Aprender a convertirse: Edgar Rodríguez – sept/21

Édgar Giovanni Rodríguez Cuberos – Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación, Humanidades y Artes. Fundación Universitaria Juan de Castellanos, analiza el informe de la Comisión Internacional sobre Futuros de la Educación de UNESCO y la Transformación de nuestras IES

En oportunidades anteriores he tenido la oportunidad, gracias al Observatorio de la Universidad Colombiana de compartir algunas reflexiones acerca de temas estratégicos y prospectivos para nuestras IES (Smart Universities, Institutional research, la noción de práctica, entre otros) y bajo esta misma línea de trabajo, quiero propiciar un escenario de debate y reflexión sobre el reciente documento publicado por la UNESCO denominado: Avances recientes de la comisión Internacional sobre los futuros de la educación (Aprender a convertirse).

Es sin lugar a dudas un informe breve de los resultados del proceso de consulta a nivel global sobre los retos y desafíos que enfrentamos y que, antes de la emergencia sanitaria ya deslindaban los resultados una imperiosa necesidad de cambio y transformación de las racionalidades, perspectivas, enfoques y modos de hacer con que opera la dinámica educativa a nivel global. En este sentido, la pandemia COVID 19 evidenció aún más, como ya sabemos, las profundas inequidades, desigualdades y retos estructurales que lamentablemente a hoy, no terminamos por solventar.

Para algunos, la situación de pandemia podría haber sido suficiente como para darnos cuenta que la forma de vida que llevamos sustentada en un modelo económico en particular, tiende a ser inviable por varias razones que desborda esta nota, pero que, podría bajo esta situación crítica y de punto de inflexión llegar a cambiarse o a modificar las prácticas que nos han llevado a las distintas crisis y que, tristemente a hoy, adelantan el conteo de una crisis aún peor (No se trata de una visión apocalíptica o relacionada con teorías conspirativas, es una realidad ante la cual, por producto del calentamiento global, el aumento de la anomalía del atlántico sur, entre otros dinamismos planetarios, suponen un llamado de atención sobre los sentidos de nuestra forma de vida en el planeta). Así, recientemente la científica de la NASA Carolyn Porco en conferencia de Skeptical Inquirer (Septiembre de 2021) advertía: “Antes que pensar e invertir multimillonarios recursos para terraformar marte, debemos comenzar cuanto antes a terraformar la tierra”. Terraformar la tierra, un juego de palabras, pero que lamentablemente se convierte hoy en una necesidad que nos compromete a todos, todas y todes.

Es por ello, que el documento “Aprender a convertirse” y el informe final que se publicará en noviembre de este año, debe, a mi manera de ver, convertirse en un documento estratégico para nuestras IES, en nuestro contexto y desde una mirada desde el sur y bajo el panorama que nos plantea De Soussa Santos (Decolonizar la Universidad),  pues el futuro de las universidades tendrá que dejar necesariamente de apostar por la formación de ciudanías para el mercado, para pensar en ciudadanías colaborativas para el planeta y para sustentar y/o crear nuevas alternativas de coexistencia.

Sin lugar a dudas, esta visión, confrontará los discursos y las políticas que orientan el reciente debate sobre resultados de aprendizaje pero mucho más allá, sobre el sentido y significado de la calidad, la excelencia y la forma como nuestras IES dan cuenta de ella, desde una perspectiva más centrada en la misionalidad y que,  más allá de los parámetros y las métricas economicistas o de los modelos que venimos implementando y que parten de la desconfianza, que terminan restando a las comunidades académicas e intelectuales su legitimidad, donde se desdibuja la función y la relación universidad sociedad, se desagregan las comunidades al competir entre ellas, se burocratizan cada vez más los procesos y se disminuye la potencia y capacidad creativa al anteponer los formatos de “cumplimiento” por los procesos formativos, de la misma forma que se desaprovecha la información y producción de conocimiento para la toma de decisiones efectivas, situadas y basadas en el cuidado y bienestar, entre otros factores, más allá de ello, logremos reconfigurar el lugar de la Universidad en el Siglo XXI.

En este sentido, “Aprender a convertirse” pasa por una voluntad y una sensibilidad particular que nos convoca a comprender que no podemos continuar basándonos en prácticas y convicciones de desarrollo y progreso del Siglo XIX y que, quizás a pesar de sus efectos colaterales (que hoy sufrimos), fueron pensadas para una revolución industrial. Ahora y en concreto para nuestra visión desde el Sur (donde están los recursos del futuro, agua, biodiversidad, multiculturalidad), la oportunidad de liderazgo global depende de la forma en que queramos en realidad superar la acostumbrada visión centro-periferia. Más allá de una adscripción a una ideología particular, el desafío se nos muestra o revela sobre una convicción por lo común (commoning). Los aspectos que propone el documento de UNESCO implican una agenda más ambiciosa a 2030 y sus desafíos de desarrollo sostenible, frente a grandes temas que hasta ahora estamos involucrando y que quedarían pendientes, la prospectiva debe lanzarse a 2050 y, por lo tanto, afectar los esquemas administrativos y los idearios estratégicos de nuestras IES.

Aprender a convertirse, es aprender a convertir-nos, dignificarnos en lo común, en lo colaborativo, en el sentido de la civitas,  en el humanismo, la educación regenerativa, los futuros en plural, la gestión estratégica de la incertidumbre, la complejidad, la volatilidad y la ambigüedad, la gobernanza ética, la convergencia de saberes, la inclusión, la  transparencia, la diversidad, la producción de conocimiento liberado, la sociedad convivencial, la disminución de formas de violencia estructurales y disipadas, la búsqueda de la equidad y la lucha contra la corrupción, el diseño de los nuevos entornos (ecosistemas de aprendizaje) para facilitar dicha práctica de conversión…son varias las tareas pero todas ellas hacen parte de una perspectiva situada de “SMART UNIVERSITY”: IES que reconocen que las tecnologías por venir (IoT, Big data, block chain, Inteligencias artificiales y demás) se fundamentan no en su posesión sino, en las capacidades de aplicación ética y estética de sus comunidades de aprendizaje para afectar afirmativamente sus entronos, es decir, un humanismo del siglo XXI.

Para comenzar a trabajar en ello, se requiere de una consideración seria de estos temas en las instituciones pero además una perspectiva académica disruptiva de parte de quienes las lideran.

Referencia:

UNESCO (2021) “Los futuros de la educación. Aprender a convertirse” Comisión Internacional sobre los futuros de la educación. UNESCO.

 271 

Compartir en redes