Sept/26 Alzate, de la Universidad Autónoma Latinoamericana señala cómo la pérdida de identidad y horizonte institucional, junto a la falta de docentes comprometidos, causa la deserción en la educación superior.
A propósito de la deserción en la Educación Superior
La identidad no es una cosa solamente imaginada, sino que llega a hacerse real a través de su influencia sobre las acciones que lleva a cabo el individuo biológico que es el sujeto de esa entidad. Uno no puede verse como algo (una entidad), sin considerarse a sí mismo como un ejemplar de una forma de ser. La identidad es imposible sin la memoria, pero también sin alguna forma de conciencia. Y una de las bases sobre las que descansa esta entidad (la identidad) son los recuerdos del pasado que contribuyen a su creación. (Bellelli, 2000)
Todas las universidades a partir de la crisis que viven se están reinventando, por ello quienes las dirigen desde la Rectoría, los Decanos, los Vicerrectores, y para todos aquellos que de alguna manera participan en su devenir vienen entendiendo la importancia de conocer la historia de su institución, la identidad que forjó a estudiantes, profesores y empleados, así mismo develar las razones por las cuales se ha ido disuadiendo su horizonte y su identidad.
Es posible que, los relevos académicos que se han venido dando ya sea de orden generacional o por las exigencias académicas a las que han tenido que acogerse para estar al nivel de los desafíos que se plantean para la Educación Superior en lo que tiene que ver con Registro Calificado, Acreditación de Programas y Acreditación Institucional, las haya llevado al extravío de su horizonte e identidad, y esto puede ser además una de las razones por las que se ha perdido motivación por parte de los jóvenes para buscar la Educación Superior.
Aquella Universidad que permite en el liderazgo de sus programas la presencia mayoritaria de egresados de otras universidades, están en serios problemas, pues esto quiere decir que no creen en sus propios egresados. Paradójicamente estas instituciones son las que vienen sintiendo con mayor fuerza la crisis por ausencia de estudiantes; esta actitud demuestra que no hay congruencia entre identidad y horizonte institucional con la formación de sus profesionales. Para que esto suceda todo se cubre con el sudoroso manto de la legalidad institucional que emana de los Consejos, o de sus formas autónomas de gobernarse.
Es cierto que en lo transcurrido de este siglo XXI se ha obligado a las universidades a transformar sus normas y su estructura; el mundo de la globalización ha llevado a que las universidades del mundo se inscriban en una dinámica de cambios acelerados, tales como la integración y adaptación de su vida institucional a contextos de internacionalización, así como el impulso a la comercialización de sus servicios de investigación, o bien a nuevas condiciones económicas, laborales y políticas que inciden también en el desarrollo e impacto social de sus tareas fundamentales. Pero esto no es razón suficiente para excluir a los egresados de los procesos académicos.(Cortés Vargas, 2011)
El tema de la identidad y el horizonte institucional, son asuntos que deben mirar las universidades a la luz de lo que viene sucediendo tanto a nivel interno como a nivel externo para develar aciertos y debilidades en el ámbito de la construcción de comunidad académica y tejido social universitario, que fue duramente lesionado por la pandemia; todas la universidades desde la crisis pospandemica, deben mirarse en su devenir para fortalecer o repensar su identidad, restaurando sus tensiones teóricas y reconociendo sus complejidades históricas. El asunto no es tan simple como se ha creído, por ello es importante retomar el trasegar histórico para incluir al egresado como parte fundamental de la identidad. “Si bien el discurso, los símbolos o la ubicación geográfica de las universidades constituyen un canal de expresión de la identidad institucional misma y reflejan el papel que ello juega en la definición de los intereses, objetivos y tareas universitarias, están lejos de constituir por sí mismos una explicación acerca del significado de la identidad institucional universitaria. El legado histórico es valioso elemento que indica caminos en la construcción de identidad en la Universidad”. (Cortés Vargas, 2011)
La identidad universitaria se encuentra también en sus marcos valorativos, en sus repertorios culturales y en sus formas de organización; en sus antecedentes históricos, así como en los elementos que son parte integrante y dan sentido a su a su Proyecto Educativo en relación con las exigencias del Estado y la manera como asume su autonomía. La identidad y el horizonte de una universidad se visualizan a nivel internacional porque sus proyectos educativos trascienden su campus asumiendo de esta manera la relación con la sociedad. Algunas ideas para reconstruir la identidad institucional: equilibrio de docentes en los programas para un dialogo académico certero, estos es tener presencia y diálogos académicos con egresados de otras universidades, pero ante todo creer en los propios egresados. El programa que nombra mayoritariamente docentes de otras instituciones, está perdido. Uno no puede hablar con convicción de lo que no siente. No es lo mismo dictar clases y cobrar por ello que sentirse parte de una Comunidad Académica. Un docente que se identifica con la Universidad que le acoge, es un interlocutor válido que establece lazos identitarios con sus estudiantes y está presto a apoyarlos con inteligencia y sabiduría. Un profesor con identidad institucional es aquel que se preocupa por la deserción de un estudiante y busca desde el dialogo la permanente motivación para que cada día sea la clase un disfrute desde el dialogo de saberes y aprendizajes.
Narrativas para ilustrar lo dicho hasta acá. Sin identidad ni horizonte el lado gris de la docencia. Con frecuencia escribo reivindicando el ser maestro mas que el ser doctor, porque desde mi propia experiencia he sido testigo de no pocos casos en los que eminentes académicos con muchos cartones son un fracaso como docentes. Quizá les cobran a sus estudiantes el trasegar gris con el que lograron todos los títulos, por ello antes que indicar rutas hacia el aprendizaje, imponen sus ideas. Antes que entender su labor como un ejercicio de enseñanza aprendizaje consideran que todos los demás son ignorantes. Estos dictadores de clase por lo general recorren muchas universidades, pero en ninguna están; no tienen ni identidad ni horizonte. Le hacen daño a la institución cuando desde su saber acartonado y la soberbia con la que arropa sus dotes de investigador o investigadora motivan la deserción de los estudiantes.
Son mercenarios de la academia. Su vida es un salario adecuado pero su actitud es policiva y punitiva y se alegran cuando un estudiante les abandona su catedra porque la calidad de sus saberes se mide por la cantidad de los estudiantes que le desertan. Estos acartonados, expertos en formatos y en marcos teóricos nunca reconocen sus errores y siempre se victimizan o alegan persecución. No advierten sus falencias porque sus egos no permiten identidad y horizonte. Son inmaculados de la academia. Estos doctos académicos de cartón tarde entenderán lo que es ser maestro, y recordarán sin ruborizarse a aquellos estudiantes que desertaron de sus clases por su anti-pedagogía.
Esencia y misión del maestro de Julio Cortázar (apartes)
Nosotros no requerimos maestros geniales; sería absurdo. Pero todo saber supone una larga paciencia. Alguien afirmó, sencillamente, que nada se conquista sin sacrificio. Y una misión como la del educador exige el mayor sacrificio que puede hacerse por ella. De lo contrario, se permanece en el nivel del «maestro correcto». Aquéllos que hayan estudiado el magisterio y se hayan recibido sin meditar a ciencia cierta qué pretendían o qué esperaban más allá del puesto y la retribución monetaria, ésos son ya fracasados y nada podrá salvarlos sino un gran arrepentimiento. Pero yo he escrito estas líneas para los que han descubierto su tarea y su deber. Para los que abandonan la Escuela Normal con la determinación de cumplir su misión. A ellos he querido mostrarles todo lo que les espera, y se me ocurre que tanto sacrificio ha de alegrarnos (Cortazar, 1939)
– Bellelli, R. y. (2000). Memoria, colectivida e identidad. Madrid.
– Cortazar, J. (20 de Octubre de 1939). https://www.uv.es/~sociolog/educacio/textos/Cortazar.html. Obtenido de Esencia y misión del maestro.
– Cortés Vargas, d. (2011). Aportes para el estudio de la identidad institucional universitaria. México: Perfiles educativos.
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