Julio 25/21 Era hora que un rector y vocero de asociación dijera las cosas por su nombre ante la molesta discriminación del sector hacia las IES no acreditadas.
Con el título “Reivindicando la dignidad de las IES no acreditadas”, el presidente nacional de ACIET y rector nacional de la Fundación Universitaria María Cano, Hugo Alberto Valencia Porras (foto), rechaza enfáticamente el populista y desafortunado mensaje del senador Rodrigo Lara Restrepo, quien afirmó que “las IES no acreditadas ofrecen una educación de basura”, en referencia a algunos políticos que han asimilado a éstas con el erróneo concepto de “universidades de garaje” (recuérdese, también, que así lo hicieron, en su momento, el entonces presidente Santos, la ministra Parody y el exdirector de Planeación Nacional, Simón Gaviria).
Pero no sólo han sido ellos los que han trabajado mal este imaginario que pretende relacionar que las IES no acreditadas son sinónimo de mala calidad, desconoce el asimétrico, irregular y desproporcionado modelo de creación, gestión y asignación de recursos en la educación superior colombiana, y que si bien la acreditación es un importante paso no es el único esquema para valorar el impacto, la inclusión, la calidad y el proyecto de país que se construye desde la academia.
La opinión del presidente de ACIET, o Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior con formación Técnica Profesional, Tecnológica o Universitaria, que congrega a más de 50 IES de todos los niveles, tipologías y desarrollos de calidad, en todas las regiones del país, debe ser un importante referente para que periodistas, analistas y, especialmente, rectores de muchas IES acreditadas y funcionarios públicos, reconsideren el sesgado juicio de que el único camino para ser importantes es estar acreditados, mientras que más de medio país enfrenta dificultades de acceso, el sistema avanza hacia la destrucción de las IES más pequeñas y, salvo la matrícula en las IES públicas, estudiar en una institución acreditada demanda muy altos costos.
Por considerar que la opinión del rector Valencia representa el interés de la mayoría de rectores de IES del país, a continuación ésta se reproduce textualmente:
Aunque las dificultades son grandes, los fundadores, presidentes, rectores y directivos de las IES colombianas no nos rendimos en nuestro empeño para que la formación siga siendo un poderoso instrumento de transformación social y laboral que habilita para la vida y el trabajo a millones de compatriotas y contribuye a la construcción de un futuro en paz, más digno, viable y sostenible con inteligencia productiva de Nación.
Debemos reconocerlo. Las IES tampoco nos salvamos de los difíciles tiempos por los que atraviesa nuestra sociedad: La pandemia, las restricciones económicas, el complejo ambiente de orden público, las acusaciones injustificadas, la polarización y la baja en la demanda de estudiantes están poniendo contra la pared a un buen número de instituciones, especialmente las privadas.
Es importante recordar que en el país los recursos del Estado para la educación superior se invierten, fundamentalmente, en aportes a las IES públicas, mientras que las privadas, que también prestan un servicio público de educación, deben sobrevivir con las matrículas y algunos ingresos marginales producto de su gestión.
Si bien contamos con muy prestantes y sólidas universidades privadas, que nos generan orgullo por su tradición, capital, relacionamiento y capacidad de negociación político-sectorial, son decenas (por no decir que más de cien o ciento cincuenta) las IES que se fundaron gracias al empeño vocacional de patriarcas, académicos, empresarios, comunidades religiosas, líderes sociales y visionarios, que se atrevieron -una vez cumplieron todos los requisitos de calidad y de ley- a abrir sedes en municipios y regiones en donde no había presencia alguna de la educación superior pública, a desarrollar programas que demandan una importante inversión, y hasta operar a pérdida con tal de darse a conocer y de prestar un servicio académico digno y de proyección social que le diera oportunidad a los estudiantes que confiaron en ellas. La historia registra cómo muchos de estos pioneros debieron comprometer sus recursos financieros propios, hipotecar propiedades y pedir gravosos préstamos para pagar nóminas y construir edificaciones, mientras despegaban.
La educación superior privada en Colombia no es, como algunos olímpica y erróneamente lo han afirmado, un negocio. No tiene ánimo de lucro, y cuando las matrículas caen, su operación puede verse afectada de manera significativa. Como está contemplado en la Ley 30 de 1992 (art. 98), las IES no tienen ánimo de lucro. Esta situación, que para muchos es compleja y difícil de comprender, exalta la vocación y el compromiso de IES que por décadas difícilmente han podido sobrevivir con los ingresos de matrícula, que se debe gestionar constantemente para alcanzar niveles que permitan semestralmente el equilibrio y sostenibilidad que garanticen su continuidad y permanencia en las regiones donde tienen presencia.
También dignifica aún más el compromiso y trabajo de quienes están detrás de estas IES, las múltiples inversiones que, vía diversas normas de legislación laboral, de seguridad, de infraestructura física y tecnológica y de calidad académica (registro y acreditación), se han debido realizar gradual e incrementalmente en los últimos lustros, para cumplir exigentes condiciones demandadas por el Estado, a fin de asegurar la tranquilidad y la debida formación de nuestros estudiantes.
Permítanme insistir en estos aspectos, porque las críticas, mensajes en redes sociales, estigmatización y hasta anuncios de algunos personajes de la opinión pública, son inmerecidos. Estas IES crecieron, por iniciativa propia, sin apoyo del Gobierno, y con recursos privados, en medio de adversas circunstancias: Se atrevieron a invertir en aulas, talento humano con profesionales y docentes altamente especializados, bibliotecas, dotación y laboratorios en municipios en donde únicamente se podía llegar a caballo o en chalupa; le dieron la posibilidad de soñar en un mejor futuro a cientos de miles de jóvenes para los que sería imposible, de otra forma, acceder a un programa de educación superior, pese a que las condiciones del entorno y los recaudos por concepto de matrículas difícilmente les han permitido garantizar profesores con doctorado, tener investigadores altamente escalafonados, realizar intercambios académicos internacionales, implementar tecnología de punta o lograr mejores desempeños en las pruebas Saber Pro sin importar los niveles de entrada evidenciadas en las pruebas saber 11, entre otras exigencias, que no se puede generalizar, pero son condiciones que un buen número de pares, el Conaces y el CNA muchas veces piden en sus procesos, como si estuvieran de espaldas a la realidad de un país que no parecen vivir ni sentir.
Pensamientos destructivos y no formativos
Por todo esto, humanamente duele, da tristeza y desazón cuando se hace un recuento de los últimos años y se encuentra que un expresidente de la República, una exministra de Educación, un exdirector de Planeación y ahora un honorable senador de la República, entre otros, estigmatizan a las IES no acreditadas identificándolas como “universidades de garaje”, no sólo desconociendo la normatividad del sector, sino la dignidad y el trabajo sacrificado de quienes han dado su vida por la educación superior.
Como ciudadano, académico, presidente de ACIET y rector no puedo callar y dejar pasar la peligrosa estigmatización que el Senador de la República, Doctor Rodrigo Lara Restrepo, sin medir la gravedad de sus palabras, ha hecho en pleno recinto del Congreso de la República, al afirmar que “las IES no acreditadas ofrecen una educación de basura”. Puedo pensar que el senador desconoce que en Colombia todas las IES que ofertan programas académicos tienen el debido reconocimiento legal y cumplen las condiciones muy exigentes y adecuadas de calidad para poder servir; que la acreditación de alta calidad además de ser un proceso voluntario, como su nombre lo dice, responde a una mayor exigencia y que sólo la tienen cerca del 20 % de IES del país, porque es temporal, porque es muy costosa y porque lo que demanda no siempre es posible de cumplir por todas las IES, especialmente las que llegan a municipios pobres y regiones distantes del país.
Que el senador Lara ataque el modelo del Icetex y dé argumentos para defender a los deudores de dicha entidad, afecta el buen nombre, el esfuerzo, el compromiso y la imagen de cientos de IES que no tienen el prestigio, el reconocimiento, niveles superlativos de calidad, la chequera, el relacionamiento y la tradición como aquellas con las que este legislador seguramente conoce.
El país tiene una deuda de gratitud con estas IES privadas no acreditadas, porque han llegado a donde muchas de las grandes no han optado, porque han brindado educación competitiva a bajo costo, porque no han cerrado las puertas con procesos de admisión clasistas, selectivos en condiciones de igualdad entre desiguales, porque han complementado la limitada capacidad del Estado para atender la cobertura educativa, y porque sin ellas hoy no se estaría pensando en una masificación sino en una tragedia educativa. Por esto es importante, entonces recordar, que cada estudiante de educación superior es un proyecto de vida al igual que su familia, que hay que atender con dignidad, calidad y respeto, y son las IES privadas las que hoy atienden aproximadamente el 49% del total de la población estudiantil de Colombia que el estado no alcanza; de las 300 IES hay 69 acreditadas en alta calidad de las cuales 29 son públicas y 40 privadas. Esta es la realidad.
Hago una invitación cordial para que en lugar de sacrificar social y políticamente a estas IES, el país, el Ejecutivo con el Ministerio de Educación y el Icetex, y el Legislativo con el Congreso, las asambleas y los concejos, contribuyan a que los colombianos, a los que sirven estas instituciones de educación superior, cuenten con más y mejores condiciones de crédito educativo, de conectividad y de acciones de fomento, entre otros aspectos.
Tristemente vivimos un lamentable escenario de polarización, de estigmatización y de inversión de valores. Ahora resulta que quienes han dado su vida por la educación pretenden ser mostrados como “los malos de la película”.
¡Prudencia, por el amor de Dios”!
Información de referencia:La incendiaria y peligrosa afirmación del senador Lara, que desconoce la lógica de la acreditación (junio/21)
![]()
