Covid agravó situación financiera de Uniandes, que ya venía mal desde antes

Covid agravó situación financiera de Uniandes, que ya venía mal desde antes

Feb 2/21 Uniandes “reza” para que pase la pandemia y vuelvan los estudiantes que se fueron por la virtualidad, y así recuperar ingresos que ayuden a recuperar el déficit financiero que enfrenta.
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Hasta el inicio de la pandemia, la Universidad llevaba cinco años gastando más que lo que recibía, esencialmente por matrículas, y un anuncio del rector Gaviria buscó mejorar el ambiente, pero afectó las finanzas (Lea Entre líneas, qué significan los primeros anuncios de nuevo rector de Uniandes).
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El número de matriculados entre 2.014 y 2.015 fue de 18 mil (con cifras del SNIES). Con la aprobación de Ser Pilo Paga -nacido en esa Universidad-, su matrícula subió, en 2016, a 23.770 estudiantes, pero volvió a ir bajando poco a poco, y en 2.019 (último año en SNIES) llegó a 22.016, y según la cifra publicada por Planeación de esa Universidad, en 2020-1 el total fue de 18.391.
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2.020 cerró con una pérdida neta de tres mil millones y los salarios docentes, la nómina administrativa y las inversiones propias de la Universidad se congelarán o reducirán en 2.021, lo que genera una encrucijada para una Universidad con el prestigio, orgullo y finanzas de Los Andes: Si no invierte fuertemente en calidad, corre el riesgo de perder impacto en el mercado y seguir cobrando las más altas matrículas del país y, por ende, seguir aumentando el problema.
 
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La descripción de la preocupante situación ha sido publicada por el propio periódico estudiantil “El Uniandino”, en donde Alejandro Lozada, Isabella Mejía y Santiago Amaya realizaron el escrito denominado “La situación financiera le pega de frente a los profesores y hace carambola con estudiantes”, del que se a continuación se presentan los principales hechos:
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– En Uniandes van tres ejercicios de análisis presupuestal para 2021 y a la fecha no se conoce la versión final. Los recortes solicitados a las diversas unidades académicas no parecen lograr el punto de equilibrio deseado para seguir funcionando con calidad.
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– El anális presupuestal de diciembre mostraba un vacío operacional de 57 mil millones de pesos, y una pérdida neta de 17 mil millones. La pérdida neta para el 2020 fue de 3 mil millones, casi seis veces menor, a pesar de que las medidas de reducción de gastos se mantuvieron para ambos años. “De no hacerse ajustes inmediatos, el año fiscal 2020 cerrará con pérdidas netas de varios miles de millones de pesos, cosa que no ocurría desde 1998”, dijo el vicerrector de Servicios y Sostenibilidad Eduardo Behrentz en su presentación, explicando que el proceso de presupuesto estaba fallando en su propósito de proteger la estabilidad financiera.

– La gran preocupación,a demás del impacto sobre las inversiones y las nóminas, es que las actividades misionales de la Universidad no se sacrifiquen. Mauricio Nieto, decano de la facultad de Ciencias Sociales., por su parte, sostiene que el presupuesto no compromete la calidad de la educación, pues los recortes no afectan el currículo ni las ofertas que son directamente para los estudiantes.

– Más del 70% de los gastos operativos corresponden a los costos de la nómina, es decir, los empleados de la universidad -tanto administrativos como académicos-. Por lo tanto, los ajustes del presupuesto tendrían que recaer fuertemente en ellos, y esto significará.

1. Se congelan los salarios – Por ahora solo en el 2021

El vicerrector Behrentz anunció que el ajuste por IPC no se aplicará para el 2021. En la práctica, esto significa que los profesores experimentan una baja en su salario pues ni siquiera se ajusta por inflación. Y para los docentes sujetos a promoción en la revisión que viene, la vicerrectora académica, Raquel Bernal, explicó que “serán objeto de incrementos salariales según disponibilidad presupuestal”. Las medidas también aplicarán para los profesores de cátedra.

2. Se congela la nómina – Por ahora en el 2021 y el 2022

No habrá nuevas contrataciones hasta nueva orden. Esto aplica para todas las áreas y todos los cargos académicos y administrativos e incluye reemplazos de vacantes y reclasificaciones de cargos existentes. Esta medida vendrá acompañada de una redistribución en la carga de trabajo de los profesores para intentar hacerla más equitativa entre colegas.

3. Se mantiene la reducción salarial a directivos institucionales

Para el segundo semestre de 2020 se aplicó una reducción del 20% del salario para el rector, 15% para los vicerrectores y 10% para decanos y directores de unidades académicas y administrativas. Esta se mantendrá durante todo el 2021, y se incluye además un reducción del 5% para quienes ocupan cargos de jefaturas. Esto es especialmente significativo en el caso de los decanos y directores de departamento, pues estos cargos son usualmente ocupados por profesores e implican una carga de trabajo importante.

4. Adiós bonificaciones, se para la infraestructura y se recorta en investigación

Los Andes planea reducir por un tiempo su inversión en planta física, lo que incluye nuevas instalaciones, equipos y hasta infraestructura tecnológica. También se ha anunciado que reducirá en un 10% los honorarios que reciben los profesores por consultorías o contratos civiles, que durante los dos próximos años no dará bonos de desempeño -que premiaban indicadores como publicar en revistas indexadas en algunas facultades o crear productos nuevos en otras- y que reducirá el presupuesto de investigación. Esta última medida impacta especialmente a departamentos que requieren de equipos o materiales para poder investigar, como algunos en la facultad de Ciencias y en la facultad de Artes y Humanidades.

¿Por qué esta situación?
 
La preocupación sobre la situación financiera de la universidad no es nueva. Desde el 2014 la brecha entre ingresos operativos -dinero que entra por el día a día- y gastos operativos -lo que cuesta tener a la universidad funcionando- se viene reduciendo, pues mientras los ingresos tendían a la baja, los gastos no dejaban de crecer. En 2016 y 2017 estos puntos se igualaron. Hoy la universidad registra más gastos que ingresos: “por cada 100 pesos de ingreso operativo, la Universidad (sic) gasta 105 pesos”, se lee en el acta del Consejo Académico del 10 de diciembre.

La forma en que Los Andes compensó el déficit operacional fue utilizando dinero del fondo patrimonial o endowment. La mayoría de universidades en el mundo cuentan con este tipo de fondos que invierten en portafolios de bajo riesgo para ahorrar sin que el dinero pierda valor por inflación, y para reinvertir más adelante en los objetivos misionales -es decir, para utilizar en gastos no relacionados con el funcionamiento sino con la expansión-.

El COVID-19 desvalorizó los mercados internacionales, y con ellos se vinieron abajo los rendimientos del endowment uniandino.

Los Andes se acostumbró a depender de los ingresos de las matrículas para crecer. En 2017, con los plantones y peticiones de los estudiantes, el incremento de las matrículas que se tenía previsto según la inflación pasó del IPC + 2% a ser del IPC + 1%. Esto oscureció el panorama financiero pues los ingresos operativos de la universidad dependen por lo menos en un 70% de las matrículas, como dijeron el rector Gaviria y el gerente del campus Maurix Suárez. Sin embargo, según los estados financieros del 2019, esta dependencia sería cercana al 85%.

Al menor incremento de matrículas y la fuerte dependencia en estas para los ingresos se suma una caída en el número de estudiantes, que con la crisis por el COVID-19 completaría la tormenta perfecta.
 
Por otro lado, aunque la decisión del rector Gaviria de pasar el contrato de todos los empleados de la universidad a término indefinido protegía a los profesores, también ponía en aprietos a la universidad.
 
Además, según Isabella Almonacid, vicepresidente del CEU, “estamos pagando los estragos de haber invertido tanto en infraestructura, como pagar el arriendo en City U o la sede que hay en Cartagena, eso no ha dado el dinero que se esperaba que diera”.
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