El Observatorio de la Universidad Colombiana




Revaluar la formación de los Ingenieros: Luis Fernando Vargas – agosto/20

Según Vargas Cano, a partir de su experiencia y análisis, “¡nos estamos quedando sin Ingenieros! La fórmula de innovación curricular la tenemos a disposición, solo basta salir del tradicionalismo que nos amarra a los pre-conceptos que no nos permiten evolucionar”.

Como directivo universitario tuve la oportunidad de graduar a la primera promoción de Ingenieros de Sistemas de una universidad que tenía el humanismo cristiano como base de formación profesional. El periodo de cinco años de formación para los estudiantes que hacían parte del programa incluía, además de todas las asignaturas propias de la carrera, un alto número de créditos académicos en ciencias básicas; de igual manera, la formación humanística propia de algunas instituciones católicas que incorporan como su sello distintivo, incluía un porcentaje significativo de sus créditos.

Es relevante para el análisis de la formación de dichos ingenieros mencionar que el programa tenía un diseño curricular bastante complejo debido a la integración y la problematización del plan de estudios. Como ejemplo vale la pena mencionar uno de los cursos que hacían parte de la formación: Del cálculo integral y las ecuaciones diferenciales a la física electromagnética; con un peso de seis créditos académicos en una relación 1:2. Se trataba de integrar la matemática, el cálculo, y la física electromagnética para lograr que el estudiante fuera capaz de resolver problemas complejos en un contexto desconocido pero altamente competitivo.

El ejemplo anterior muestra una tendencia que no duró mucho en la educación superior, ya que aunque en la teoría el modelo integracionista podía funcionar, los docentes y los mismos estudiantes no tenían la preparación previa para asumir mayúscula responsabilidad. La aplicabilidad del modelo terminaba en separar los cursos y dividir la temática conforme se venía realizando tradicionalmente en la educación superior y en la formación ingenieril.

El programa de Ingeniería de Sistemas al cual se hace referencia tenía una característica altamente relevante y positiva, correspondiente a la posibilidad de incorporar un elemento dinámico y flexible que buscaba, a medida que el estudiante avanzaba en su proceso de formación, y antes de los tres últimos semestres, definir la profundización tecnológica propia del momento. En otras palabras, se incorporaban temáticas al plan de estudios que fueran relevantes para las organizaciones, sin abandonar la universalidad y rigurosidad propia de la formación ingenieril.

Con el paso del tiempo las agencias de práctica (empresas y organizaciones) empezaron a demandar cada vez más la presencia de nuestros estudiantes durante los tres semestres que duraba la práctica. Muchos de los estudiantes finalizaban sus periodos de práctica con un contrato de trabajo en dichas organizaciones. El modelo finalmente había cumplido con uno de los objetivos fundamentales: entregar a la sociedad un Ingeniero de Sistemas con capacidad de innovación y aplicación, y en la práctica, un profesional recursivo y dispuesto a aportar al desarrollo de las organizaciones desde su saber particular.

En la medida que el programa se posicionaba a nivel empresarial y organizacional emergieron dificultades que bien vale la pena mencionar. Por una parte el número de créditos académicos del programa (180) y la excesiva carga y exigencia en ciencias básicas hizo que disminuyera el número de interesados en cursarlo. Por otra parte, el no contar con el número suficiente de practicantes para las organizaciones que los demandaban, hizo que se perdieran cupos de práctica en las mismas. En poco tiempo el programa se estabilizó con relación al número de solicitudes de agencias de práctica, pero comenzó a disminuir el número de aspirantes que se presentaban a primer semestre.

Análisis realizados tanto en el Comité Curricular y en el Consejo de Facultad evidenciaron que el modelo integrador, la sobrecarga en ciencias básicas, y un alto número de asignaturas sin la trascendencia adecuada, estaban mermando el éxito conseguido en un comienzo. La recomendación final se encaminaba a reformar el plan de estudios en su número de créditos académicos, eliminar asignaturas que poco aportaban en la formación final del ingeniero, y mantener la profundización tecnológica que permitía la actualización permanente de nuestros estudiantes en las necesidades puntuales de las empresas y organizaciones.

Aunque se realizaron intentos por disminuir el número de créditos académicos en aras de conseguir un programa pertinente y competitivo a ocho semestres, la tradición en la formación de Ingenieros a cinco años ganó la partida. Pares académicos externos a la institución, muchos de ellos de rancia tradición en la formación ingenieril, encargados de verificar los aspectos relevantes de la formación propuesta para una renovación del registro académico del programa, evitaron ajustes coherentes y necesarios para hacer del programa un ejemplo para otras instituciones de la educación superior.

Las organizaciones a nivel mundial vienen llamando la atención en cuanto al número necesario de Ingenieros requeridos en la actualidad. En la medida que se logre una mayor apropiación de la ciencia y la tecnología, y esta se soporte en un número mayor de graduados en Ingeniería, el déficit crecerá a nivel exponencial.

La pandemia producida por el coronavirus viene demostrando la necesidad de un mayor número de profesionales capaces de soportar las necesidades organizacionales en temas de ciencia y tecnología.

Solo en el Reino Unido se tiene en más de veinte mil el número de Ingenieros necesarios para cubrir las demandas nacionales. Las necesidades de formación no lograrán satisfacer el creciente número de vacantes que son requeridas en la actualidad; por ello, iniciativas como la creación de la institución PLuS Engineering que busca la formación de Ingenieros en dos años. En palabras de Judy Raper, promotora de la iniciativa, sostiene que: “La industria tendrá una alta incidencia en el programa”. De igual manera manifiesta en favor de reducir el tiempo de formación lo siguiente: “Expondremos a los estudiantes a la resolución de problemas en la industria, que a menudo está muy por delante de nosotros”.

Si bien la formación de ingenieros con capacidad investigativa será casi imposible en dos años, vale la pena reflexionar acerca de las serias dificultades que viene teniendo el Reino Unido para la formación de Ingenieros. Se logra evidenciar en la iniciativa de la institución PLuS Engineering un llamado urgente a tomar acciones que permitan, más allá de reducir el tiempo de formación, diseñar planes de estudios pertinentes y consecuentes con la realidad global.

En América Latina la dificultad de conseguir mano de obra calificada para asumir los retos que nos traen la ciencia y la tecnología no son diferentes que las mencionadas en el Reino Unido; por ello, es fundamental revaluar aspectos curriculares de formación para que los programas sean llamativos a nuevas generaciones.

¡Nos estamos quedando sin Ingenieros! La fórmula de innovación curricular la tenemos a disposición, solo basta salir del tradicionalismo que nos amarra a los pre-conceptos que no nos permiten evolucionar.

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