Volver a pensar la educación desde el orden y no desde la ideología: Felipe Cárdenas Támara

Volver a pensar la educación desde el orden y no desde la ideología: Felipe Cárdenas Támara

 

Junio/26 Cárdenas (*) plantea a partir de un análisis histórico y filosóficos cómo la Universidad debe resistir ideologías polarizantes recuperando la paideia, la razón noética y la formación del alma para restaurar orden espiritual. 

Meditación final: El orden de la universidad en el contexto de sociedades polarizadas e ideologizadas

Intelectuales como arquetipos para la universidad contemporánea

Hace algunos años trabajé sobre el pensamiento político de Eric Voegelin, un pensador que me cautivó desde hace más de 20 años y que marcó mi pensamiento como antropólogo (Cárdenas, 2014, 2010). A mi juicio, él es el más importante politólogo del siglo XX. La obra que él tituló como Orden e historia establece todo un marco de investigación para restaurar las ciencias sociales desde categorías antideológicas, tan importantes para estos tiempos ideológicos que vivimos. Su obra sobre el orden y la historia se aborda desde horizontes políticos, filosóficos e históricos.

Toda su producción intelectual es el resultado de un trabajo universitario riguroso y ejemplar; una profunda meditación sobre el orden y la historia que le ocupó varias décadas de investigación. Aunque originalmente la concibió como un proyecto más amplio (en algunos momentos mencionó seis volúmenes), finalmente solo se completaron y publicaron cinco:

– Volumen I: Israel and Revelation (1956) 

– Volumen II: The World of the Polis (1957) 

– Volumen III: Plato and Aristotle (1957) 

– Volumen IV: The Ecumenic Age (1974) 

– Volumen V: In Search of Order (1987, publicado póstumamente)

El Volumen V cuenta con un breve prólogo escrito por Lissy Voegelin, su esposa y fiel compañera, quien afirma que Voegelin amaba su trabajo y dedicaba cada día a sus manuscritos, leyéndolos y corrigiéndolos permanentemente. Además, incluye una introducción elaborada por Ellis Sandoz, uno de sus discípulos estadounidenses más cercanos.   Orden e historia constituye efectivamente su magnum opus, en el que desarrolla una profunda filosofía de la historia y del orden a partir de las experiencias simbólicas y noéticas del ser humano. Se trata de una obra monumental, densa y exigente, cuya influencia en nuestro medio universitario ha sido menor; es casi un desconocido en las universidades del continente, de lo que cabría esperar dada su erudición, trascendencia, rigor, cuidado y envergadura intelectual. Incluso en universidades que cabría suponer afines a sus ideales, la obra permanece prácticamente desconocida en los departamentos de ciencia política y ciencias sociales, debido en buena medida a la impronta positivista y marxista que ha permeado la academia mundial en los últimos sesenta años. Voegelin escribió y supervisó personalmente los cuatro primeros volúmenes durante su vida (falleció en 1985). El quinto, más breve y reflexivo, fue editado y publicado poco después de su muerte a partir de sus manuscritos finales. La obra de Voegelin se inscribe en el campo de la filosofía política y posee una significación universal para todo pensamiento interesado en las categorías del orden, la libertad, el caos, la anarquía y la anomia social.

Los contextos ideológicos a la luz de la obra de Voegelin

Si aceptamos, como confirman diversos estudios sobre la penetración de las ideologías marxistas en el campus universitario, que el corpus teórico de Voegelin —estudiado, desarrollado e implementado— ofrece uno de los marcos argumentativos más sólidos para superar el desorden y el caos que han caracterizado la vida política de las naciones iberoamericanas, entonces su pertinencia resulta evidente. Naturalmente, la aplicación de su pensamiento exige dialogar con los avances de las ciencias empíricas, tales como la antropología, sociología, economía y la ciencia política.

Los cinco volúmenes de Orden e historia pueden resumirse de la siguiente manera:

Volumen I: Israel and Revelation (Israel y la Revelación, 1956). 

Voegelin analiza el tránsito de los imperios cosmológicos del Antiguo Oriente —donde el orden se simbolizaba mediante el mito y la sociedad reflejaba el cosmos— al “salto en el ser” (leap in being) que representa Israel. La revelación divina a través de Moisés y los profetas introduce un Dios trascendente como fuente última del orden en el hombre, la sociedad y la historia. El argumento central es la creación de un orden teopolítico basado en la alianza (covenant) y en la experiencia histórica de la trascendencia, que rompe con el simbolismo compacto anterior.

Volumen II: The World of the Polis (El Mundo de la Polis, 1957). 

Se estudia la transición en el mundo griego desde las sociedades míticas prehelénicas hasta la aparición de la polis (ciudad-estado) y el surgimiento de la filosofía. Voegelin muestra cómo el mito cosmológico se diferencia progresivamente hacia una comprensión noética (intelectual y espiritual) del orden. El argumento clave es que la experiencia helénica del ser genera una nueva forma simbólica: la filosofía como búsqueda del orden verdadero en el alma y en la comunidad, superando la visión mítica compacta expresada por los pensadores presocráticos y el universo cosmológico de sociedades arcaicas dominadas por el mito.

Volumen III: Plato and Aristotle (Platón y Aristóteles, 1957). 

Este volumen culmina el estudio de Grecia al centrarse en Platón y Aristóteles como máximos representantes de la indagación filosófica. Analiza su visión del alma, la polis y el cosmos, mostrando cómo la filosofía sustituye los símbolos míticos por otros más diferenciados y precisos. Voegelin argumenta que la filosofía no es un sistema de proposiciones, sino un modo de vida y una respuesta existencial al desorden; los intentos sucesivos de simbolizar el orden, aunque imperfectos, forman parte de un proceso histórico significativo y no de un relativismo caótico.

Volumen IV: The Ecumenic Age (La Era Ecuménica, 1974).

Aquí Voegelin rompe con el esquema lineal original. Analiza la “Era Ecuménica” (aproximadamente desde el Imperio Persa hasta la caída de Roma), caracterizada por grandes conquistas imperiales y una destrucción pragmática sin precedentes. Paralelamente, surge una enorme creatividad espiritual (incluido el cristianismo primitivo y la visión de Pablo). El argumento central es que esta era genera problemas nuevos: historias paralelas, la conciencia de una humanidad universal y la necesidad de repensar el proceso histórico más allá de civilizaciones aisladas, todo ello bajo la tensión entre poder mundano y experiencias de trascendencia.

Volumen V: In Search of Order (En Busca del Orden, 1987 —póstumo).

Volumen más breve y reflexivo, se centra en la naturaleza misma de la búsqueda del orden. Voegelin profundiza en la experiencia de la trascendencia, la conciencia, el lenguaje simbólico y la “historia” como forma simbólica de la It-reality (la realidad comprehensiva). El argumento clave es que la filosofía constituye un acto meditativo de resistencia al desorden moderno,-lo que nos hace recordar que Occidente tiene un alma meditativa, platónica o agustiniana si se quiere, y que la meditación y la contemplación no son solo un atributo del hinduismo o el budismo; el hombre participa en una historia divino-humana que raramente termina. Reflexiona sobre su propia obra y enfatiza la noesis (razón intelectual meditativa) frente a las deformaciones ideológicas.

Estos volúmenes conforman una gran indagación filosófica sobre cómo el ser humano, a lo largo de la historia, ha simbolizado y buscado el orden en medio del desorden. Voegelin concibe la historia no como un progreso lineal, sino como una serie de experiencias de trascendencia que diferencian la conciencia humana.

Camino de liberación

El pensamiento de Voegelin resulta fundamental para la consolidación de argumentos teóricos de envergadura que le proporcionen a la academia interesada en explorar caminos marcados por la recta intención antiideológica. En lo personal, su obra abre un valioso canal para liberar el pensamiento universitario de las ataduras del marxismo histórico y del marxismo cultural, expresado en toda la tradición de la teoría crítica, donde profesores y estudiantes parecen encadenados a un dogma, como en la caverna platónica, incapaces de percibir creativamente las esferas de la realidad que trascienden las ideologías del momento: maquinismo, transhumanismo, wokismo, neoliberalismo, marxismo cultural.

La obra de Eric Voegelin debe considerarse como altamente pertinente para Colombia, América Latina y sus universidades, precisamente porque nos sirve para diagnosticar con profundidad las raíces espirituales e ideológicas de fenómenos como el mesianismo político, el populismo, la violencia crónica y la persistente miseria del continente. Voegelin no se limita a analizar instituciones o economías: examina el desorden del alma y de la sociedad cuando el ser humano rechaza la tensión existencial hacia la trascendencia (lo que denomina metaxy) y busca, en cambio, immanentizar el escatón —es decir, realizar dentro de la historia, mediante la política, la salvación total que solo pertenece al ámbito divino o trascendente—. Esto genera lo que llama “religiones políticas” o gnosticismo moderno: movimientos que pueden volverse violentos y que prometen un paraíso terrenal a través de un líder iluminado, una ideología redentora o una revolución total, con dogmas, rituales, devociones y una visión teleológica de la historia (el “pueblo” o la “clase” como elegidos que traerán el fin de todos los males).          En el contexto latinoamericano —y colombiano en particular— estos rasgos son evidentes. La primera vuelta presidencial del 31 de mayo de 2026 mostró claramente un país dividido entre una opción de derecha y una opción de izquierda. Incluso si el proyecto de la izquierda, encabezado por Iván Cepeda y el actual presidente Gustavo Petro, resultara derrotado en segunda vuelta, lo cierto es que la izquierda ha ganado votantes de manera significativa en los últimos veinte años en Colombia. Esta realidad debe llevar a las instituciones educativas y al nuevo gobierno a examinar con atención los marcos ideológicos, antropológicos, educativos y filosóficos con los que se están formando los jóvenes.

La batalla cultural trasciende el resultado electoral. Implica revisar y ajustar los programas educativos de las instituciones públicas y privadas. La narrativa de izquierda, con su gnosticismo y su componente de violencia física y simbólica que se expresa en la historia de violencia partidista y en el surgimiento del movimiento guerrillero en el país, como su eventual evolución en bandas terroristas y criminales, está ganando terreno y los resultados electorales son la evidencia de la afirmación. Como naciones, hemos estado marcados por mesianismos y populismos: líderes presentados (o que se presentan) como salvadores carismáticos que encarnan la voluntad del pueblo y prometen redimir la injusticia histórica de un golpe, con programas de gobierno que frecuentemente derivan en corrupción y adoctrinamiento. Esto genera adhesiones cuasireligiosas, clientelismo y polarización extrema.

La violencia crónica y estructural, en sus múltiples formas y canales de hibridación, explica la persistencia del desorden y la anarquía en las sociedades latinoamericanas. La obra de Voegelin aporta valiosas pautas al incorporar el plano simbólico-religioso que muchos expertos en violencia han ignorado. Como ejemplo de ello, léase la historia y el simbolismo de los curas guerrilleros en el continente; en Colombia, el caso del padre Camilo Torres —formado en el Seminario Mayor de Bogotá en la década de los años sesenta; estudiante de sociología en la Universidad Católica de Lovaina y doctorado en sociología de esa universidad; capellán de la Universidad Nacional y cercano colaborador de Orlando Fals Borda en la creación del Departamento de Sociología en la Universidad Nacional— uno de los autores pioneros sobre la violencia en Colombia. Su historia ilustra cómo el desorden del ser, cuando la política se sacraliza, conduce inevitablemente a la violencia.

Al fallar el proyecto utópico o enfrentar la resistencia de la realidad, surge la frustración, la demonización del enemigo y la justificación de la violencia como herramienta purificadora y demencial (Franz Fanon, 2002/1961), que ha sido uno de los manuales que han justificado las formas de violencia del movimiento guerrillero y terrorista mundial (ETA, M-19, Farc, Tupamaros, ELN).  Asimismo, Orden e historia en una lectura profunda nos podría ayudar a explicar la persistente pobreza y miseria del continente como dimensiones no solamente materiales o económicas. La incapacidad de generar formas efectivas de distribución de la riqueza no se reduce a factores económicos; constituye una unidad cultural que solo se comprende plenamente al incorporar dimensiones antropológicas y espirituales que rebasan los enfoques exclusivamente marxistas o neoliberales. La noción de gnosticismo es clave: los proyectos gnósticos generan más desorden y corrupción porque niegan la naturaleza imperfecta (naturaleza caída y tensional del ser humano en la historia). Bajo esta categoría caben y están tanto las diversas variantes del marxismo como los reduccionismos economicistas del neoliberalismo y del capitalismo salvaje en sus aventuras coloniales de saqueo y exterminio.

Voegelin ofrece, por tanto, una lente diagnóstica más profunda que los análisis meramente sociológicos o económicos, que desde luego son necesarios. Ayuda a comprender por qué se repiten los ciclos de esperanza mesiánica seguidos de decepción y violencia, y propone como antídoto recuperar una filosofía política noética —abierta a la realidad del ser— y una correcta distinción entre lo político y lo religioso. La noción de lo noético alude, desde la perspectiva de la patrística cristiana, al despliegue espiritual del ser humano, que no se reduce al individualismo ni al plano físico del solipsismo o del quietismo de ciertas corrientes protestantes.

Educación y universidad

La pertinencia del pensamiento de Eric Voegelin para la educación general y la universidad contemporánea es igualmente profunda. Aunque no elaboró un tratado sistemático de filosofía de la educación, su antropología filosófica —centrada en la participación del hombre en el metaxy, la diferenciación noética de la conciencia y la resistencia al desorden gnóstico— constituye una base extraordinariamente sólida para repensar la educación en el siglo XXI. Su sistema filosófico, especialmente en Orden e historia, La nueva ciencia de la política (1952) y En busca del orden (1987/1956), ofrece en un lenguaje y exposición difícil uno de los diagnósticos más agudos y fecundos para esta tarea.

En el núcleo de su pensamiento se encuentra la recuperación de la comprensión clásica de la educación como paideia: no mera transmisión de conocimientos o habilidades técnicas, sino la formación integral del ser humano orientada al orden del alma (psyche). Siguiendo a Platón, Voegelin concibe la verdadera educación como periagoge —el giro o conversión del alma hacia el Bien (Agathon) y la realidad trascendente—. Esta concepción resulta de máxima pertinencia frente a una educación reducida frecuentemente a capacitación instrumental, indoctrinación ideológica o gestión emocional. Cuando la educación olvida la tensión erótica del alma hacia la trascendencia (zetesis y helkein), cae en lo que Voegelin denomina “immanentización del escatón”: la pretensión de realizar, mediante programas pedagógicos o “concienciación”, una salvación total que solo corresponde en el plano de la revelación al ámbito de la gracia o de la experiencia mística. El resultado son pedagogías mesiánicas que prometen el “hombre nuevo” o la sociedad perfecta, generando frustración, dogmatismo y, en casos extremos, justificación de la violencia simbólica o real.

Voegelin propone, en cambio, una educación que cultive la apertura a la realidad del ser, la diferenciación entre episteme (conocimiento verdadero) y doxa (opinión), y la humildad intelectual ante el misterio del flujo del ser. Educar significa despertar en el alumno (es una revelación) la “inquietud existencial” que impulsa la búsqueda permanente, sin pretender cerrarla en sistemas ideológicos. Esto forma ciudadanos capaces de resistir las “segundas realidades” fabricadas por las ideologías modernas: uribismo, petrismo, gaitanismo, peronismo, chavismo.

La pertinencia para las universidades es aún más directa y urgente. Voegelin mismo fue un gran maestro universitario (en Viena, la Universidad Estatal de Luisiana, Múnich y Stanford) y reflexionó explícitamente sobre el rol de la universidad en una sociedad libre, como lo demuestra su conferencia de 1970 en Stanford titulada Universities, Education, and a Free Society. Según esta visión, la universidad no es primordialmente un centro de producción de conocimiento utilitario ni un espacio de activismo político, sino el lugar por excelencia donde se ejerce la vida teórica (bios theoretikos) y se busca el orden del ser mediante la razón noética (noesis).

En un mundo académico dominado por la fragmentación positivista, la hiperespecialización y la colonización ideológica de las humanidades y las ciencias sociales por discursos de izquierda, como lo ha demostrado la obra de Roger Scruton (2019), Voegelin recuerda que la filosofía debe ocupar un lugar central como disciplina que distingue el orden verdadero del desorden y resiste la deformación gnóstica de la realidad.

Las universidades que adopten categorías voegelianas estarían mejor equipadas para: 

i) Combatir la transformación de las aulas en espacios de adoctrinamiento ideológico, recuperando la enseñanza como invitación a filosofar y no como imposición de dogmas.

ii) Restaurar la unidad entre razón y experiencia trascendente, evitando tanto el racionalismo reductivo como el irracionalismo posmoderno, así como las violencias de los discursos coloniales y decoloniales que simplifican la historia en lecturas binarias de amigos-enemigos/víctimas-victimarios/buenos y malos.

iii) Formar personas capaces de vivir en la tensión del metaxy, con madurez intelectual y espiritual, en lugar de producir “intelectuales de cátedra” al servicio de proyectos políticos salvíficos o abiertamente adoctrinadores. 

iv) Defender la idea clásica de la universidad como comunidad de indagación abierta a la verdad, frente a su degradación en centro de certificación profesional o arena de batallas culturales: wokismo, teoría crítica, anclajes coloniales y decoloniales, marxismo histórico o cultural.

En el contexto latinoamericano, donde las universidades han sido frecuentemente permeadas por mesianismos políticos y persiste la tensión entre formación técnica y demandas de transformación social radical, el pensamiento de Voegelin ofrece una vía para superar tanto el tecnicismo estéril como el utopismo destructivo. Ayuda a recuperar la universidad como espacio de iluminación de la existencia humana en su dimensión plena: espiritual, corporal, religiosa, psíquica, cultural y económica. Desde luego que su obra tendría que platanizarse al lenguaje de nuestros pueblos. Para ello, la labor de trabajo didáctico de artistas, pedagogos, educadores, antropólogos y dramaturgos es indispensable. 

Conclusión educativa

En definitiva, la educación voegeliana es el arte de la periagoge, que exige crecimiento, incomodidad y confrontación con la incertidumbre. Es crítica frente al clima de opinión reinante y se opone a la demanda contemporánea de certezas inmediatas, de sumisión frente a lo políticamente correcto y confort emocional que caracteriza a tantos modelos educativos “inclusivos, emocionales e ideológicos”.            

El sistema de pensamiento de Eric Voegelin no proporciona recetas pedagógicas concretas, pero ofrece algo más profundo: una antropología filosófica y una filosofía de la historia que permiten diagnosticar la crisis espiritual de la educación contemporánea y reorientarla hacia su vocación originaria. En una época de desorden del alma colectivo, recuperar la búsqueda voegeliana del orden —tanto en la escuela como en la universidad— no es un lujo académico, sino una necesidad civilizatoria.

La universidad que tome en serio a Voegelin y la tradición de pensamiento que él estudia y representa se convertirá, una vez más, en faro de orden en medio del desorden y en formadora de seres humanos abiertos a la verdad plena del ser, en lugar de ingenieros de almas o activistas de causas ideológicas que nos llevan a repetir periódicamente y regurgitar como mitos del eterno retorno los fetiches que han marcado la vida educativa y política de las naciones americanas, caracterizadas por la violencia, la intolerancia, la mentira, el empobrecimiento y la falta de hermandad.

Preguntas de investigación

¿En qué medida la incorporación explícita de las categorías voegelianas de metaxy, noesis y periagoge en los diseños curriculares y prácticas pedagógicas universitarias logra fomentar en los estudiantes una apertura diferenciada a la realidad del ser y una mayor resistencia a las formas contemporáneas de gnosticismo ideológico (marxismo cultural y reduccionismo economicista neoliberal)?

¿Cómo influye una aproximación educativa inspirada en la paideia voegeliana —entendida como conversión del alma (periagoge) hacia el orden del ser— en el desarrollo de la madurez intelectual, espiritual y cívica de estudiantes universitarios en sociedades latinoamericanas caracterizadas por alta polarización política y mesianismo populista, como es el caso de Colombia?

¿Cuáles son los principales vacíos teóricos y empíricos en la investigación educativa actual respecto al potencial de la filosofía política de Eric Voegelin como marco diagnóstico y propuesta alternativa para contrarrestar el desorden espiritual de las universidades latinoamericanas, particularmente frente a la reproducción de “religiones políticas” y la pérdida de la bios theoretikos en la vida académica?

Bibliografía

Cárdenas, F. (2014). Reconstitución de la ciencia política. Heteronomías entre la ciencia política y la antropología. Hacia la reconstitución de la antropología política. En: Análisis político, No. 80. (enero-julio) Bogotá: Universidad Nacional de Colombia-IEPRI. https://revistas.unal.edu.co/index.php/anpol/article/view/45621

Cárdenas, F. (2010). La ciencia política, ciencia noética del orden: una mirada crítica a su objeto de estudio. Revista Colombia Internacional, Bogotá: Universidad de Los Andes, vol. 72. http://www.scielo.org.co/pdf/rci/n72/n72a05.pdf

Fanon, F. (2002/1961). Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica.

Scruton, R. (2019). Pensadores de la nueva izquierda.  Editorial Ariel .

Voegelin, E. (1952). The new science of politics: An introduction. University of Chicago Press.

Voegelin, E. (1956). Order and history: Vol. 1. Israel and revelation. Louisiana State University Press.

Voegelin, E. (1957). Order and history: Vol. 2. The world of the polis. Louisiana State University Press.

Voegelin, E. (1957). Order and history: Vol. 3. Plato and Aristotle. Louisiana State University Press.

Voegelin, E. (1974). Order and history: Vol. 4. The ecumenic age. Louisiana State University Press.

Voegelin, E. (1987). Order and history: Vol. 5. In search of order (E. Sandoz, Ed.). University of Missouri Press.

Voegelin, E. (1970). Universities, education, and a free society. [Conferencia inédita]. Stanford University.

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(*) Felipe Cárdenas Támara. Director del Observatorio Iberoamericano de sociopolítica, cultura y ambiente – Universidad de La Sabana

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