Universidades con apellido propio en las que se mangonea parejo

Mayo 2008
JY
Que un 15% de las universidades colombianas estén bajo la tutela de una familia, no tiene que llamar a nadie a escándalo. La ley lo permite y a lo largo de los años han ido configurándose esos clanes educativos familiares. Una veces en torno a la familia del fundador y rector; otras como fruto de una disputa sucesoria al interno de los organismos fundacionales, donde termina predominando uno de los fundadores que aprovecha para meter a su familia dentro del organismo de poder y así grupo familiar determinado mantiene controlada la mayoría, a la que si le hacen falta unos votos, se echa mano de otro fundador y de su familia, insertándolo en la nómina perpetua del claustro.

 

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Jorge Yarce

Presidente

Instituto Latinoamericano   de Liderazgo ILL

Puede haber problemas legales denunciables, porque hay irregularidades y abusos. Diferentes estatutos adaptados a la voluntad de poder del fundador y la familia dominante. Se saca a gente de la asamblea, a otros se les aburre, se nombran nuevos miembros de confianza, los organismos de gobierno no son muy representativos de la comunidad universitaria porque los mangonea la familia. No hay, a veces, representación estudiantil por la falta de participación en un gobierno piramidal, autoritario y monolítico. Tenemos rectores dueños, presidentes rectores, presidentes a secas, vicerrectores que tienen más poder que los fundadores, personas que aparecieron en la universidad por lazos afectivos con el rector y acabaron de dueños o de mayoritarios en las decisiones, y así sucesivamente.

Pero el quid de la cuestión no está sólo ahí. El tema de fondo es que las universidades son sin ánimo de lucro. Y estas universidades, en parte lícitamente, se lanzan a resolverle todos los problemas económicos de la familia de los abnegados fundadores o rectores propietarios, y estos terminan con grandes sueldos, gastos de representación, gastos familiares, gastos de viaje, clubes, suscripciones, compras de equipos, de automóviles, etc, todo lo cual va al presupuesto de gastos de la universidad. Es decir, todo entra bajo el concepto sin ánimo de lucro, exento de impuesto a, la renta y de Iva y, en algunos casos, de ciertos aranceles. Sin ánimo de lucro pero en beneficio no de la universidad, sino de sus dueños.

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Si la cosa se vuelve muy buen negocio, entonces a la universidad se le gasta lo mínimo posible, es decir, no se pagan buenos profesores, o no hay investigación, ni inversión en equipos de informática, y la plata entra a torrentes. Entonces la salida es crear otra sin fin de lucro que manejo los excedentes de la universidad, en la cual la libre disposición de los dueños de la universidad es total. Son como dos contabilidades: De este bolsillo saco para ciertas cosas, y de este otro para otras. Pero, aparentemente no tienen que ver unas con otras.

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Junto a los ideales educativos y de aporte a la educación superior, crece en algunas de estas universidades la voracidad por las utilidades. Y sus dueños, a veces, suelen ser mejores negociantes que académicos, o se asesoran muy bien. Algunas de ellas tienen enormes sumas invertidas en fondos financieros de pleno ánimo de lucro, incluso en participaciones en empresas comerciales y financieras, algunas controladas por ellos. Y todo esto en nombre de la Universidad colombiana sin ánimo de lucro, con lo cual se están burlando del bien común, de los profesores, de los estudiantes, de los padres de familia y del gobierno. Por eso no es extraño que los presupuestos e inversiones de esas universidades pasen a ser un secreto de unos pocos. O sea, falta de transparencia, corrupción en el fondo.

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Preferible que pensemos en quitar el sin fin de lucro, que no es más que una careta, para que las universidades dejen de privilegiarse en él y competir abiertamente con las universidades de fuera y con otros sectores de la vida nacional que pagan impuestos por punta y punta. No es lógico que el Mercedes del rector cueste la mitad del Mercedes del gerente de una empresa, o que los computadores de las universidades paguen menos impuestos que los de las empresas. Si, al fin y al cabo, algunas de esas instituciones con apellido propio lo que quieren es hacer negocios, que se sometan a las reglas de los comerciantes, pero que no invoquen, además del estatuto sin fin de lucro, que se les considere como la “sagrada academia” que debe estar embarcada en todo tipo de triquiñuelas para disimular patrimonios y, sobre todo, el afán de enriquecimiento de algunos.

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