Protesta sin capucha

Editorial del diario El Tiempo (11 de septiembre de 2008), que se cuestiona por la manera como la Universidad ha dado tratamiento al tema de la protesta de parte de encapuchados, denunciada en el Congreso de la República.

Las imágenes de encapuchados que arengaban a estudiantes de la Universidad Distrital con consignas a favor de las Farc confirman que esta guerrilla pretende utilizar las universidades públicas como campos de reclutamiento. Los 31 videos, disponibles en el portal de Internet Youtube, son material explí­cito sobre actividades de propaganda guerrillera dentro de la sede de la universidad y con estudiantes, algunos primí­paros, involucrados.

 

Pero no se puede caer en la injusta estigmatización de los estudiantes de las universidades públicas por culpa de un grupúsculo radical y bullicioso que acude a siniestros métodos de protesta que la inmensa mayorí­a del estudiantado desprecia o rechaza. Estos desuetos estereotipos del enmascarado que vocifera a favor de la lucha armada son desvirtuados dí­a a dí­a con el activismo polí­tico y social de miles de universitarios que trabajan en los más variados grupos, movimientos y partidos.

Sin embargo, hacer caso omiso de esta denuncia, amparándose en argumentos de libertad de expresión y autonomí­a universitaria -como lo hizo el rector de la Distrital, Carlos Ossa-, tampoco es aceptable. Las capuchas, de largo tiempo asociadas en el mundo estudiantil con la clandestinidad y la violencia, impiden el debate público frente a frente y contradicen el espí­ritu mismo de la vida universitaria. Defender esa modalidad de “libertad de expresión” es poner los derechos de los encapuchados a no dar la cara por encima de los derechos de los estudiantes a confrontarlos sin temor. La universidad debe ser un espacio de debate abierto de ideas donde todos los alumnos tengan el espacio para expresarse y organizarse. Es responsabilidad de las autoridades universitarias mantener esas garantí­as y no avalar, con su pasividad, los propósitos intimidatorios de la manifestación encapuchada.

Más allá de estos videos, lo cierto es que el reclutamiento, adoctrinamiento y entrenamiento de estudiantes universitarios en milicias urbanas es una estrategia de la guerrilla que hay que contrarrestar con sumo cuidado. Aunque estas universidades hayan aceptado a los encapuchados como parte de su paisaje natural, la diferencia entre una militancia polí­tica radical y la participación en actos violentos o la apologí­a del terrorismo es vital en una sociedad democrática. Ya es hora de que la entendamos mejor. Para no engañarse sobre lo que hay detrás de esas máscaras.

editorial@eltiempo.com.co

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