A mayor educación, menor tasa de natalidad y de aspirantes a las IES

A mayor educación, menor tasa de natalidad y de aspirantes a las IES

Mayo 26/20 Es una paradoja. Baja en la tasa de natalidad se explica en mayor ingreso y educación de las mujeres, y el origen regional, según un estudio de Uninorte.

Esto ayudaría a entender, en gran medida, la caida, que tiende a prolongarse, en la demanda hacia la educación superior, especialmente de las universidades privadas en el centro del país.

Esta son algunas de las principales conclusiones del estudio “Transición demográfica y sus consecuencias en la matrícula universitaria en Colombia”, elaborado por el rector de la Universidad del Norte, Adolfo Meisel Roca y la investigadora Angela Granger S., publicado en el último número de la serie Documentos del Departamento de Economía de esa Universidad.

Según el análisis, fundamentado en los indicadores censales, las tasas de natalidad y mortalidad en las últimas décadas, los registros de las pruebas Saber 11 y los datos de matrícula en las IES del país y desagregado por regiones, los investigadores concluyen que las tasas de fecundidad en Colombia, y en el mundo, han estado estrechamente relacionadas con la evolución de la educación. Puesto que los individuos acceden a esta desde los primeros años de vida, la educación contribuye a formar las conductas relacionadas con la sexualidad, el matrimonio, la fecundidad, el cuidado personal, entre otras actitudes y hábitos.

Por eso se explica, en parte, cómo en el país las tasas de matrícula porcentualmente vienen bajando más en casi todas las regiones del país, especialmente en Bogotá, aunque la Costa Caribe y el litoral pacífico conservan mayores tasas de fecundidad, reflejo del rezago de la periferia en el progreso social y económico nacional.

En Colombia, la esperanza de vida a comienzos del siglo XIX era de 26 años, la tasa de mortalidad infantil de 297 defunciones de niños menores de un año por cada 1000 nacimientos y, en promedio, cada mujer tenía 8,5 hijos. Para inicios del siglo XX, el panorama ya era diferente, la mortalidad infantil se registró en 186,5 muertes por 1000 nacidos en 1905, la esperanza de vida en 39,5 años y la fecundidad en 6,4 niños por mujer.

El efecto de la explosión demográfica del siglo XX, y que aumentó la base de la pirámide poblacional, se ha diluido y en las últimas décadas el acelerado descenso de la fecundidad ha invertido la distribución de edades de la población con un creciente índice de envejecimiento.

De acuerdo con el censo de 1985, el 36,4 % de la población tenía entre 0 y 14 años, el 22,1 % entre 15 y 24 años, el 37,5 % entre 24 y 64 años, y solo el 4 % más de 65 años. Es decir, el país era en esencia un país de jóvenes. En estos años, la disminución de la mortalidad infantil, la masificación de los métodos anticonceptivos y la transformación del rol de la mujer dio paso a un rápido descenso de la tasa de fecundidad que caería a 3,3 hijos en promedio por mujer en 1985 y a 1,8 en 2017.

En 1985, las mujeres sin ninguna educación tenían en promedio 4,7 hijos y hacia 2015 disminuyó a 3,9, lo que significó un gran descenso. En contraste, las mujeres con educación superior tuvieron en promedio 1,6 hijos en 1985 y en 2015.

Desde 1970 hasta la actualidad, Colombia ha experimentado un aumento de la población en edad de trabajar y, por tanto, de la fuerza laboral potencial. Esto, que en la literatura se conoce como el bono demográfico, ha sido una oportunidad que está próxima a cerrarse. El país enfrentará en las siguientes décadas los retos que supone el envejecimiento de la población.

Menores aspirantes a la educación superior

Ahora, según los datos del Ministerio de Educación Nacional, la demanda efectiva por educación superior, medida por las inscripciones en instituciones educativas, se mantuvo con una tendencia creciente entre 2000 y 2016, tanto en el sector público como en el privado. A partir de 2017, se experimenta un decrecimiento en las inscripciones en instituciones privadas y en 2018 en las públicas.

Si se examina por la región donde se ofrece el programa universitario, las inscripciones disminuyeron en todas las regiones en el último año, a excepción de la Costa Caribe. El mayor decrecimiento se registró en Bogotá, con una disminución de 40 417 inscripciones menos en 2018 respecto de 2017

Si los estudiantes que se presentan a las instituciones de educación superior tienen entre 14 y 21 años, esto significa que los que demandan un cupo en 2017 nacieron entre 1996 y 2003, que, según las pruebas Saber 11, son los años en los que comienza a disminuir el número de estudiantes que ingresan y posteriormente terminan el colegio. Esto refuerza la hipótesis estructural, y aunque es un fenómeno reciente, la evolución de la transición demográfica en Colombia y la demanda universitaria de los últimos años son evidencia de que las universidades se enfrentarán en los próximos años a los retos que supone el creciente envejecimiento de la población.

Como es muy probable que los estudiantes de estratos socioeconómicos más altos sean los que presentan mayor caída en el tamaño de las cohortes, este proceso de disminución en la demanda seguirá por unos años más. El hecho de que son los estudiantes de estratos socioeconómicos más altos los que muestran mayor caída en el tamaño de las cohortes se confirma por el hecho de que la reducción en los inscritos es mayor en las universidades privadas que en las públicas.

Clic para acceder al documento de Uninorte

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