Marzo 10/23 Si el movimiento estudiantil siempre ha estado en contra del “establecimiento”, ¿por qué comienza a marchar nuevamente si el gobierno Petro representa aquello por lo que, aparentemente, éste ha exigido?.
Discusión ideológica en redes sociales y algunas marchas estudiantiles de grupos de la Universidad Nacional de Colombia, que hablan de una intención de irse a paro (en búsqueda de más recursos), y de la Universidad Pedagógica Nacional, son, entre otros , algunos de los “ruidos” que comienzan a verse y que reflejan que las relaciones entre el movimiento estudiantil y el gobierno están turbias, que entre los propios jóvenes hay división entre los que están con el gobierno, los que prefieren esperar, los que se han desilusionado con el Cambio prometido y los que políticamente están abiertamente en contra de Petro.
Gratuidad, más recursos para las IES públicas, protección de los derechos humanos, mejorar la inclusión, la equidad de género, el bienestar y las condiciones laborales de los docentes, así como mayor participación en los cuerpos colegiados son, en líneas generales, los temas que han sido comunes en las peticiones del movimiento estudiantil, que generalmente las hacen escuchar de la sociedad a través de marchas, ruidosas, creativas y a veces violentas (bien por infiltrados, aunque algunos creen que son estudiantes).
Tras varios meses de aparente calma, especialmente desde mediados del 2022 cuando el país eligió la propuesta programática del hoy presidente por el Pacto Histórico, Gustavo Petro Urrego, el movimiento estudiantil estaba callado, pero en los últimos días, especialmente desde las agrupaciones de la Universidad Nacional de Colombia (la IES que “lidera” el tema en sus colectivos) han vuelto a aparecer en las calles demandando diversos temas al gobierno.
El Observatorio de la Universidad Colombiana explica algunas de las razones (sin prioridad alguna) que permiten comprender el por qué, pese a existir una aparente afinidad ideológica, entre el gobierno de Petro y la mayoría del movimiento estudiantil, las protestas de los jóvenes están reapareciendo.
1) No existe un real vocero del movimiento estudiantil. A diferencia de lo que pasó a comienzos de la década pasada, cuando los múltiples movimientos lograron consenso en torno del rechazo de la propuesta de reforma de la Ley 30, que presentó el entonces gobierno del presidente Juan Manuel Santos, y crearon la MANE (Mesa Ampliada Nacional Estudiantil), en esta ocasión lo que hay son muy diversas agrupaciones con diversas identidades ideológicas, que en torno de las promesas y ausencias y cumplimientos o no del Gobierno, buscan “mostrarse los dientes” para ver cuál tiene más fuerza, y ninguna de ellas con la fuerza o intereses suficientes para recoger a las demás.
2) Múltiples movimientos. En muchas universidades públicas hay diversas representaciones estudiantiles (no todas estatutarias), que cobran fuerza a medida que tienen más integrantes o protagonistas. Se habla de que en algunas de las más grandes universidades puede llegar ver hasta 100 grupos estudiantiles diferentes. Entre los más sonados en el ámbito nacional están:
– La Organización Colombiana de Estudiantes OCE, que en conjunto con la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles ACREES, han tenido gran incidencia en los consejos superiores y fueron protagonistas en el paro nacional que se organizó contra el gobierno Duque en 2018. De allí surgió el liderazgo de la actual representante a la Cámara, Jennifer Pedraza, quien ha sido incondicional aliada del exsenador Jorge Enrique Robledo (antes MOIR, ahora Dignidad), actuales críticos del gobierno Petro.
-La Federación de Estudiantes Universitarios FEU, que congrega estudiantes afectos a Marcha Patriótica, que apoyó la llegada de Petro a la Presidencia.
– La Unión Nacional de Estudiantes UNEES, que también lideró el paro de 2018 y de la que salió la representante de Univalle Gabriela Posso Restrepo, actual Consejera Presidencial para la Juventud, quien ha buscado protagonismo entre los jóvenes, y eso le ha llevado a participar de los debates sobre el rol de estos en el gobierno Petro, así como de los jóvenes designados del presidente en los consejos superiores. Posso ha buscado incidir en las acciones de Mineducación hacia el movimiento estudiantil.
A propósito de esto, el presidente Petro trinó hace unos días “la reforma de la ley 30, ley de la educación superior, esta en la agenda. Mis delegados en los consejos superiores de la universidad pública son jóvenes estudiantes. Espero de ellos que la universidad pública se coloque bajo la bandera de la extensión de cobertura y de la calidad. Para el ingreso de la juventud trabajadora a la universidad pública es necesario, además de la gratuidad, la utilización nocturna de todas la universidades públicas del país. Espero la contribución de todo el movimiento estudiantil a este proyecto de reforma a la ley 30″.
– La Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios ACEU, que ha anunciado su intención de demandar al gobierno por una reforma integral de la ley 30 de 1992. Se identifica como un ala del Partido Comunista.
– La Federación Nacional de Representantes Estudiantiles FENARES, quien tradicionalmente ha estado muy cerca del gobierno, en su anuncio de querer construir, aunque ha perdido brillo en la opinión pública, pese a contar con la representante de los estudiantes en el CESU, Rosa Elena Mosquera Palacios.
– Y la Federación Universitaria Nacional Comisiones (Funcomisiones), cercana al Congreso de los Pueblos.
3) Lo anterior muestra que el país carece de un movimiento estudiantil consolidado, legítimamente constituido y oficializado como ente representativo de todo el sector. La población de jóvenes universitarios termina siendo dispersa, compleja, ambigua, generacionalmente cambiante y con expectativas muy cambiantes. Sus liderazgos son transitorios, generalmente de corta duración, algunos muy beligerantes y la mayoría de bajo perfil, y con serios cuestionamientos al interior de los propios movimientos en torno de las formas de elección, representación, participación y legitimidad. Además, hay que contar que los representantes estudiantiles generalmente logran mover a una muy pequeña masa de representados, lo que los pone muchas veces contra la pared.
4) Aunque muchas de las propuestas del entonces candidato Petro se alinean con los deseos de los jóvenes, la no concreción de las mismas comienzan a despertar malestar entre el movimiento estudiantil. El hoy exministro Gaviria no era visto con muy buenos ojos, porque consideraban que venía de la oligarquía y del neoliberalismo y no representaba al pueblo luchador; la gratuidad total no ha sido posible; el tema del Icetex está exacerbando los ánimos, pues muchos jóvenes votaron por Petro con la ilusión no sólo de que se le condonarán los intereses sino que la entidad desapareciera con la llegada de la gratuidad, y ni lo uno ni lo otro se ha dado completamente; y las cifras de violencia, asesinato de líderes sociales y formas como se están dando los procesos democráticos en algunas universidades públicas, son -para los jóvenes- expresiones no ideales de lo que esperaban con Petro.
5) La demanda por la gratuidad, que era un espacio por naturaleza muy propio de la izquierda, fue tomada por el entonces presidente Iván Duque, quien avanzó en el tema, en momentos en que la pandemia también apagó las fuerzas del movimiento estudiantil. El paro nacional de 2021 revivió parte de sus intereses. La posesión y primeros meses de gobierno de Petro han sido de espera y expectativa, pero en este año -2023- vienen las elecciones municipales y (al parecer, tal y como pasó con la Mane en su momento), eso hizo explotar el movimiento estudiantil por los intereses de muchos de sus voceros y líderes de figurar ante algunos políticos tradicionales que los respaldan y que buscan posibles ediles, diputados y concejales… Por lo mismo, no será extraño ver que aumenten las tensiones entre los propios movimientos.
6) La Ley 30 será uno de los detonantes del respaldo o rechazo del movimiento estudiantil al Gobierno. Claramente, lo mínimo que se espera es que se aseguren más recursos para la universidad pública, pero ni siquiera los legisladores, SUE, profesores ni estudiantes se han puesto de acuerdo en un proyecto único, y tampoco se ha dado un debate a fondo de cuánto y cómo debe ser lo que se consiga de dinero adicional. Algunos movimientos piden recursos, pero no tiene certeza del valor que realmente se necesita, y el Gobierno tampoco ha destapado sus cartas al respecto. Incluso, uno de los motivos de la marcha de algunos estudiantes de la Universidad Nacional de esta semana la explicó la representante Pedraza al indicar que el Gobierno no ha cumplido su promesa de incrementar el presupuesto de la educación superior pública en un 5 % por encima de la inflación (promesa de Alejandro Gaviria), dado que la inflación 2022 fue muy alta, por lo que se requieren estos recursos para gastos de las universidades en 2023. Pedraza señala que la gestión se está haciendo, pero no para 2023 sino para 2024, con lo que habría restricciones para final de este año.
Y eso que, afortunadamente, no se han dado nuevos y peligrosos enfrentamientos de estudiantes con la fuerza pública, pero no sería extraño que llegara a medida que el cuarto de hora del gobierno ceda, aumenten las tensiones, no se cumpla todo lo prometido y, en el caso de los estudiantes, la inflación y el desempleo agobien su situación.
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