Junio de 2023 Eduardo Aldana Valdés, exrector de la Universidad de Los Andes, exgobernador del Tolima y exdirector de Colciencias, inicia una serie “Píldoras en Educación, Tecnología y Desarrollo” para los lectores de universidad.edu.co, con una reflexión, denominada por él “Parábola del paso de un embudo a un abanico de oportunidades”, sobre la necesidad de diseñar políticas públicas con impacto real a toda la comunidad y no aparte de ésta.
Parábola del paso de un embudo a un abanico de oportunidades
Existe consenso sobre el papel fundamental de una buena educación en la construcción colectiva del bienvivir [1] comunitario. Sin embargo, no hay acuerdo – dado un sistema educativo integrado por varias etapas – a cuál etapa conceder prioridad. El Premio Nobel y genio matemático John Nash convirtió esa decisión en un gran reto: “Los sistemas de excelencia son, por naturaleza, excluyentes. Para que la excelencia sea buena, debe ser para todos”.
La emergente República de Corea del Sur, después de la cruenta guerra que dividió la península, superó ese reto empezando por la educación básica y delegando la formación de competencias laborales a las empresas productivas.
Estados Unidos para atender a los más de diez millones de jóvenes que retornaron al país cuando finalizó la II Guerra Mundial superó ese desafío con un sistema diversificado de educación básica de amplia cobertura y otro de educación superior, ambos de tres pisos. El caso más conocido es el del Estado de California, con colegios comunitarios, universidades centradas en programas de pregrado y universidades de investigación. Los tres tipos de entidades responden a la diversidad de sus zonas de influencia y colaboran solidariamente entre sí.
En Colombia, a pesar de que la Constitución Política enfatiza la naturaleza pluralista del Estado, la autonomía de sus entidades territoriales, el respeto de la dignidad humana y el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran, su sistema de educación parece orientado hacia la construcción de una ciudadanía fragmentada y en permanente conflicto.
Nuestras políticas y leyes también están fragmentadas. Todos los niveles educativos tienen una norma (la 115 de 1994 o Ley General de Educación) promulgada, justificada pero ilógicamente, después de la de educación superior (la 30 de 1992). La formación para el trabajo incluida acertadamente, pero con un nombre inapropiado en la ley 115 de 1994, no ha logrado articular la pertinencia del trabajo, personal y social, con la obligatoriedad de toda persona de contribuir al bien común de una manera digna.
Así, por ejemplo, en esta primera “Píldora” sobre Educación, Tecnología y Desarrollo, mencionaré la norma recientemente aprobada por el Congreso de la República y que pasa a sanción presidencial, que establece la “matrícula cero” para estudiantes de instituciones de educación superior pública. Si bien la norma suena bien, lo cierto es que – seguramente sin que sus gestores lo hubieran pretendido – discrimina entre jóvenes “meritorios” y jóvenes que “no sirven para nada” pues parte del hecho de que la anhelada gratuidad y universalidad sólo es aplicable a quienes llegan hasta el ciclo completo de la secundaria y pueden graduarse a partir de unas pruebas que, se cree, tienen la capacidad para diagnosticar la compleja y cambiante naturaleza humana.
Asimismo, también discrimina a quienes pudiendo haber accedido a la educación superior, lo hicieron en instituciones de educación superior privadas y de economía solidaria, que representan cerca del 50 % de la matrícula en el país, y que para nada limita su finalidad que es la de servir a todos (servicio público)[2], dentro de obvias limitaciones por su capacidad financiera y su zona de influencia.
Toda esta situación resulta especialmente nociva con niños y jóvenes de pequeños municipios y sus zonas rurales adyacentes en donde, en la alborada de la pandemia, se observa cómo sólo menos de una quinta parte de su juventud califica para una matrícula gratis en las universidades estatales. Junto con otros asuntos, que se tratarán en las píldoras siguientes, ello constituye un pilar del “embudo” que parece indispensable impulsar hacia un “abanico” de oportunidades “en una sociedad que se quiera más a sí misma” [3].
Entre tanto, mientras varias decisiones políticas buscan atender aspectos de carácter mediático, se está quedando atrás el punto más importante, cual es el relacionado con el mejoramiento de la educación primaria, secundaria y media, y que sería el camino para ampliar la cobertura con equidad de la educación superior. Atender este reto se dificulta pues debería ser atendido prioritariamente por las entidades beneficiadas cuyos recursos adicionales les permitirían ampliar, efectiva y eficazmente, la cobertura de su servicio público[4]. Por ejemplo, utilizando las nuevas tecnologías de educación virtual y manejo de información y conocimientos para mejorar el desempeño de escuelas, colegios y Entidades para el Trabajo y el Desarrollo Humano situadas en regiones apartadas en espacio y tiempo de movilización[5].
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[1] Se usa “bienvivir” en lugar del tradicional “bienestar” para enfatizar el paso de una posición pasiva a una activa.
[2] Artículo 98 (Ley 30). Las instituciones privadas de Educación Superior deben ser personas jurídicas de utilidad común, sin ánimo de lucro, organizadas como corporaciones, fundaciones o instituciones de economía solidaria.
[3] Gabriel García Márquez, Proclama, Misión Ciencia, Educación y Desarrollo, 1994
[4] LES (30/92), Artículo 6° Son objetivos de la Educación Superior y de sus instituciones:
d) Ser factor de desarrollo científico, cultural, económico, político v ético a nivel nacional y regional.
e) Actuar armónicamente entre sí y con las demás estructuras educativas y formativas.
f) Contribuir al desarrollo de los niveles educativos que le preceden para facilitar el logro de sus correspondientes fines.
g) Promover la unidad nacional, la descentralización, la integración regional y la cooperación interinstitucional con miras a que las diversas zonas del país dispongan de los recursos humanos y de las tecnologías apropiadas que les permitan atender adecuadamente sus necesidades.
[5] La sede Manizales de la Universidad Nacional de Colombia es un ejemplo del desarrollo de cursos virtuales compartidos. Probablemente otras sedes han hecho esfuerzos similares.
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