del poco tiempo promedio que, últimamente, tienen los viceministros de Educación Superior (con Petro van cinco –Aurora Vergara, Ana Carolina Quijano, Wilfer Varelo, Alejandro Álvarez y Ricardo Moreno Patiño– con un promedio de cinco meses cada uno, versus los casi dos años de los predecesores), hay que reconocer la gran debilidad técnica, académica y de conocimiento de la administración pública de muchos de estos, lo cual les lleva a paralizarse o tomar el camino incorrecto frente a proyectos que no tienen el escenario político, la disponibilidad presupuestal o la viabilidad técnica para impulsarlos.
En el caso del actual gobierno, y reconocido por el propio exviceministro Alejandro Álvarez Gallego en una entrevista con su universidad, la Pedagógica Nacional, hay que sumar que la izquierda que hoy gobierna no sabía cómo hacerlo, y que al interior del gobierno hay agendas cruzadas en temas de educación. “Uno se acostumbra a entregar informes sin importar que tan cierto sea lo que se está diciendo, porque los resultados son fragmentados y descontextualizan los procesos”, dice Álvarez, quien sugiere que la lógica del gobierno es la de mostrar resultados, más que procesos.
Cada vez son más los rectores y funcionarios de IES que demuestran más habilidades en su discurso, relacionamiento político y dimensión de lo que debe ser la educación superior, los que muestran una visión más global y de país que el propio viceministro. Cada vez más los viceministros operan como secretarios del ministro que como orientadores de éste en cómo debe gestionarse el sector, y caen en múltiples tareas ajenas a su rol de pensar estratégicamente: Reemplazar al viceministro de Básica y Media en un encuentro con educadores; viajar como asistente del ministro de turno; callar y tomar nota en reuniones claves; o repetir el mismo discurso de siempre sin atreverse a hacer una efectiva interlocución.
Los viceministros de Educación Superior
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| Presidente | Ministros | Viceministros |
| Alvaro Uribe Vélez | Cecilia María Vélez | Gabriel Burgos Mantilla
Javier Botero Álvarez |
| Juan Manuel Santos | María Fernanda Campo
Gina Parody Yaneth Giha
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Javier Botero Álvarez
Patricia Martínez Natalia Ariza Ramírez Francisco Cardona Natalia Ruiz Rodgers |
| Iván Duque | María Victoria Angulo | Luis Fernando Pérez
Maximiliano Gómez |
| Gustavo Petro | Alejandro Gaviria
Aurora Vergara José Daniel Rojas Medellín (foto) |
Aurora Vergara
Ana Carolina Quijano Wilfer Varelo Alejandro Álvarez Ricardo Moreno Patiño (foto) |
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Esto sin considerar que un buen número de estos viceministros, y especialmente quienes llegan como directores de calidad o fomento, vienen de otros sectores y desconocen la dinámica del Viceministerio, así como muchos de los funcionarios de carrera y contratistas.
En el fondo, el gran drama del Ministerio de Educación Nacional está en ver la educación desde los mensajes políticos, titulares de prensa o las visitas que hacen sus funcionarios, pero está desconectado del sistema, su reconocimiento está dado más por el poder (de girar dinero o hacer inspección) que por la autoridad esperada del conocimiento, y cuando sus altos directivos logran aterrizar en la realidad sectorial, ya han pasado varios meses del nuevo gobierno, y el cuarto de hora del presidente y ministro de turno para impulsar una verdadera transformación de la educación superior ya han pasado.
Dicho en otros términos, ser viceministro de Educación Superior, que hace unos años se veía como una gran dignidad de enorme prestigio en el sector, por su capacidad de influir y mover la agenda universitaria, cada día pasa a perder brillo, no sólo porque el perfil de quienes vienen llegando al cargo ha caído dramáticamente sino porque su rol dejó de ser técnico y académico para convertirse en burocrático y político. Prueba de ello es que de los cerca de 15 viceministros que ha habido en ese cargo desde su creación, la gran mayoría han “desaparecido” del protagonismo sectorial. Varios de ellos dejaron importantes cargos en IES con la esperanza de brillar, y se opacaron.
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