Oct/23 Rodrigo García Jara (PhD en educación. Investigador y consultor en educación) y Jorge Enrique Ramírez Martínez (Investigador asociado Minciencias) analizan el entorno de legitimidad, normatividad y práctica de la reforma educativa propuesta por el gobierno.
Para sustentar que este debate por lo educativo no es actual y mostrar algunos referentes para la construcción, haremos alusión a cuatro acontecimientos, en donde de la comunidad científica ha declarado alternativas para recomendar políticas, rutas de desarrollo, presentar desafíos y marcar retos para trabajar por la transformación de la educación en nuestras realidades.
Un primer acontecimiento se encuentra en 1983, en donde la comisión de excelencia en educación, nombrada por el presidente Regan, publica el informe A nation at Risk para resumir en la palabra mediocridad, el estado de la educación en América. Un segundo acontecimiento se ubica en 1986, con la Declaración de Venecia, prólogo de nuestro pasado cultural, donde la UNESCO y la Fundación Giorgio Cini, hacen un llamado sobre la necesidad de una apertura y un replanteamiento de los valores de nuestra época en relación con la universalidad y la transdisciplinariedad, asunto que aún sigue siendo un desafío para la educación. Del mismo modo, y como tercer acontecimiento, el presidente Gaviria instala la primera misión de sabios, cuyos resultados se dan a conocer en 1996 en un informe famoso de nombre Colombia al filo de la Oportunidad, con el que Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinás, Eduardo Aldana, Luis Femando Chaparro, Rodrigo Gutiérrez, Marco Palacios, Manuel Elkin Patarroyo, Eduardo Posada y Ángela Restrepo con Carlos Eduardo Vasco, en calidad de coordinador de la misión, presentan una proclama por la educación como proyecto que integra ciencia, tecnología, innovación y desarrollo para el país.
Un cuarto acontecimiento como insumo importante para la discusión se ubica en 2019, año de instalación de la Misión Internacional de Sabios, en donde 47 expertos nacionales e internacionales dan sus aportes para construir políticas públicas de educación, ciencia, tecnología e innovación para Colombia. Esta segunda versión de una misión de sabios busca que en nuestro país se aborden las ciencias, disciplinas y conocimientos emergentes desde la investigación básica, la investigación aplicada y el desarrollo tecnológico y la innovación.
Podemos decir, con base en las anteriores proclamas, que, si se trata de legitimidad, la reforma es pertinente, necesaria y urgente. Basta leer en detalle estos documentos desde el tiempo presente para notar que estas consignas son vigentes. Para entender la pertinencia de la reformar basta explicitar los principios requeridos para cualquier desarrollo cultural desde lo educativo, como lo son: dignidad humana, igualdad, equidad y calidad para la educación aceptaremos que no necesariamente son desafíos recientes en las reformas educativas vigentes, han sido búsquedas de la humanidad completa desde la fundación misma de la escuela y de la universidad como instituciones.
Una reforma, no puede ser una contrarreforma, se necesita construir desde lo construido, se requiere seguir cerrando brechas educativas, brechas científicas, brechas informacionales y brechas digitales, pero existen acumulados y grandes aciertos en las políticas actuales, lo importante es que aprendamos de la trayectoria del sistema educativo, y que las políticas públicas mejoren el estado de las cosas, no lo contrario, que las empeore, por ello, esta reflexión se centra en una mirada de la educación para lo superior, más allá de la etiqueta y de la noción, educación superior.
Una educación, fundamentada en los principios para lo superior, requiere integrar las políticas públicas de los distintos niveles educativos (ley 115 de 1994 y ley 30 de 1992) y sobre todo las normas y políticas que se han implementado en la diversidad de instituciones que hacen parte de la educación en Colombia, de eso se tratan los sistemas, de autorregularse, de aprender organizacionalmente para que se integren y otorguen distintas singularidades al sistema y se alcancen los propósitos superiores desde diferentes maneras de cooperar, en este caso, desde lo educativo en los diferentes contextos de país.
Es decir, se requiere la armonización de las distintas políticas educativas tanto en lo público como en lo privado, sin la necesidad de generar más políticas “Frankenstein” o políticas que generan quiebres y más problemas poniendo en riesgo lo fundamental, un proyecto de nación desde la educación. Por ejemplo, alcanzar consenso en un estatuto único de la profesión docente en Colombia, con unos mínimos de acuerdo desde la educación inicial hasta los niveles de la educación superior.
Quiere decir lo anterior, que es necesario recoger, en un sistema educativo para lo superior, las mejores experiencias que han resultado de las academias, agremiaciones, asociaciones, empresas, centros, escuelas normales, institutos, colegios, compañías, federaciones, confederaciones, corporaciones, grupos de investigación, escuelas, fondos, fundaciones, instituciones educativas, observatorios, secretarias, sindicatos, sociedades, universidades y demás entidades que en su visión, misión y propósitos trabajan para y por la educación, desde lo superior.
Un sistema de educación para lo superior requiere comprender esta gran diversidad, más allá del debate entre lo público y lo privado. El estado y las entidades del ministerio público tienen entonces el reto de alcanzar visión compartida en la gobernanza del sistema educativo.
Lo fundamental, es que Colombia necesita un sistema educativo para lo superior, no solamente en el concierto de la educación como derecho fundamental, sino más bien, en la perspectiva de la educación como proyecto político y científico de la nación, en donde la educación sea el motor de transformación de la sociedad entera, eso va más allá de las pugnas de la educación pública o privada, requiere que el estado reconozca y convoque a todos los ciudadanos, para construir la educación como derecho fundamental en todas las regiones de Colombia.
Lo superior, es allí, entonces, una consecuencia de un sistema integrado y diverso, en donde el estado colombiano ejerce una función que va más allá del garante, supervisor, vigilante o evaluador, el estado allí es un ente rector que da vida a todas las formas de construir educación en lo formal, en lo informal, en lo público y en lo privado. Esto requiere una articulación dinámica de entidades, que reconozca y legitima las instituciones y que actúe en justicia distributiva la diversidad de visiones para fomentar, construir y materializar en derecho a la educación.
La educación para lo superior es construir un sistema que dialogue, se armonice, integre y responda a los demás sistemas del estado colombiano. Esto implica una comprensión de que la educación no es un proyecto más de país, es el proyecto principal de país, como motor de proyecto cultural de nación para Colombia. Esto implica que el Ministerio de Educación Nacional revisa, reconoce y tiene en cuenta las recomendaciones que desde la educación requieren la atención de las políticas públicas consignadas en los documentos del Consejo Nacional de Política Económica y Social – CONPES y produce una propuesta armonizada a esas políticas desde el estado colombiano, para fortalecer lo que hemos hecho bien como sociedad, no en detrimento de lo que se está haciendo bien, para que desaparezcan las partes interesadas y preocupadas por la educación.
Por lo tanto, si la educación como proyecto de nación trata de forjar las bases que dignifican lo humano, para una sociedad más justa, ¿qué brechas educativas se cierren desde lo público?, ¿Se está reconociendo el aporte de las Universidades Privadas? ¿qué significa una educación para lo superior?, ¿qué instituciones se necesitan para construir lo superior?, ¿quiénes construyen una educación para lo superior?, ¿qué singularidad requiere una política de educación en el contexto de la triple crisis planetaria: cambio y crisis climática, pérdida de biodiversidad y naturaleza, y la contaminación y los desechos?; en esta reflexión y desde el mundo griego sería construir la paideia (educación del hombre virtuoso, formación o resumen de la cultura) con políticas públicas que renueven en todo el sistema educativo los propósitos de un proyecto cultural y científico de nación que desarrolle un ethos (modo o dirección acostumbrada de obrar) cultural propio.
Para lograr lo anterior, se hace necesario formar para forjar un carácter sobre las virtudes que necesita la sociedad colombiana, lo que implica hacer virtuosos a los seres humanos, en las virtudes morales y en las virtudes cívicas, integrando la areté (excelencia), la phrónesis (sabiduría práctica), la téchne (técnica, tecnología y arte), la episteme (conocimiento), la physis (naturaleza), y la didaxia (enseñanza). La integralidad de lo humano desde estos aspectos morales, son el desafío de la educación para lo superior en los tiempos del homo digitalis, el machine learning y la Inteligencia artificial. Es decir, un sistema educativo para lo superior centrado en lo humano pero que integra capacidades de las distintas instituciones.
Esta reflexión pretende, además, descentrar el debate sobre lo educativo únicamente en el estado colombiano y ubicar la mirada a la gobernanza del sistema, donde todos las instituciones y entidades que hacen educación deben integrarse, es decir, una poiesis social (educación para la creación o producción) de un nuevo sistema que integre las capacidades de todos las entidades, es decir, el debate de la educación para lo superior requiere una autopoiesis (producción de sus propios componentes) de las formas tradicionales en las que se han construido normas, lineamientos y políticas públicas desde el estado colombiano. Lo que está en juego, es entonces, un proyecto político, cultural y científico para una conciencia de lo superior en la nación colombiana, más allá de un plan de desarrollo de los gobiernos más recientes.
Lo que necesitamos entonces es hacer una gran movilización social de actores interesados en las políticas públicas por la educación, en donde todos seamos capaces de leernos como parte y como relación en un sistema que es pilar fundamental del desarrollo propio de la nación colombiana y desde esta postura darle altura al debate, a la discusión y a la capacidad de flexibilidad de posturas y aporte desde las capacidades que tenemos para dar en este desafío. Sigamos esta conversación, ninguna institución aquí puede sola frente a los grandes desafíos, no dejemos pasar cuatro décadas más para articular y armonizar lo que es prioritario y urgente, las universidades privadas y las públicas pueden construir una visión compartida de educación para lo superior y desde lo superior.
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