Mayo 1/20 Los rectores están nerviosos y Mineducación no habla ni da soluciones. Cada IES va por su lado y, como no hay un sistema estructurado, la pandemia puede lesionar gravemente lo que hay.
Se necesita, urgentemente, un “redentor”, que tenga la capacidad de dar luz y, sobre todo, tener autoridad y reconocimiento entre los propios actores del sistema de educación superior para sentar en una misma mesa a todos los rectores, concertar un diálogo con gobierno y demás protagonistas del sector, y crear una hoja de ruta.
En Colombia se ha dado en llamar, erróneamente, como “Sistema de Educación Superior” a la sumatoria de actores que giran en torno de la defensa o crítica al Ministerio de Educación Nacional, que por más que quiera, ni siquiera tiene todo el control y enfrenta múltiples intereses que se mueven por otro lado, personas e instituciones cada uno defendiendo lo suyo.
El SUE sólo piensa en más recursos para las universidades públicas, y entre sus propias IES hay división sobre cómo manejar el tema; ASCUN no reúne a todas las universidades y no logra conciliar una clara posición sectorial por la dificultad de conciliar la opinión de más de un rector que se considera una vaca sagrada; ACIET ha terminado siendo una amalgama de intereses y tipologías tan diversas que le queda imposible ponerse de acuerdo; la RedTTU trabaja bien en equipo, mas sólo tiene una idea en su cabeza: más recursos; ACESAD, que intenta pensar lo virtual, pero que no tiene la acogida de parte de otras instituciones interesadas en el tema; CNA, que responde a una visión clasista del sector; CONACES, que pugna internamente entre los paradigmas disciplinares y el conflicto de interés de sus miembros, y el CESU que legisla más para unos pocos, porque no representa a todos.
En medio de este complejo panorama están las IES (que son las que mueven estudiantes y recursos) tratando de equilibrarse entre obedecer al Ministerio, cazar luchas sectoriales y, sobre todo, sobrevivir en un mercado cada vez más difícil.
Muchos esperan que sea la ministra (más preocupada por la educación básica y media que por la superior, porque -además- es la que más agenda pública, presupuesto y opinión mueve) la que dé respuesta, pues el viceministerio de Educación Superior no se ha caracterizado por demostrar liderazgo, ni conocimiento, ni autoridad en la materia.
En las últimas horas la ministra de Educación, María Victoria Angulo, ha dicho -en El Tiempo- que “para educación superior se creó el plan padrino que tiene 126 instituciones vinculadas, de ellas, 30 con muchos desarrollos y avances en transformación digital y están acompañando al resto de universidades. Tenemos también el plan de alivios en Icetex que contempla ayudas en tasas, plazos, amortizaciones y la creación de un fondo de garantías para el segundo semestre de este año”.
Pero la solución va más alllá de conseguir créditos blandos y de dar dinero. Eso bajará la fiebre, pero la enfermedad continuará.
Es comprensible, en parte, que el Gobierno Nacional no se haya acelerado a dar respuestas al sector de la educación superior, por tres razones:
1) Porque en diciembre de 2018 prometió más de 4 billones, tras el paro estudiantil de entonces, en recursos que no ha terminado de entregar, pero que ha cumplido en su gran mayoría. 4 billones, para el histórico del sector, fue un aporte gigantesco, que implicó afectar los aportes a otros sectores de la economía.
Aún así, ahora los estudiantes de las públicas están pidiendo otros 4 billones para enfrentar la situación; y los rectores, cada uno por su lado, empezó a tocar puertas de Mineducación, MinHacienda y Presidencia para pedir más recursos. Esta semana ya empezaron la Pedagógica Nacional y la del Magdalena.
El hecho agravante es que, además de las públicas, ahora son las privadas, que históricamente ha tenido abandonadas el Estado, las que ahora piden un SOS. Apurar la reforma del Icetex y oír el clamor de devolverles el IVA, sería una ayuda clave.
2) Porque (es fácil decirlo y muy duro vivirlo), el drama aún no ha llegado al sector. La epidemia lo tomó con casi todos los procesos de matrícula (recolección de cartera) del primer semestre de 2.020, con lo que está financiada la operación hasta junio-julio, y mientras tanto el Gobierno debe atender otros sectores prioritarios, que ya están sufriendo fuertemente la pandemia, y
3) Porque (también es fácil decirlo y difícil admitirlo), en momentos de pandemia, de afectación de la economía mundial en todos los sectores y de incertidumbre frente al corto, mediano y largo plazo, la salud (inversión en médicos, hospitales, pruebas y campañas); el hambre (distribución de alimentos y ayudas) y el empleo (trabajo), que garanticen la convivencia y seguridad, encabezan las prioridades de los gobiernos (no sólo el colombiano) por encima de la educación superior.
El panorama es tan complejo que por más anuncios que haga el gobierno, la situación va a ser muy difícil, pues claramente la demanda va a bajar y, al parecer, va a afectar a TODAS las IES que, angustiadas, han salido a tantear el mercado y encontrar, con mayor preocupación, que los anuncios de bajar 10, 15, 20, 25 o más por ciento en las matrículas para el próximo semestre tampoco parecen ser la mejor salida para evitar la estampida, mientras que, por otro lado, la presión aumenta con cartas, cadenas y mensajes en redes de estudiantes que critican las medidas, rechazan los esfuerzos de las IES y piden que, como sea, los valires a pagar bajen considerablemente bajo el supuesto de que la matrícula de programas presenciales traídos obligatoriamente a la virtualidad debería ser mucho más económica, en una errónea consecuencia de la falta de debate del sistema en torno de qué es la virtualidad, y como resultado de la prepotente actitud de algunas universidades y rectores que prejuiciaron y desvaloraron la virtualidad y hoy, callados, deben recurrir a ella para sobrevivir (no importa que sea remota, asistida, mediada… o como le quieran llamar para evadir juicios).
Entre tanto, si el sistema no reacciona y procura llegar a pactos de caballeros entre las propias IES, lo que se verá en las próximas semanas será el aumento de un canibalismo salvaje y la feria del descuento, que terminará deprimiendo económicamente el sector para los próximos años (aunque algunos críticamente, ¿tal vez con razón?, digan que es un reacomodo justo de los valores de matrícula que, por muchos años, se fueron inflando sin el control del Estado) y las oficinas de promoción y admisiones terminarán haciendo lo posible por “robarse” estudiantes de otras IES.
Por ejemplo, si X IES de alta calidad ofrece el 30 % de descuento, el nuevo valor pasará a asimilarse a lo que se paga en otra IES, sin acreditación, y resultaría llamativo pasar a matricularse allí. Si los estudiantes de X universidad privada lograron presionar al rector para bajar más las matrículas, lo mismo pueden hacer todos. Si X universidad fue la primera en anunciar descuentos, los rectores de las otras ven eso como una jugada desleal, pero terminarán haciendo lo mismo. Si la situación puede ser, para algunos sectores de la universidad pública, la oportunidad para alcanzar la permanente solicitud de gratuidad total. Y, en últimas, si yo, como IES cuento con el músculo financiero para resistir, sin importar si en la pugna se quiebran otras.
Estos tristes panoramas, y más, son los que se verán con mayor intensidad en el sector.
Y como en los matrimonios, si no hay una relación sólida, cuando llegan las dificultades, estos se acaban. Algo parecido sucede con el sistema de educación superior colombiano.
Con matrículas abajo, salarios abajo, alta deserción, cambio obligatorio de las formas y estrategias, importará la sobrevivencia. Todos los discursos adornados sobre el sistema de aseguramiento de calidad, el reconocimiento a la diversidad institucional de los nuevos procesos de registro y acreditación, los rankings, la visibilidad internacional, y la investigación pertinente, entre otras, quedarán relegados.
Por ello el llamado a buscar un líder que tenga la capacidad de ir más allá de los intereses específicos de una IES, de una visión gobiernista o de una actitud extremista de salvar o acabar, sí o sí la oferta universitaria.
El Ministerio de Educación es un operador de la política pública, aunque aquí se crea que debe ser el que las cree. Eso lo debería hacer, en su conjunto, el sistema. Como el sistema nunca ha logrado articularse, por error se ha creído que debe ser la ministra el que lo lidere, pero su agenda es gubernamental, y lo político no permite pensar en la real proyección estratégica y articulada del sector.
Se busca un líder que, además de conocer las dinámicas y complejidad del sector y los caprichos y mañas de sus actores e IES, logre sentar en la misma mesa a los rectores de las universidades privadas más costosas, con los de las IES técnicas profesionales de provincia; un líder al que reciba y escuche la ministra de Educación, pero también el ministro de Hacienda; un líder que convoque mesas técnicas de trabajo para que, entre las propias IES se firmen pactos de caballero para respetar las reglas de juego del mercado; un líder que inspire a romper paradigmas y superar los prejuicios (lo virtual no es regalado y también vale, y mucho; lo presencial es importante; las no acreditadas también tienen mucho que aportar…), y que inspire a repensar, positivamente, nuevos escenarios para la educación superior, la cooperación interinstitucional franca y sincera, el intercambio de escenarios y, sobre todo, poner las cartas sobre la mesa y definir reglas claras.
La situación es compleja, y difícil, y seguramente las condiciones de mercado seguirán afectándose, pero si el sistema logra articular y dialogar, se evitará el mal menor.
Seguramente hay varios candidatos para liderar el tema, aunque ahora no sean visibles. Mientras aparecen, un esfuerzo adicional, humano y profesional, de las asociaciones de IES, y de humildad y entrega de los rectores que más son escuchados, sería una muy buena señal.
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