Julio/23 Pérez Enciso, Magíster en Evaluación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación, advierte cómo aún no es claro para el sistema la perspectiva frente al potencial de la modalidad virtual en el cierre de brechas regionales y en el crecimiento económico, social y cultural del país.
La pandemia ocasionada por el covid-19 reafirmó la importancia del uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) en el desarrollo de procesos de enseñanza y aprendizaje, entre otros, en la educación superior.
Con el cierre preventivo de las aulas que se llevó a cabo en 2020 y 2021, muchas instituciones con programas tradicionalmente ofertados de manera presencial se vieron obligadas a desarrollar sus clases con la ayuda de herramientas tecnológicas como Zoom, Teams o Meet. Esta situación ocasionó un malentendido conceptual y metodológico entre lo que implica el desarrollo de clases presenciales asistidas por la tecnología y el desarrollo de programas en modalidad virtual.
En junio de 2022, el Ministerio de Educación Nacional publicó una nota orientadora para precisar las diferencias entre las distintas modalidades: presencial, virtual, a distancia y dual. No obstante, con la llegada del nuevo Gobierno y los reiterados anuncios del cambio en materia del Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, aún no es clara la perspectiva frente al potencial de la modalidad virtual en el cierre de brechas regionales y en el crecimiento económico, social y cultural del país.
Precisamente para avanzar en esta discusión que le brinde una mayor relevancia a la virtualidad, es necesario diferenciar el desarrollo de una modalidad presencial asistida por TICS donde prevalece la interacción sincrónica entre el profesor y el estudiante, y una modalidad virtual donde se privilegia la autonomía del estudiante para avanzar en su proceso de aprendizaje. En la presencialidad se privilegia la interacción en espacios sincrónicos, sea el aula de clase o espacios mediados por las TICS, mientras que en la metodología virtual es la interacción asincrónica la que predomina en el proceso de formación del estudiante.
La política educativa debe generar reflexiones para una eventual reforma a la Ley 30 de 1992 o al Decreto 1330 de 2019 que permitan afrontar estos desafíos. Entre otras razones porque el desarrollo de programas virtuales implica una diferencia importante en la conceptualización y definición de condiciones de calidad como la justificación, la organización de actividades académicas, la investigación, los profesores, los medios educativos y la infraestructura física y tecnológica. Dicho de otra manera, implica pensar y darle significado a la manera que, a través de esta modalidad, los programas y las instituciones llevan a cabo sus labores académicas, docentes, formativas, científicas, culturales y de extensión.
En el entendido de una educación superior como un motor de desarrollo económico y como un instrumento para romper con la transmisión intergeneracional de la pobreza, la modalidad virtual guarda un profundo potencial. Potencial que debe estar cobijado en una amplia discusión de política pública que contribuya a aprovechar las oportunidades que abrió la pandemia, empleando esta modalidad como un instrumento para ampliar el acceso a la educación superior con criterios de calidad y excelencia académica.
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