Universidades, ¿configuradas para los tiempos que corren?: Luis G. Rodríguez – marzo/20

Universidades, ¿configuradas para los tiempos que corren?: Luis G. Rodríguez – marzo/20

Análisis del español Luis Germán Rodríguez, en el portal medium.com

Buscar la verdad es una tarea que hoy día es propia de un Alonso Quijano siglo XXI. Resulta que esa es la misión última de las universidades. Menuda faena.

La vida universitaria se alimenta de su interacción con la sociedad, con su entorno. Bajo cualquier modelo de desarrollo vigente resulta inaceptable que la academia se enclaustre en si misma. De modo que, conociendo esta interdependencia, se comprende que las razones que determinan el comportamiento de estas instituciones pueden ser externas, internas o la resultante de combinar factores de uno y otro lado.

Los múltiples actores que intervienen en la gestión de políticas públicas hacia el sector convienen en la necesidad de incidir y tomar ventajas de la producción de las universidades. Esto se aplica tanto a la formación de profesionales como a la generación e incorporación de innovaciones que se producen desde sus ambientes de investigación y extensión. El caso es que tal percepción está anclada en tiempos idos. Esta afirmación se refleja en que la excelencia se tiende a medir con indicadores poco ajustados al verdadero alcance que se espera que la academia tenga en el presente. Explicaremos el punto seguidamente.

Por ejemplo, el número personas matriculadas o el número de egresados por disciplina son cifras que, con mayor frecuencia de la deseada, se escuchan para explicar las bondades de una gestión en educación superior. Eso sucede al mismo tiempo que, paradójicamente, crece la brecha en la empleabilidad directa del egresado universitario.

Los académicos, por su parte, generalmente prefieren medir el rendimiento de sus investigaciones e innovaciones con base a indicadores como el número de publicaciones en revistas arbitradas o la cantidad de patentes registradas. En cuanto a docencia, los especialistas de las diversas disciplinas se baten en duelos de honor para que sus asignaturas sean incluidas en los contenidos programáticos de pregrado o postgrado. Ocupan así espacios y de esa manera se sienten validados y reconocidos dentro de la comunidad. Paradójicamente, la calidad de la actividad docente a su vez tiene un peso casi nulo en los baremos que se usan para elaborar los rankings universitario.

Sobre estos temas hay importantes desarrollos y han escrito destacados autores que analizan las nuevas formas de producción de conocimiento y su inserción en la sociedad. En aras de la brevedad citaré tres referencias: el “Modo 2” de Gibbons et al[1] y la “Triple Hélice” de Leydesdorff & Etzkowitz[2] y la “Quíntuple Hélice” de Carayannis, Barth y Campbell[3].

Valga aclarar que los sistemas nacionales de innovación, de los cuales forman parte las universidades, hacen un aporte relevante en cuanto a mejorar el desempeño de los sistemas económicos y sociales, eso no está en cuestión. Lo que se argumenta acá es que la realidad actual, la propia de la sociedad global del conocimiento, tiene demandas urgentes que hacen necesario que, sin más tardanzas, se exploren vías alternas.

Y es que el mundo está cambiando a velocidad vertiginosa y los esquemas de análisis parecen estacionarios, con capacidad de solo tomar fotos estáticas de una realidad que avanza con la dinámica de la 4ta. Revolución Industrial y en alta resolución multidimensional. Son muchos los indicios que nos llevan a señalar que la calidad y la velocidad de los cambios que presenciamos a todas las escalas están sustentados fuertemente en la evolución tecnocientífica.

Recurramos al laureado pensador Zygmunt Bauman para extender esta idea. En su difundida obra “Modernidad Líquida”[4] señaló que estábamos en un mundo donde “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos hasta nuevo aviso”. La metáfora de la liquidez como paradigma. Él es un vocero destacado de la tesis, cada vez más ampliamente compartida, según la cual el poder real se ha globalizado mientras que las políticas siguen siendo locales. Sustenta que tal es la desconexión entre los manejos globales y el accionar local que existe una desproporción entre lo que se cree y se hace en consecuencia, por un lado, y lo que en realidad está sucediendo, por otro. Afirma que tendemos a negar lo que está a la vista. Sostiene que las certezas han sido abolidas.

En semejante contexto “la búsqueda de la verdad” queda como un reto abierto. Para ser consecuente con esta secuencia de ideas cabe el cuestionamiento sobre si las universidades están configuradas para cumplir su misión en los tiempos que corren. Las pautas de funcionamiento dominantes y los indicadores empleados para analizar su rendimiento y procurar su mejoría ciertamente están en mora con la dinámica de la realidad.

Mientras las instituciones universitarias se debaten dentro de sus tradicionales o “innovadoras” estructuras, en el campo de la gestión de las corporaciones globales se prueban nuevas fórmulas. Allí se han desarrollado metodologías orientadas a manejar este tipo de contextos cambiantes. Una de ellas, que proviene del sector militar, es la que se conoce como VUCA[5], por sus siglas en inglés (Volatility (V), Uncertatinty (U), Complexity (C) y Ambiguity (A).

En esta aproximación a la realidad se asume que ésta es: volátil (los retos son inesperados o inestables, pero de duración desconocida), incierta (los cambios son posibles pero no se pueden dar por sentados), compleja (la situación tiene muchas variables y partes interconectadas) y ambigua (las relaciones causales no están claras). En fin, son puntos de partida muy distintos a los empleados cuando se observa la realidad desde áreas de conocimiento vistas como compartimentos estancos y que aspiran a dar con verdades absolutas.

En síntesis, ser la vanguardia de las sociedades en la búsqueda de la verdad y en el mundo cambiante de la 4ta. Revolución Industrial demanda que las universidades modifiquen de fondo y forma sus modos de producción de conocimiento. De manera sustancial y con urgencia vital. Se necesitan nuevas metáforas para explorar opciones que antes no existían. Queda poca holgura para equivocarse bajo riesgo de perecer por obsolescencia.

[1] Gibbons, Michael; Camille Limoges; Helga Simon Schwartzman; Peter Scott; Martin Trow. “La nueva producción del conocimiento (La dinámica de la ciencia y la investigación en las sociedades contemporáneas)”. Ediciones Pomares, Barcelona, 1994.

[2] Leydesdorff, L., Etzkowitz, H.. “The Triple Helix as a model for innovation studies”. Science and Public Policy 25 Ž3., 195–203. 1998.

[3] Carayannis, Barth y Campbell. “The Quintuple Helix innovation model: global warming as a challenge and driver for innovation”. Journal of Innovation and Entrepreneurship 2012, https://innovation-entrepreneurship.springeropen.com/articles/10.1186/2192-5372-1-2

[4] Bauman, Zygmunt. “Modernidad Líquida”. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica. 1999.

[5] Bennett, Nathan and James Lemoine, G. “What VUCA Really Means for You”. Harvard Business Review. January–February 2014.

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