Marzo/23 Orozco, columnista de este Observatorio, se pregunta qué ocurre con las miles y miles de tesis y trabajos de grado que no pasan por la lupa de portales como PlagioSOS?
Uno de los grandes compromisos de la educación superior es crear competencias para tomar decisiones éticas y solucionar problemas responsablemente a partir del acervo de conocimientos científicos y técnicos de la humanidad[1]. Sin embargo, en las universidades debemos asumir la tarea de crear habilidades básicas para leer, escribir, hablar y pensar moralmente sobre unos contenidos científicos y disciplinares.
Decía mi maestro, José Luis Villaveces -uno de los grandes pensadores y educadores que ha tenido Colombia- que “nuestras universidades principalmente en los primeros años son como el grado 12, 13 y 14 del bachillerato” que intentan subsanar los vacíos que deja la educación básica y media[2]. Luego de ese proceso y un recorrido por los contenidos curriculares propios de las profesiones, se llega a un momento clave en la educación superior, tanto de pregrado como de posgrado: el trabajo de grado. Es éste el que permite que un candidato a un título demuestre sus competencias para escribir académicamente y hablar argumentativamente defendiendo sus ideas a partir de los fundamentos científicos y técnicos. Pero, sobre todo, la originalidad del trabajo intelectual es prenda de garantía de la actuación ética del futuro egresado.
En la tradición de la universidad europea desde el siglo XII, como indica el gran historiador francés Jacques Verger, el aspirante se prepara cuidadosamente con su maestro para una examinación pública en la que debe demostrar suficiencia de conocimientos y argumentación ante un tribunal – un ‘college of doctors’[3] -, que aprueba su capacidad y lo titula con un grado oficial, que era “una auténtica dignidad social y le abría las puertas al mundo de los privilegiados, de hecho, al de la nobleza”[4]. Era un proceso exigente, de mucha dedicación y del que “solo una minoría de estudiantes llegaba a graduarse” [5]. Sin embargo, “había casos en que los más hábiles o los más ricos lograban, mediante fraude, corrupción o una dispensa especial, obtener los títulos muy fácilmente”[6].
Hoy el fraude en el trabajo de grado se ha centrado en el análisis del plagio a partir de plataformas de detección de similitudes. En este marco emergió en Colombia PlagioSOS, como un “espacio de formación ciudadana en derechos de autor y denuncia pública de casos violatorios de este derecho en Iberoamérica”. A la fecha ha elaborado más de 60 casos de plagio durante 13 años de actividad, particularmente en tesis doctorales y trabajos de grado. Hoy continúa siendo de gran ayuda para luchar contra la falta de probidad en la academia. El trabajo de los investigadores de PlagioSOS se centra en figuras públicas, a las que es necesario evaluarles su integridad ética. Sin embargo, ¿qué ocurre con las miles y miles de tesis y trabajos de grado que no pasan por la lupa de PlagioSOS? ¿Cómo controlamos en las universidades que los trabajos de grado no sean un plagio de otro trabajo enterrado en algún disco compacto archivado en un anaquel al que ni siquiera con aplicaciones como Turnitin se puede acceder?
Hace un tiempo me preguntaron por un trabajo de grado que dirigí en un posgrado hacia 2014. Ubiqué en mis archivos el documento final y le realicé la prueba de similitud con la licencia de Turnitin que tengo desde 2022. El resultado mostró que el documento no tiene plagio sobre artículos o documentos disponibles en la Internet. Sin embargo, el análisis mostró un 70% de similitud con un trabajo de grado de una universidad regional. Inmediatamente pensé: ¿cuántos trabajos de grado no se han reciclado aprovechando la incapacidad tecnológica y humana para detectarlos? No podemos imaginar un profesor recorriendo los repositorios y bodegas de todas las universidades a ver si el trabajo de grado que tiene entre manos salió de algún documento previo. Considero que las bibliotecas deben crear repositorios públicos y de fácil acceso con los trabajos de grado y tesis que ingresan a sus colecciones. Sin embargo, es necesario evitar una cacería de brujas que busque desacreditar a los directores y jurados por haber aprobado trabajos de grado que resultan de reciclajes y plagios meticulosamente armados. Ahora bien, ¿cuántos títulos no entrarían en proceso de revocatoria y terminen en nada como ocurrió con el caso de Jennifer Arias? Al respecto léase el excelente análisis del profesor Diego Torres de la Universidad Nacional de Colombia.
En mi columna anterior advierto cómo el ChatGPT se erige como la herramienta que puede afincar y poner el enchape al edificio de la corrupción en la academia. Ya hay polémicas por casos como el de Alexander Zhadan, quien se tituló de la Russian State University for the Humanities con un trabajo de grado sobre gestión organizacional que hizo en un día con el ChatGPT. También aparecen ofertas de cursos y servicios para hacer tesis y trabajos de grado con ChatGPT. En este marco, ya el problema no estará en el plagio o el uso de inteligencia artificial, sino en saber qué es lo que un estudiante es capaz de escribir y debatir a partir de su esfuerzo intelectual. Mi propuesta es que más allá de librar una lucha entre documentos y plagios, entre Turnitin y ChatGPT, entre repositorios públicos y privados, volvamos a lo fundamental en la tradición universitaria. Ni la Ley 30 de 1992 ni el Decreto 1330 de 2019 exigen la realización de trabajos de grado[7] – a excepción de la tesis que es un trabajo de investigación propio del doctorado (Art. 13 Ley 30/92).
En lugar de trabajos de grado creemos espacios para que los aspirantes demuestren públicamente ante un tribunal, de forma oral y escrita -a mano-, su apropiación de conocimientos y su capacidad para argumentar propuestas y defender sus posiciones a partir de los fundamentos científicos y tecnológicos de su disciplina y profesión. Esto aunado al fortalecimiento de las pruebas Saber Pro del ICFES en el marco del capítulo 4 del Decreto 1075 de 2015, para que podamos tener una evaluación que brinde indicadores sobre las competencias del candidato al título y una medida central de calidad – externa e interna- como estipula el Decreto 1330 de 2019 y como mostró mi discípula -y nieta intelectual de José Luis Villaveces- Jeimy Paola Aristizabal en su tesis de doctorado en administración: Beyond rankings: a proposal for measuring the quality and efficiency of higher education[8].
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[1] En el marco de la cuarta revolución industrial propusimos que en particular las ciencias sociales y humanas en la educación superior deben brindar una: “1) contribución a una mayor comprensión de las complejidades de la cambiante realidad; (2) exaltación del ser humano en la llamada sociedad del conocimiento; (3) apoyo a la toma de decisiones ilustrada y a la solución de problemas públicos; (4) desarrollo y aprovechamiento de oportunidades empresariales; y (5) apoyo a la inclusión social, la democracia y la paz.” Ver: Ordoñez-Matamoros, G., Centeno, J. P., & Orozco, L. A. (2021). Las ciencias sociales y humanidades en la cuarta revolución industrial. Retos y oportunidades. En Disrupción tecnológica, transformación digital y sociedad. Tomo I, ¿Cuarta revolución industrial? : contribuciones tecnosociales para la transformación social. Universidad Externado de Colombia.
[2] Cubillos, C (1998). Saldo Rojo: La educación superior en crisis. Planeta. Bogotá. Pág. 27
[3] Verger, J. (1992): “Patterns,” in A History of the University in Europe, vol 1, chap. 2, Cambridge University Press
[4] Verger, J. (1992): “Teachers,” in A History of the University in Europe. vol 1, chap. 5, Cambridge University Press. P. 145
[5] Verger op. Cit. P. 147
[6] Verger op. Cit. P. 147
[7] Para el caso de las maestrías el Art. 2.5.3.2.6.4 indica básicamente que para obtener el título se puede hacer lo que “la institución defina como suficiente” y esto, como hemos criticado en el marco de la autonomía universitaria en una columna anterior, puede ser cualquier cosa, no un trabajo de investigación como intenta sugerir el legislador en este mismo artículo.
[8] Disponible en el repositorio abierto de tesis doctorales de la Universidad Externado de Colombia en: https://bdigital.uexternado.edu.co/server/api/core/bitstreams/94cfb264-4e5d-4b81-accb-e656dfa75479/content
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