Sept 29/25 Subestimar a la inteligencia artificial (IA), considerarla solo como una tecnología que debe ser gestionada por un área o desaprovechar para hacer crecer las universidades son algunos de los pecados que están cometiendo algunos rectores, advierte Nuria Lloret, investigadora y analista del tema.
Es catedrática en Administración Electrónica de la Universitat Politècnica de València (UPV) y experta en analítica y gobierno del dato, inteligencia artificial, integración de sistemas colaborativos en red y visualización de datos en espacios inmersivos, recorre el mundo identificando buenas prácticas en el uso universitario de la IA, y la semana pasada habló a directivos y rectores universitarios que participaron en el Encuentro de Gestión Universitaria del SUE, en la Universidad de Córdoba (en Montería).
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| Lloret asesora a varias IES colombianas en la implementación de IA y gobierno del dato y dirige para ASCUN el estudio “Panorama de la inteligencia artificial en la educación superior colombiana: Exploración de usos y necesidades en las IES ASCUN”. Aprovechando su experiencia, también como directora del proyecto Atenea: Women in Art and STEM y del Observatorio sobre IA y Diversidad, seleccionado por Forbes como una de las 25 ideas que cambiarán el 2025 y directora del Congreso Internacional de Tecnologías Emergentes y evaluadora experta de la Unión Europea desde 1998 y de la ANECA para el programa REACREDITA, El Observatorio de la Universidad Colombiana la entrevistó sobre el estado de la gestión universitaria en torno de la IA. | ![]() |
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- ¿Cómo están hoy las universidades frente a la inteligencia artificial?
La realidad es heterogénea. Algunas universidades han avanzado con pilotos en analítica de datos, tutores inteligentes o automatización de procesos administrativos; otras apenas están formulando una estrategia digital. Pero hay un punto común: la IA es mucho más que un proyecto de tecnología. Está transformando las organizaciones en todas sus áreas y niveles, y exige ser incorporada en el nivel estratégico, no solo en un departamento de TICs. Quedarse en la lógica de “implantar herramientas” es insuficiente; la conversación debe pasar a cómo la IA redefine el gobierno institucional, la cultura y el modelo educativo.
- ¿Por dónde debería empezar una universidad a asumir la IA?
En primer lugar, por sus datos. Si una institución no tiene un mapa completo y organizado de sus datos, difícilmente podrá extraer el valor agregado que la IA promete. El gobierno del dato no es un asunto menor: es la base que permite tomar decisiones con rigor, evitar sesgos y garantizar transparencia.
El segundo paso es la formación de toda la comunidad académica: directivos, docentes, administrativos y estudiantes. No sirve de mucho instalar plataformas si las personas que deben usarlas no comprenden sus alcances, limitaciones y riesgos. La alfabetización digital es un imperativo ético y estratégico.
- Algunos rectores preguntan si es necesaria una vicerrectoría o unidad específica de IA…
Lo que se necesita es una comisión transversal de inteligencia artificial, donde el área de tecnología tenga un papel, pero no sea la única protagonista. Allí deben estar representadas la docencia, la investigación, la extensión, la planeación estratégica, las áreas administrativas y jurídicas. Esta comisión no solo coordina la implantación tecnológica, sino que define marcos éticos, políticas de ciberseguridad y prioridades de formación.
- Usted ha mencionado en otras ocasiones el riesgo de “casarse” con una sola herramienta…
Sí, es un arma de doble filo. Las grandes empresas tecnológicas tienen sus propios intereses, y la velocidad con la que surgen nuevas soluciones es impresionante. En muchas instituciones es mejor mantener la puerta abierta a la interoperabilidad y a una arquitectura flexible, en lugar de quedar atadas a un proveedor único que puede limitar la innovación futura.
- ¿Qué áreas de la universidad están sintiendo con más fuerza el impacto de la IA?
En la docencia vemos tutores inteligentes, sistemas de generación de contenidos y plataformas adaptativas. En investigación, la minería de datos y la automatización de procesos experimentales están acelerando la producción de conocimiento. En la gestión administrativa, la analítica predictiva para matrícula, finanzas y servicios estudiantiles está optimizando la toma de decisiones. Pero hay dimensiones que la IA no reemplaza: el liderazgo académico, la mentoría personalizada, la formación ética y el pensamiento crítico siguen siendo tareas esencialmente humanas.
- Y en términos de riesgos y oportunidades…
Diría que hay tres grandes temas que ningún rector puede ignorar:
- Ética y ciberseguridad, porque sin confianza en la tecnología no habrá adopción sostenible.
- Transformación cultural, que requiere preparar a las comunidades para nuevos roles y competencias.
- Inversión estratégica, que priorice gobierno del dato, formación y pilotos bien evaluados antes de embarcarse en implementaciones masivas.
La IA es una herramienta poderosa, pero no es un fin en sí misma. Si las universidades la abordan con visión estratégica, apertura tecnológica y responsabilidad ética, no solo se adaptarán al cambio, sino que podrán liderarlo.
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