Universidad frente al poder de medios como Youtube: Felipe Cárdenas – oct/21

Felipe Cárdenas, columnista de esta Observatorio, se pregunta ¿qué acción educativa y cultural debería tener la Universidad frente a hechos marcados por la censura de las grandes plataformas de la comunicación?

Google-YouTube me canceló el jueves 23 de septiembre del año 2021 mi canal de Theodidactas, cuyo nombre reflejaba mi admiración por la obra y pensamiento de pensador ruso Pavel Florenski.  Un pequeño canal con más de mil seiscientos seguidores y unos 650 videos que tenía alojados en la plataforma.  13 años de trabajo, con contenidos diversos de orden educativo, etnográfico y académico, que fueron borrados en un instante dada mi posición crítica, que como antropólogo he mantenido frente las formas en que se ha venido manejando la situación de salud pública a nivel mundial en el último año y medio por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es de todos los académicos y científicos que abordan el tema de la salud en la vasta literatura científica que está disponible que el marco conceptual que esta organización maneja es inconsistente en varias de sus definiciones y concepciones del universo de la salud-enfermedad. 

No valieron para nada mis anclajes en el campo de la antropología médica y ambiental, ni las fuentes documentales y científicas, como el ejercicio de observación intelectual serio y riguroso frente a la implacable y demencial censura de YouTube.  Con base en ese episodio cuya expresión tiránica y mezquina lo colocan a uno en la más absoluta indefensión es que se origina la reflexión que sigue. Comparto mi preocupación en el marco de un evento triste y desagradable, que se viene repitiendo a nivel mundial con miles de canales que están alojados en YouTube.

Situación vergonzosa para grandes compañías como la mencionada, puesto que pone en evidencia el estado de relaciones y poder que manejan estas organizaciones, que yo defino como marcadas por el neo imperialismo repotenciado de plataformas y negocios mediáticos que no le responden a nadie ni le tienen que rendir cuentas a nadie.

Hace 13 años seducido por una antropología hermenéutica nació un canal cuya bitácora daba cuenta de la vida cotidiana de un profesor universitario. Más de dos millones de visualizaciones en un canal que estaba al servicio del diálogo académico y que intentó generar rupturas y descentramientos epistémicos que pusimos a caminar en función de mis propias voces y de otras voces interesadas en comprender que había que “parar orejas”, y dialogar con las nuevas geografías y cartografías de lo virtual.  Borraron para mí más de 30 años de experiencia y vivencias académicas, pues todo el material está depositado en los archivos de You Tube, cuyo patrimonio audiovisual le pertenece a toda la humanidad, empezando por los dueños de los canales, a quienes se les está violando sus derechos de propiedad sobre el material, y configurándose así un delito informático para el cual nuestra estructura institucional todavía no tiene conceptualización alguna.  Si se consulta la página de la Policía Nacional y Fiscalía, hechos como el que comentaremos pareciera que se tipifican como la denuncia hacia un raponero. Ese es el nivel de protección legal que tenemos los colombianos frente a las redes del mundo globalizado.

En esta época de pandemia, el poder de plataformas mediáticas y tecnológicas ha hecho sentir toda la fuerza y vigor del semblante real del totalitarismo neo imperial que ejercen compañías como Google y otras en el campo de las comunicaciones mundiales. Plataformas como YouTube, Facebook, Instagram y Twitter vienen censurando a miles de personas que han confiado en la “bondad” de estos medios para ampliar sus mensajes y comunicar la enorme diversidad cultural y comunicativa que caracteriza a una sociedad globalizada como la que estamos viviendo. El más célebre de los casos ha sido el de Donald Trump, a quien Twitter le cerró su cuenta hace ya más de un año, por violar presuntamente sus normas comunitarias. De manera farisaica YouTube, empresa de Google viene cancelando canales de científicos, académicos y profesores universitarios que a nivel mundial hacen una valoración académica y científica documentada y que se enfrenta a las concepciones de salud-enfermedad que tiene la OMS sobre la pandemia que se vive mundialmente. En todos los casos en que una organización como YouTube cancela un canal no hay forma de recuperar la información visual depositada durante años en dicha plataforma. Simplemente se pierde todo el trabajo y el material; la única autoridad para apelar es el mismo equipo legal de YouTube.  

No voy a hacer una apología de un marco libertario, que de todas maneras tiene que someterse a unas normas comunitarias que desde luego deben de existir. No estamos hablando de la censura y el control que se debe hacer sobre canales o personas que abiertamente son violentos o hacen apología del terrorismo, del crimen etc. Estamos hablando de aquellos canales cuyas opiniones y producciones de manera respetuosa, ya sea con ironía, humor o incluso desde formatos planos muy típico de los profesores universitarios, proporcionan argumentos para reflexionar sobre la realidad de una manera distinta a la que ofrece el relato oficial con sus tintes marcadamente ideológicos, y que vienen configurando a los grandes medios de comunicación tradicionales como títeres al servicio del mejor postor.

Quien se oponga al implacable marxismo cultural o a los dictámenes de la extrema derecha que marca el sistema de producción discursivo que empresas como Google-YouTube, Facebook, Twitter o Instagram le quieren imponer al mundo sufrirá la censura.  

La pregunta de fondo es: ¿cómo responde la universidad y sus académicos a un neo imperialismo mediático que pareciera que no está sujeto a ningún control por parte Estado, los gobiernos o las naciones del mundo. Cuando McLuhan en la década de los años 60 del siglo XX afirmaba que el mensaje era el medio, no alcanzó a visualizar que la guerra por el relato se iba a imponer por grandes corporaciones transnacionales quienes terminarían controlando tanto el medio como el mensaje. Eso es precisamente lo que está sucediendo:  compañías como Google-YouTube y similares controlan tanto el medio como el relato y nadie tiene el poder de controlarlas. Es una paradoja, puesto que se podría contra argumentar afirmando que millones de canales y usuarios tienen el derecho de comunicar lo que quieran. Sin embargo, YOU TUBE en su política comunitaria claramente se afirma a favor de determinadas lecturas paradigmáticas de realidad. Puede tolerar sin ningún problema a un youtuber con sus millones de seguidores hablando a favor de sus preferencias pansexuales, pero viene demostrando que es incapaz de aceptar canales que defiendan, por poner unos ejemplos:  la soberanía nacional, el concepto de patria o la expresión axiológica del sentido de la trascendencia-inmanencia en sus lecturas clásicas.  

Las grandes compañías mediáticas imponen el relato, censurando a quienes no están de acuerdo con sus reglas y normas comunitarias. En pocas palabras, se censura a quienes no compartan su agenda mundialista. Sin duda, dominan la casi totalidad de la geografía virtual, y así, imponen una visión de mundo cuyo eje es de orden totalitario, y cuya expresión a largo plazo es generadora de violencia física y simbólica.  No son compañías interesadas en ejercer control moral sobre la perversión o las estructuras violentas de la sociedad en sus discursos interpretativos dominantes, todo lo contrario, su proyecto ideológico da vía libre a una supuesta sociedad científica marcadamente anti humanista, cuyo correlato niega valores morales o éticos que en su visión “progre” vienen del pasado o de tradiciones antiguas de pueblos, que tienen cabida en sus canales como la expresión de supervivencias del pasado que se toleran hasta que sus voces vivas terminan  entrando en contradicción con la agenda ideológica mundialista.  Enfrentarse a la censura de YouTube es una pelea pérdida. El poder de estos nuevos neo imperialismos, tiene la fuerza de hacer tambalear Estados, ya lo hemos visto en sus polémicas con los rusos o y los chinos., donde estos gigantes imperiales, la han visto difícil controlando el poder y el matoneo de plataformas como Youtube en sus países. 

El mundo en este momento está sujeto a las “normas comunitarias” de plataformas como YouTube, que tienen un poder económico que triplica el Producto Interno Bruto de la gran mayoría de los países del mundo. Léase bien, YouTube triplica el PIB de un país como Colombia o de países con economías similares. Entonces me surge la siguiente pregunta: ¿Qué acción educativa y cultural debería tener la Universidad frente a hechos marcados por la censura de las grandes plataformas de la comunicación? No tengo la respuesta, pero sí creo que el tema debería ser objeto de discusión y diálogo en el Campus Universitario, hacer parte de sus proyectos de investigación, líneas de trabajo y debate al interior de la universidad.  No estamos ante un tema menor, You Tube, Facebook, Twitter, desde un aparente y falso pluralismo que pareciera que nos obnubila con falsos espejismos de libertad de expresión, están desplegando toda una disciplina del control político y social que configura y establece las bases de la anatomía moral de nuestras sociedades “plurales”, siendo ellos los que definen lo que es un <<fake news>> o una noticia verdadera; y generando así un ambiente donde no hay espacio para el disenso intelectual que controvierta con argumentos el relato “mitológico” que quiere imponer la elite mundial dueña de estos grandes medios y plataformas comunicativas y tecnológicas. Google-YouTube y sus agendas ideológicas deben ser objeto de estudio académico y universitario, como también deben de tener un claro marco de control y regulación legal que le brinde protección real y efectiva al usuario de estas redes.

El disciplinamiento arbitrario que vienen imponiendo mega transnacionales como YouTube-Google deben de contestarse en un plano nacional y cultural que implique también la intervención sobre estas plataformas de agencias multilaterales como la UNESCO, OCDE y ONU. Las técnicas de control, censura, la lógica tecnológica y mediática de compañías como YouTube-Google, más allá de los grandes servicios que ofrecen y que pueden pensarse como indiscutibles y que son realmente sorprendentes, como fascinantes, debe ser el foco de atención de una universidad que entienda que  sus canales institucionales abiertos en YouTube, o los canales abiertos por sus estudiantes o profesores pueden ser cancelados en el momento en que el algoritmo de esta compañía considere que se violó la norma comunitaria. La microfísica del poder de plataformas tecnológicas como las señaladas, deben a su vez de estar sometidas a normas comunitarias, nacionales, legales, universitarias y culturales. No es una tarea sencilla la que la sociedad tendrá que ejercer dada la ubicuidad del mundo virtual, sus complejas topologías y geografías. En la actualidad, las reglas del juego y las normas las imponen estas grandes compañías y el control ciudadano sobre ellas es inexistente. El ciudadano cuando surge un conflicto con estos emporios multinacionales no tiene ninguna arma de defensa legal, y nuestros Estados, vienen manejando una normativa, que, de existir, está rezagada varios años en términos de los desafíos que plantean las nuevas geografías virtuales que han transformado de manera radical la vida de todos nosotros en este planeta. Es de carácter imperativo la tarea estatal de regular y exigirles a compañías de la naturaleza mediática como la comentada que se sometan a las leyes y al marco legal de nuestros países. Mínimamente deberían tener como exigencia el que contaran con oficinas presenciales en los países donde operan, que se les exigieran certificados de existencia legal y que pagaran impuestos e hicieran declaración de renta. La nación les proporciona toda la infraestructura, las redes eléctricas, los desarrollos satelitales, el uso del espectro electromagnético, que es uno de los elementos constitutivos del territorio colombiano, bien público, propiedad es de la Nación y cuya administración le corresponde al Estado, y bien por el cual hoy no están reconociendo ni pagando absolutamente nada.  En el contexto actual, ninguno de los grandes medios de comunicación y plataformas tecnológicas como las mencionadas, retribuye de manera tributaria al fisco nacional. Desde nuestra inocencia geopolítica y sumisión latinoamericana todo lo que venga de los yankees se piensa como bueno, estos entes neo imperiales vienen haciendo lo que se les da la gana con nuestros valores soberanos y patrióticos y están pisoteando la dignidad de miles de ciudadanos a lo largo del mundo.

Habría que recordarles a compañías como Google-Youtube, Facebook, Instagram, Twitter, etc., que, en la civilización occidental, desde los tiempos presocráticos, el debate ha sido la fuerza estructurante de la idea de mundo, realidad y democracia. La humanidad, desde su ángulo visual occidental no se define por un código concreto de normas, como diría el profesor Octavio Fullat, sino por su normatividad o capacidad de fijarse líneas de conducta en cada circunstancia.

La forma de contrarrestar, por lo menos de manera parcial el imperialismo mediático de estas grandes plataformas tecnológicas, es hacernos consientes y hacerles caer en cuenta a nuestros estudiantes, como a toda la comunidad universitaria, que todo lo que subimos, consumimos, comentamos, no nos pertenece. Los consumos culturales, que se alojan en estas enormes redes tecnológicas no es de nuestra propiedad. La aparente gratuidad con la que operan, en sus servicios básicos, es inexistente. Téngase en cuenta que, en cualquier momento, pueden <<delete>> toda la información de uno de sus usuarios-clientes, especialmente si manejan una cosmovisión a favor de la vida, la democracia, el estado de derecho, y el valor de principios-valores trascendentes propias a lo mejor de la civilización occidental.  Tal como está el marco legal y normativo en nuestros países, nada podemos hacer como <<ciudadanos del mundo>> frente a la arbitrariedad; y ni siquiera los Estados-Nación tienen poder de intervención o control sobre las normas comunitarias y agendas ideológicas definidas por You tube. Gran parte de nuestra información y vida les pertenece. Estas son las dictaduras de tercera generación, y sin duda ganarán y evolucionarán cada vez más en el logro de sofisticados mecanismos de suplicio si se enfrentan con instituciones y ciudadanos poco críticos y totalmente adoctrinados en las modas y consumos culturales que buscan imponer. La tarea es explorar, crear e incorporar nuestras propias plataformas como expresión de la diversidad planetaria y no depender absolutamente de compañías que paulatinamente quieren controlar nuestra forma de pensar y actuar frente al mundo, negándonos la libertad de expresión y debate.

Como addendum final, se hace claro que debemos explorar otros canales e intentar romper con el monopolio que ejercen en la actualidad las organizaciones mencionadas. A manera de ejemplo podemos acceder y vincularnos a canales más democráticos, siendo plenamente conscientes que no podemos depender de plataformas como las que he referido. Las universidades y la sociedad deberán promocionar plataformas culturales que fomenten la creación propia y la autonomía frente a los gigantes tecnológicos.  Así existen alternativas a YouTube, por mencionar solo algunas:  https://odysee.com/; https://rumble.com/ y otras, que tienen normas comunitarias más democráticas y menos arbitrarias.

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