Sobre la degeneración de los rankings: José Ramiro Bertieri – julio/19

“Universidades: Menos ranking y más énfasis en el currículo”, es el título del análisis de José Ramiro Bertieri Quintero, en su página de innovacionabierta.com, a propósito de la relación entre los resultados de calidad, los rankings y los desarrollos del currículo.

Cerró hace pocos días el proceso de convocatoria de COLCIENCIAS para el Reconocimiento de Grupos de Investigación e Investigadores; también en estos días se publica lo que ya es una andanada de ranking de universidades, tanto de mediciones internacionales como algunos naccionales. Situaciones estas que de a poco se convierten en un “deja vú”, de una parte, las instituciones y los investigadores corriendo a cargar en el poco amigable CvLac su producción científica y tecnológica; y de otra, los hacedores de ranking publicando sus resultados.

En relación con los ranking, hay que decir que los medios de comunicación hacen lo suyo; las notas sobre “las mejores universidades” ya hacen parte del libreto recurrente, y como suele suceder, esas notas acentúan el sentido simplista de la noticia del momento: “las mejores universidades” dicen los periodistas, y mencionan sin entender, los criterios que tuvo quien publica el dichoso ranking para decir que una universidad es – supuestamente – mejor que otra. Y en esto, hay que decir también que los directivos de las universidades suelen sucumbir ante el “show mediático” y rápidamente salen a mostrar como un logro el aparecer en X o Y lugar del ranking de turno; se esperaría una mirada mas crítica de parte de quienes dirigen instituciones de educación e investigación, pero lamentablemente no siempre sucede.

¿Son malos los ranking?

Considero que sí, son perversos. Y quiero aportar elementos complementarios a las críticas que ya se han realizado sobre el tema; de las cuales, instituciones como el Observatorio de la Universidad Colombiana han hecho difusión. Dentro de estos elementos tenemos:

1) Los criterios y variables que se toman para construir la escala, suelen tener un sesgo que carece de un fundamento técnico; son determinados de forma arbitraria por el hacedor del ranking, cayendo en situaciones que bien pueden ser injustas e imprecisas para definir que una universidad es mejor que otra.

Piensen en lo siguiente: tomar como base el número de “premios Nobel” que ha tenido una universidad como estudiantes o que tiene como docentes, de entrada determina que un porcentaje de la calificación está centrada en un conjunto de personas que puede no superar 100 en número de investigadores activos en todo el mundo, y las 600 en toda la historia.

Pero además, para el caso del Ranking ARWU no son tenidos en cuenta los Nobel en Paz y Literatura, si una universidad contratase como profesora a Rigoberta Menchú o a Malala Yousafzai (por no mencionar a Juan Manuel Santos) no gana nada en la medición, a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú) no le suma nada que Mario Vargas Llosa haya estudiado ahí, o a la Universidad de Chile haber tenido como graduado a Pablo Neruda. Este ranking lleva años, no cambia su método y poco o nada se habla de estos criterios cuando se publican los resultados.

2) Las metodologías de construcción de ranking son basadas comúnmente en modelos de ponderación por factores, estos modelos son altamente afectados por el sesgo de quien mide (como se muestra en el punto anterior) pero además son manipulables, y de allí las críticas que reciben instituciones como Sapiens Research en Colombia.

Además, en tiempos del big-data y la inteligencia artificial; hacer ranking basados en ponderación por factores y con información secundaria, es tarea de niños de colegio, es tomar cuadros de Excell y hacer sumas y multiplicaciones que no revisten mayor complejidad. No he visto hasta ahora, un ranking que utilice medidas estadísticas como la correlación o la desviación estándar para construir sus índices, mucho menos que usen métodos como las ecuaciones estructurales o lógica difusa; o que al menos se centren en la relación insumo-producto.

Decir que X universidad es mejor que otra porqué “produce mas”, sin tener en cuenta el presupuesto,  el coste de la matrícula, el número de estudiantes o la ubicación regional es mas que injusto.

Hacer una estratificiación y decir que una universidad es la #1 y otra la #2, sin hacer notar la diferencia en el índice calculado, induce al error, tal como sucede cuando se dice que en Colombia la U. Nacional es la primera (lo cual es obvio, por su presupuesto) y de ahí corre un listado de instituciones cuyos resultados muestran gran asimetría. ¿debería un Rector sacar pecho porqué su institución está en un determinado puesto, obviando esa asimetría? ¿tiene sentido decir que se está en las 10, 20, 30 o 1000 mejores?

Nota importante: los modelos de ponderación por factores no son malos por sí mismos, son una herramienta ágil para tomar decisiones en ámbitos empresariales u organizacionales, y en casos como el Modelo de Medición y Reconocimiento de Grupos de COLCIENCIAS, se observa como el gran esfuerzo está en procurar una acertada definición de las variables, medios de verficiación y evidencia; y además, ese modelo de COLCIENCIAS incorpora variables dinámicas al asignar una valoración a la comparación de la producción de un Grupo de Investigación respecto del acumulado histórico de los grupos en su área de conocimiento.

3) Muchos de los ranking se degeneraron; el hacedor de ranking vende consultoría para subir en el mismo; o vende diplomas de que se está rankeado; o vende eventos tipo feria de posgrados y curiosamente las universidades que pagan por estar en el evento, luego aparecen mejor en el ranking. ¿y el debate ético? Se soslaya diciendo que son organizaciones privadas, que tienen métodos propios, y que claro, al tener mas interacción con una institución (por efecto de la consultoría) tienen mas y mejor información para hacerla subir en la clasificación. No se puede olvidar que estamos hablando de educación, no solo como actividad de un conjunto de organizaciones que venden servicios, sino que la educación es un derecho. Manipular con pobre cirterio ético, las cifras o la percepción de la sociedad sobre la calidad de una institución de educación es atentar contra el derecho a la educación.

¿Y el currículo?

En Colombia, toda entidad de educación superior, e incluso las de educación para el trabajo, deben contar con un currículo, que se supone es mucho mas que un simple plan de estudios y es el resultado de una reflexión de la comunidad en torno al deber ser de la institución y sus programas de formación. El Currículo responde a lógicas, pero sobre todo a realidades del entorno en donde una institución imparte formación, y por esto mismo, los resultados de un ranking resultan casi irrelevantes, a menos que el único o principal fin de una universidad sea vender prestigio.

La globalización se basa en la movilidad de saberes, en la posibilidad de acceder al conocimiento de otros lugares del mundo sin la restricción de las fronteras legales o físicas; pensar global para actuar local, y ese actuar local implica “estrellarse con la realidad” y pensar como efectivamente se afrontan los retos de formar personas de manera integral. Recuerdo en esto, alguna conversación que tuve con José Luis Villaveces (q.ep.d) quien cuestionaba el despeño de “las mejores” universidades – aún trabajando para una – con una pregunta: “¿qué tiene mas mérito? ¿tomar a los mejores bachilleres, provenientes de familias con capacidad económica y formar apenas, unos buenos profesionales? o ¿hacer de unos bachilleres con muchas deficiencias, unos profesionales competentes y por esa vía transformar vidas y entornos? La pregunta es mas que vigente.

Esas instituciones que le apuestan a la educación centradas en un propósito fundamentado en el currículo, son buen ejemplo para el conjunto de instituciones de educación superior que afrontan serios problemas por falta de estudiantes, reducción de ingresos por matrícula y carencia de presupuesto. Puede uno suponer que siendo un requisito mínimo, todas las instituciones de educación superior lo hacen, pero no es así; las prácticas en las IES están llenas de incoherencias:

– instituciones que dicen “formar en investigación” y “proyectos” pero eliminan las opciones de trabajo de grado que implican investigar, las cambian por diplomados y hasta por supuestas pasantías que son descritas por los mismo estudiantes como paseos.

– instituciones que hacen esfuerzos en investigación, pero sólo para publicar artículos o libros, y sus mismos estudiantes ni se enteran de lo que la universidad hace.

– y ni hablar de las instituciones, donde todo el discurso de “formación integral”, “calidad académica”, y etcétera, se agota cuando el estudiante dice que no continua y no va a pagar matrícula; llega entonces el mensaje al docente: “bájele a la intensidad”, “no pueden perder tantos”, “no arriesgue su contrato”.

Muchos jóvenes no se hallan yendo 5 o mas a años a un salón para tener un título que además, no asegura mejores ingresos o prestigio; y si se trata sólo de eso: de ganar plata y tener fama, para esos jóvenes es mejor opción ser Youtuber que ser graduado de una universidad. A esos jóvenes, a diferencia de los periodistas y de muchos directivos universitarios, el puesto en uno de tantos ranking no les dice nada.