El Observatorio de la Universidad Colombiana




U. de Medellín: Acreditación sin representación estudiante – docente en el Superior

Julio 21/20 Mineducación y CNA insisten en que hayan estudiantes y docentes en los máximos órganos de gobierno de IES, pero no lo hicieron con la U. de Medellín.

La comunidad académica, representada en estudiantes y docentes, tiene participación en el Consejo Académico, mas no en la Consiliatura, o Consejo Superior, lo cual va en contra de la normatividad y las demandas que el sector siempre ha hecho a las IES para garantizar reales escenarios de participación y democracia.

Si bien la Ley 30 no es explícita en solicitar esta participación (sólo lo hace para las universidades públicas), la Constitución Política de Colombia señala, en su artículo 68, que “la comunidad educativa participará en la dirección de las instituciones de educación”.

Así mismo, en el  numeral 7 del artículo 5 del Decreto 1478, de 1994 advierte que, entre los requisitos para el reconocimiento de personería jurítica de IES privadas, deben estar los estatutos que, entre otros, deben contemplar “la descripción de la organización académica y administrativa básica, en especial la relativa a sus órganos de dirección y administración, sus funciones y el régimen de la participación democrática de la comunidad educativa en la dirección de la institución, teniendo en cuenta que éste debe contemplar la representación por lo menos de un profesor y un estudiante en la Junta o Consejo Directivo o el organismo que haga sus veces.

Incluso, en el reciente Acuerdo de Acreditación, aprobado por el CESU, se insiste en los modelos de gobernabilidad y de participación de la comunidad.

La participación en la U. de Medellín

Según los estatutos de la Universidad de Medellín, aún vigentes desde 1993. Según estos (art. 7) “el gobierno de la Corporación estará a cargo de la Asamblea General, de la Consiliatura, del Presidente, del Rector, del Consejo Académico, de los Consejos de Facultad, de los decanos, de los directores de unidades administrativas y académicas y de los demás funcionarios que el reglamento establezca”.

También dice que “los profesores y estudiantes tendrán en los órganos de gobierno de la Universidad la representación que por los presentes estatutos se les reconoce”, y resulta que estos únicamente figuran con participación en los consejos Académico y de Facultades; es decir, no tienen participación ni en la Consiliatura ni en la Asamblea.

Esta Universidad, que ha sido acreditada institucionalmente en dos oportunidades, y que actualmente tiene vencida la misma, desde agosto del año pasado, busca su tercera acreditación institucional en un polarizado ambiente interno tras la polémica renuncia, obligada, del rector Néstor Hincapié, por la presión que le significó estar investigado por Mineducación y la Fiscalía (además de otros directivos) por la posbile irregular titulación del senador liberal Julián Bedoya.

Tras la renuncia de Hincapié, en calidad de rector encargado viene actuando César Guerra Arroyave, quien intenta navegar entre dos complejas aguas: la de los fundadores y cercanos al exrector Néstor Hincapié (que aún tiene gran poder en la Universidad) y la de sus contradictores, que intentan promover una reforma estatutaria (que incluye elevar la particpación de estudiantes y profesores, entre otro aspectos), y que no han logrado su propósito.

No logra reformar sus estatutos

(Con información del Diario El Mundo, de Medellín)

Hace unos días la Universidad realizó una asamblea extraordinaria de delegatarios que no logró aprobar una propuesta de reforma de estatutos.

La Consiliatura se halla dividida en varios sectores. Por un lado, el grupo más fuerte es el del exrector Hincapié, con una muy fuerte incidencia en sectores políticos del liberalismo de Antioquia. Hay opositores, críticos de Hincapié: Son los llamados “Umea”, que son los egresados abogados de su Facultad de Derecho. También está el llamado grupo de “Los independientes”, del cual hacen parte administradores, economistas y un grupo de abogados. De esta tendencia proviene el nuevo rector. Y también figuran los “federados” de ingenierías y de contabilidad, considerados como muy institucionalistas, y apoyan a los que estén en el poder.

Estatutariamente el organigrama administrativo de la U. de M. desde su reforma en 1993 lo conforma su Asamblea de Delegatarios, donde participan y toman las decisiones cien egresados, que son los que eligen la Consiliatura, integrada por once directivos, seis de ellos egresados y cinco como voceros de los fundadores, de los que sólo queda vivo Absalón Estrada Vélez, pero por su avanzada edad, su familia cedió su voto.

La Consiliatura es la encargada de elegir al rector y en ella hay tres muy fuertes disidentes al modelo de Hincapié, que son José León Jaramillo, Édgar Arrubla y Joaquín Guillermo Gómez. Ante estos y los demás consiliarios fue que dimitió Néstor Hincapié para frenar la crisis interna que afectada a la U. de M. y ante ellos asumió en febrero pasado, antes de estallar la grave pandemia viral mundial, Guerra Arroyave, lo que tranquilizó los ánimos y refrescó la administración.

un grupo de egresados presentó un proyecto el 6 de diciembre de 2019 y con base en él se conformó una comisión de seis profesionales, representando a todos los grupos que conforman la Asamblea General de la Universidad, o el llamado “Grupo de los cien”. La propuesta de estatutos, que se discutió hace unos días en una sesión extraordinaria virtual, no fue aprobada.

Aunque las tendencias de poder en la U. de M. reconocen que la reforma incluye temas positivos para mejorar y actualizar la gestión académica y administrativa del claustro, también se escucharon observaciones que habían propuestas con nombre propio, como que los mayores de 75 años ya no podían hacer parte de la asamblea de delegatarios, lo que estaba dirigido a sacar a Néstor Hincapié. O que ningún egresado que fuera elegido en cargos de elección popular hiciera parte de los órganos de dirección, lo que iba en contra de Aura Marleny Arcila, actual concejal de Medellín.

Así las cosas, nunca hubo un consenso entre los miembros del comité sobre el proyecto de reforma, pero decidieron firmarlo y que fuera la Asamblea extraordinaria la que tomara la última palabra.

Y así fue. De los cien asambleístas 67 votaron negativamente, 26 positivamente, hubo cuatro votos en blanco y tres ausencias por vacancia.

Por tal motivo continúan rigiendo los estatutos de 1993, al tiempo que los perdedores alegaron que les aplicaron la aplanadora y los ganadores que triunfó la democracia de las mayorías.

Uno de esos “perdedores” es el Consiliario Édgar Arrubla, quien señala que “esto fue una burla especialmente para los egresados de las nuevas generaciones, que esperaban formar parte del gobierno de la Universidad, lo mismo que los estudiantes y los profesores que esperaban hacer parte de la Consiliatura. Y fue una burla porque a pesar que son mayoría, pues tenían mayor responsabilidad que las minorías y no la asumieron con juicio, ni con amor ni con respeto con el acta fundacional que los gestores dejaron cuando crearon a la Universidad de Medellín”.

Clic para ver entrevista con Arrubla.

Compartir en redes