
Por: José Joaquín Cuervo Polanía. Columnista de La Nación.
La Universidad nació cuando hubo necesidad de acometer el saber y la enseñanza como un patrimonio universal, Cuando se quedaron rezagados los conventos, las catedrales y los monasterios como únicas fuentes de enseñanza, por eso la Universidad nació con intención tolerante y con capacidad dialogante. La universidad viene de universalidad, de tolerancia e independencia, la autonomía nació como elemento esencial de su ser. La universidad nació para desarrollar principios sociales sagrados. La Universidad es la ventana para ver el mundo de manera más amplia, es un tesoro social que nos ha sido encomendado por una sociedad que busca ser más tolerante y dialogante. La universidad como madre nutricia y maestra exigente es a la vez el soporte moral y la guía amorosa de la sociedad, nos ratifica la identidad y nos guía el camino del progreso y la superación . Esa sacralidad del alma mater ha sido profanada, la desacralización ha sido constante; en ella hay tantos intereses personales y egoístas que olvidan que lo más intrascendente de la universidad, lo más pasajero y contingente son sus autoridades y sus grupos interiores de poder. La Universidad debe sopreponerse e imponerse a quienes durante tantos años la han tenido como un caudo electoral, como simple bolsa de empleo o de contratos. La Universidad no puede aprovecharse de su autonomía ni para violar el derecho de la comunidad que espera un buen gobierno interior ni para violentar los derechos fundamentales y colectivos que se vulneran por la corrupción.
La Universidad merece una intervención moral estamentaria, merece transparencia y un trato acorde como el que se debe dar a quien por ser más sabio se supone que debe ser más ético. Estudiantes, docentes, administrativos de la Universidad Surcolombiana deberían en estas épocas de crisis proponer una especie de constituyente en que todos nos comprometamos a superar el complejo de Orestes reinante: muchos de los que succionan las tetas de la madre, se aprovechan de ella y contrario al complejo de Edipo, solo la quieren matar.
Mejor dicho, lo que hace falta es presión externa, de todos los Neivanos y Huilenses, que la ciudadanía reaccione para que estos personajes entiendan que no pueden seguir haciendo lo que les da la gana con la educación, con los sueños y el futuro de nuestros hijos, que también son los sueños y el futuro de esta ciudad y departamento.
Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará? Si el alma mater deja de ser el soporte moral de nuestro pueblo, se habrá perdido la esperanza de construir una sociedad más proba y sabia.
Tomado de La Nación. Septiembre de 2018
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