Enero 28/22 Mayoría de IES comienzan a regresar a clases presenciales, aunque aparecen varias que, en contravía del pedido de la Ministra, seguirán en virtualidad.
Casi dos años después del inicio de la virtualidad obligada, por la pandemia, la oferta presencial no termina de regresar en pleno, pese a que el Gobierno Nacional ha insistido en ello y a que en plenas vacaciones de diciembre los Ministerios de Educación y Salud decidieron eliminar las restricciones de aforo en todas las instituciones educativas.
Mantenerse a distancia o regresar son las dos posiciones que se enfrentan en estos días. Los argumentos de practicidad, comodidad, seguridad, movilidad, salud o modalidades de interacción son los que se debaten.
El Ministerio de Educación acoge la teoría del daño a la calidad (aún no confirmado técnicamente) que representa la virtualidad plena y el no regreso a las aulas. En esa hipótesis la acompañan especialmente los rectores de las universidades privadas tradicionales, del estilo de Javeriana, Rosario, Externado y EAFIT, entre otros, quienes han expresado su felicidad por el regreso. Claramente, hay muchos académicos, docentes y estudiantes que defienden y anhelan el regreso pleno.
Otros, concretamente universidades públicas como la Nacional de Colombia -en algunas de sus sedes, la de Antioquia y la del Atlántico, entre otras, han confirmado que aún no retornarán presencialmente y que iniciarán el nuevo semestre de forma virtual. Argumentan el riesgo por el aumento de los contagios y que aún no están debidamente preparadas para el regreso.
En medio de las dos posiciones, hay dos situaciones claves a considerar: Por un lado, la situación de salud. ¿Qué pasará en las IES que regresen a la presencialidad y enfrenten contagios masivos, o que uno o varios profesores tengan que aislarse?… las respuestas a estas y más preguntas relacionadas aún no se conoce, y de darse la situación podría ocasionar reprocesos, sobrecostos e incomodidades.
La otra posición que comenzarán a lidiar las IES es la de los estudiantes que se fueron a virtualidad y se amañaron allí, y poco o nada desean regresar. Que se fueron lejos de la sede física de su Institución a vivir y trabajar, que no quieren o no tienen cómo movilizarse en las grandes ciudades por restricciones como pico y placa o inseguridad o contagios en el transporte público, además del incremento de personas en la calle con los debidos riesgos.
Y, como para ambientar la reflexión, habría que ver si, más allá del deseo de regresar o de la desconfianza de algunos directivos en la virtualidad o en no tener a sus profesores marcando tarjeta, habría que ver cuántas IES realmente aprovecharon la epidemia para replantear esquemas de organización, bienestar y, sobre todo, pedagogía, pues de sostener los mismos esquemas de horarios, clases, aulas y presencialidad, sus estudiantes antiguos posiblemente les protestarán y tendrán un importante grupo de primíparos y estudiantes de segundo a cuarto semestre, que sólo habían interactuado de forma virtual y no es seguro que ellos consideren que llegar a la presencialidad sea del todo un avance.
Esto no significa desconocer la importancia de la interacción presencial y las relaciones cercanas.
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