Julio/26 Wilhelm Londoño Díaz, profesor titular de la U. del Magdalena, cuestiona la forma como se manejan las convocatorias para integrar el Banco de Elegibles de las Salas de Evaluación de la Comisión Nacional Intersectorial de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CONACES).
Cuando la calidad se ve comprometida por la contingencia
El 30 de septiembre de 2025, la Subdirección de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior del Ministerio de Educación Nacional abrió la Novena Convocatoria para integrar el Banco de Elegibles de las Salas de Evaluación de la Comisión Nacional Intersectorial de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CONACES). La función de la CONACES, al menos en lo que respecta a estas salas, consiste en verificar las condiciones mínimas exigidas para que las IES puedan ofertar programas académicos o renovar sus registros calificados.
En términos operativos, cuando una IES desea abrir un programa, solicita una visita de pares académicos. La CONACES se encarga de coordinar estos encuentros, recibe los informes de los evaluadores y emite un acto administrativo que, de ser favorable, habilita a la institución para ofertar el programa propuesto. Según el cronograma inicial de la Subdirección, el 22 de diciembre de 2025 el banco de elegibles debía estar consolidado, a la espera del ciclo de capacitaciones correspondiente a este importante proceso.
En todo el flujo de trabajo de esta dependencia está implícita la promesa de asegurar la calidad de la educación superior. De hecho, en la actualidad, todas las universidades —públicas y privadas— cuentan con una oficina de aseguramiento de la calidad. La Real Academia de la Lengua define el término «calidad», en su locución adjetiva, como el atributo de «una persona o de una cosa que goza de estimación general». Sin embargo, el proceso mismo que busca renovar el banco de pares evaluadores muestra serios indicios de falencias en su planificación, habiendo acumulado ya siete adendas y cuatro suspensiones temporales. Ante este panorama, resulta paradójico que la oficina encargada de asegurar la calidad de la educación superior tenga comprometida la calidad de sus propios procedimientos.
El historial de modificaciones del proceso es elocuente:
- La primera adenda, emitida el 31 de octubre de 2025, amplió el plazo para entregar la documentación debido a problemas técnicos con el cargue de la información.
- La segunda adenda (19 de noviembre de 2025) aplazó la publicación del listado preliminar de candidatos.
- La tercera adenda (28 de noviembre de 2025) amplió el plazo para publicar el listado definitivo de aspirantes habilitados.
- La cuarta adenda (5 de diciembre de 2025) modificó el cronograma de pruebas para los habilitados.
- La quinta adenda (30 de diciembre de 2025) dilató la publicación del listado de los candidatos destinados a integrar las salas.
- La sexta y séptima adendas (firmadas el 21 de enero y el 12 de febrero de 2026, respectivamente) continuaron extendiendo los plazos para anunciar el banco de elegibles, fijando como nueva fecha el 2 de marzo de 2026.
Tras estas siete adendas, el 2 de marzo se emitió la primera suspensión temporal de la convocatoria, anunciando que se retomaría el 30 de abril de 2026. No obstante, al llegar esa fecha, volvió a comunicarse una suspensión que se extendería hasta el 31 de mayo. El 31 de mayo se emitió un nuevo comunicado prorrogando la pausa hasta el 30 de junio, y llegado el 30 de junio se declaró que el proceso se retomaría el 31 de julio de 2026. Según lo señalan los comunicados oficiales, estas medidas obedecen a que «en una verificación aleatoria del cumplimiento de los requisitos previstos (…) se han evidenciado posibles inconsistencias que requieren un análisis detallado y exhaustivo».
Si bien es comprensible que surjan imprevistos, en este caso la contingencia parece haberse convertido en la regla. Esto evidencia profundos problemas de planificación en las distintas etapas de la convocatoria. Lo cierto es que, tras siete adendas y cuatro suspensiones, no existe garantía alguna de que el proceso logre reanudarse el 31 de julio de 2026. Para entonces, estaremos a escasos días del relevo en el cuerpo directivo del Ministerio de Educación a causa del cambio de gobierno, y seguramente resultará problemático para el nuevo equipo de trabajo dar continuidad a un proceso tan accidentado en el que ha primado la incertidumbre. En muchas instituciones públicas de Colombia parece haberse arraigado una suerte de «adenditis», un síntoma claro de la carencia de estrategias de planeación.
Gozar de estimación general es lo que caracteriza a los procesos verdaderamente centrados en la calidad. En este caso, lamentablemente, la calidad ha quedado subordinada a la contingencia.
Nota: Las adendas y los comunicados de suspensión temporal se pueden consultar en el siguiente link: https://convocatoriasuperior.mineducacion.gov.co/wMenConvocatoriasOl/Convocatorias/frmConvSuperior.aspx
Wilhelm Londoño Díaz, profesor titular de la Universidad del Magdalena (wlondono@unimagdalena.edu.co) Nota aclaratoria: Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la institución a la cual estoy adscrito.
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