Sept 25/19 Tras las acusaciones del exdirector de Extensión de esa U., que involucran al rector Ricardo García, y algunas protestas estudiantiles, el rector expidió un comunicado en el que desmiente todo.
García Duarte, reconocido como académico, señala que las afirmaciones del juzgado por la Procuraduría, Wilman Muñoz, quien destinó cerca de 10 mil millones de la IES en gastos pesonales, no son ciertas en lo que tiene que ver con el rector y otros directivos.
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Muñoz dijo, en testimonio a la Procuraduría, que con ese dinero se habría contribuido a la campaña de elección de García, quien respondió que en su llegada a la Rectoría no hizo acuerdos políticos con nadie.
El siguiente es el texto del comunicado:
Ninguna de las afirmaciones hechas por el señor Wilman Muñoz ante la Procuraduría son verdad. No corresponden a la realidad. En cambio, son grotescas y calumniosas; y me causan daño moral a mí y a otros directivos de la Universidad.
Jamás le ordené que hurtara dineros de la Universidad para sufragar los gastos de alguna “compañía” para fines sexuales. Decir semejante barbaridad es un oprobio. Tampoco lo autoricé para que me organizara un cumpleaños y menos en un lupanar. En ningún momento me pagó con la tarjeta de crédito, de la que abusaba, algún servicio de comercio carnal.
Lo que él costeara con esa tarjeta y que no tuviera carácter misional del Idexud, sino que fuera de interés privado, lo hizo bajo sus exclusivos conocimiento y responsabilidad. Ahora ha querido hacer creer que yo conocía la existencia de la tarjeta de marras y que autorizaba sus gastos personales. Con todas estas expresiones, falta totalmente a la verdad. Es difícil encontrar a una persona que mienta tan descaradamente y, peor aún, que lo haga dentro de un proceso judicial o disciplinario.
Tampoco es cierto que él nadara en las aguas turbias de la corrupción, solo para hacerlo bajo mis órdenes, cuando yo era un profesor y supuestamente “cabeza de la corrupción”, con el objetivo avieso de conseguir mi designación como rector; todo lo cual es una afirmación monstruosa en la que hay desmesura, contradicciones y falsedad: ¡diez mil millones sustraídos por un alto funcionario, bajo las órdenes de un simple profesor para “cuadrar” seguramente los votos del órgano máximo de dirección!! Se trata aquí de una mentira con múltiples afectados a los que se les lesiona su dignidad.
Por cierto, en el proceso de designación del rector, incluida una Consulta Democrática, no hice acuerdos políticos con nadie; y menos de carácter burocrático. La prueba es la circunstancia de que a ningún personaje le he dado cuota en el organigrama de los cuadros directivos de la Universidad; y que no he compensado favor político alguno proveniente de una instancia de poder; favor político que otra parte tampoco ha existido.
Es increíble que cualquiera de estas mentiras, especialmente desproporcionadas y carentes de toda verosimilitud, puedan encontrar oídos receptivos en miembros de la comunidad universitaria, los cuales en vez de condenar la corrupción, como yo lo he hecho, con pruebas, hiciesen eventualmente eco a las mentiras del denunciado; mentiras desvergonzadas con las que engaña a la justicia a pesar de haber pedido un principio de oportunidad para colaborar, algo muy lejano de lo que está haciendo, todo un verdadero fraude al proceso judicial y una acción de destrucción moral contra quien lo denunció.
Por otra parte, los procesos contra el señor Muñoz, imputado por varios organismos de justicia, continúan, razón por la cual hay que exigir las pruebas de sus ataques a fin de darles algún viso de credibilidad, pues sin ellas no pasan de ser expresiones de mala fe pronunciadas con el mezquino ánimo de venganza y no a partir de la búsqueda de la verdad, la misma que debe estar acompañada por la intención de pedir perdón a la comunidad y mostrar interés en repararla, algo que no se ve en el horizonte del proceso.
¡El combate a la corrupción!
Es la hora de la lucha decisiva contra la corrupción y los vicios que le quitan su razón de ser a la esfera de lo público; es el momento de combatirlos, así los corruptos infamen con sus injurias a los denunciantes. Dicha lucha no es marginal, está en el centro de las líneas de fractura de la democracia: una línea definida entre los que estamos en contra de la corrupción sin vacilaciones y los que guardan actitudes complacientes con aquella.
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