¿Baja en matrículas u oferta distorsionada?: Víctor M. Gómez – Nov/19

Con el título “¿Reducción de matrículas o estructura de oferta distorsionada, obsoleta e inadecuada?”, el profesor de la U. Nacional de Colombia y observador de este portal, Víctor Manuel Gómez, explica por qué, para él, la supuesta reducción de matrícula no se debe a la escasez de demanda potencial sino a distorsiones históricas en la estructura de la oferta y de las IES.

Ante la alarma reciente sobre la reducción de matrículas (-10%?) sobre todo en IES privadas, es necesario analizar si esta reducción se debe al logro de una alta tasa de cobertura; lo que no sería un problema sino un logro de política educativa; o más bien a una estructura de la oferta de IES y programas altamente distorsionada, excluyente e inadecuada.

¿Cómo es posible que haya reducción de matrículas en la educación superior colombiana cuando más del 50% de los egresados del nivel medio (660.000 en 2018 y entre 2.500.000 y 2.700.000 en los próximos 4 años) no pueden acceder a la actual estructura de oferta de programas e IES y son condenados a ingresar al mercado laboral sin formación ocupacional, al subempleo y marginación socioeconómica, y sus correlatos de delincuencia, narcotráfico..? ¿Se trata de una reducción objetiva de matrícula o de una estructura de oferta distorsionada a favor de la oferta tradicional de formación profesional y académica, en perjuicio de programas de formación corta (2 años) de índole técnica y de calificación laboral?

La supuesta reducción de matrícula no se debe a la escasez de demanda potencial (más del 50% de los egresados del nivel medio) sino a distorsiones históricas en la estructura de la oferta y de las IES. Tanto por razones culturales como por opciones de política, en este país se ha consolidado un sistema de educación superior que ha privilegiado a la ‘universidad’ tradicional, como la única institución deseable, que concentra el estatus social y la financiación, y en la que todas las otras instituciones aspiran a convertirse, como las numerosas (111) instituciones universitarias existentes[1].

Esta hegemonía cultural y política de la ‘universidad’ ha tenido como consecuencia la desfinanciación y el olvido de otro tipo de instituciones, comunes en otros países, que ofrecen formación técnica de corta duración (2 años) a la mayoría de egresados de la educación secundaria y que actúan como verdadera ‘alternativa’ a las universidades tradicionales.[2]

En muchos países de la OECD estas instituciones alternativas de formación concentran un alto porcentaje de egresados de la secundaria (entre 50% y 70%). En Alemania y otros países de la llamada ‘tradición germánica’, solo el 20% o 30% de estos egresados estudian en las universidades, cuya principal función es la investigación, no la formación profesional, la que se ofrece en diversos tipos de instituciones distintas a las universidades, conformando un sistema altamente diversificado de instituciones.[3] Los ejemplos internacionales de formación técnica postsecundaria abundan: los community colleges (USA, Corea, Japón..), los hogescholen (Holanda), IUTs (Francia), los Politécnicos en muchos países, etc. Con alta cobertura de egresados del nivel secundario. La cobertura masiva en la educación superior no se logra, en ninguna sociedad, en las universidades académicas tradicionales sino en sistemas altamente diversificados de formación, con ofertas equivalentes en calidad según su objetivo y campo de acción.[4]

En Colombia, por el contrario, no existe un sistema de educación postsecundaria técnica que funcione como una verdadera ‘alternativa’ a las IES tradicionales y su oferta de carreras de larga duración.

En efecto, la mayoría de los egresados del nivel medio en Colombia carecen de estas oportunidades de formación laboral de alta calificación al salir del nivel medio. Sus únicas opciones son las carreras tradicionales de ciclo largo, los programas de formación técnica y tecnológica del SENA y algunos pocos programas T y T públicos y privados, con graves problemas de calidad y pertinencia.[5] Es muy limitada y deficiente la oferta privada de educación técnica postsecundaria pues deben financiarse con matrículas bajas de una población de bajos ingresos. En estas condiciones de precariedad es imposible brindar formación técnica moderna, la que requiere de insumos, instrumentos, maquinaria, talleres, personal calificado y con experiencia laboral. Tampoco es posible establecer relaciones sinérgicas con el sector productivo, dados el atraso, la baja calidad y escasa pertinencia de la formación impartida. lo que explica su bajo estatus social y baja matrícula (4.1% en 2015).

Ya ha sido señalada la alta demanda potencial en Colombia por educación técnica moderna, de calidad. En los próximos 4 años habrán egresado del nivel medio (grado 11) entre 2.5000.000 y 2.700.000 jóvenes. Bajo un supuesto optimista de que el 50% tendrá acceso a alguna modalidad de educación postsecundaria, todavía quedarán entre 1.250.000 y 1.350.000 jóvenes sin oportunidades de educación postsecundaria. Frente a esta terrible escasez de oportunidades de formación laboral, que condena a cientos de miles de jóvenes a la delincuencia y narcotráfico, la única respuesta de este Gobierno es una versión disfrazada de SPP, que revela las limitaciones de esta nueva versión E (equidad) de SPP.

Con los $3.6 billones anunciados, para solo 320.000 jóvenes en 4 años, se podría solucionar a corto plazo el déficit de funcionamiento de las diversas IES públicas (a la espera de una reforma sustantiva a los artículos 86 y 87 de la Ley 30) y se podría financiar la principal carencia de la educación postsecundaria en Colombia: la ausencia de un sistema público de educación técnica moderna, según estándares internacionales, que sería demandado por un alto porcentaje de egresados que requieren formación laboral de calidad.

Además de estos $3.6 billones un porcentaje importante de los $3.5 billones del actual presupuesto del SENA debería ser asignado a la organización del sistema mencionado de educación técnica moderna.

Lo que estas cifras revelan es que no hay carencia de recursos sino de voluntad política de ampliar y diversificar la oferta de oportunidades de educación superior para un alto porcentaje de los jóvenes egresados del nivel medio.

El problema de la ‘reducción’ de matrículas en IES y programas tradicionales:

Recientemente se ha señalado una fuerte disminución en matrículas (‘…entre 2017 y 2018 18 universidades perdieron entre 1.200 y 4.000 estudiantes, dos perdieron entre 7.000 y 8.000, y el SENA perdió 36.000’[6]), que genera efectos negativos en la situación económica -y por tanto académica- de muchas instituciones privadas que dependen casi enteramente del pago de matrículas para su funcionamiento. En muchas de estas instituciones es muy bajo el valor de la matrícula lo que hace inviable ofrecer educación de calidad y pertinencia a un muy alto porcentaje del total de matriculados en educación superior.

Está en crisis o ‘en jaque’ según F. Cajiao, el modelo de funcionamiento de las IES privadas, de las que depende aproximadamente la mitad de la tasa de cobertura del 60% propuesta en el Plan de Desarrollo del actual gobierno. El que continúa con el modelo de financiación privada basado en el esfuerzo de las familias y el endeudamiento del estudiante, para lo cual se subsidia y fortalece al ICETEX, institución bandera de la política de subsidio a la demanda. La otra mitad de la meta de cobertura depende entonces del aumento de financiación de las IES públicas y del programa Generación E que reemplazó a Ser Pilo Paga, una de cuyas principales limitaciones es que solo atendió al 14% de los egresados del nivel medio a pesar de sus altos costos.

De esta situación de reducción de la base económica, y sus efectos académicos colaterales, solo se salvan algunas pocas universidades de elite que continúan con alta demanda a pesar de sus altos costos de matrícula, reflejo de la alta concentración del ingreso y de la búsqueda del alto estatus social, contactos (capital social) y empleabilidad que otorgan estas pocas universidades de elite.

Pero esta crisis económica afecta con mayor fuerza a la mayoría de las IES de segundo o tercer orden o nivel de estatus social y calidad académica, las que conforman la mayor parte de las 241 IES privadas (69 universidades, 111 instituciones universitarias, 40 instituciones tecnológicas y 21 instituciones técnicas). La mayoría de las cuales dependen del pago de matrículas por parte de las familias y del endeudamiento de estudiantes.[7]

Varias interpretaciones se han presentado sobre este fenómeno de reducción de matrícula:

a) La demográfica, disminución del grupo de edad 17 – 24 años?. En algunas regiones, como Antioquia, se reporta una disminución de más de 20% en egresados del nivel medio entre 2010 y 2018.

b) La disminución de la rentabilidad de carreras universitarias largas (4 o 5 años), sobre todo en las pocas carreras tradicionales en las que se concentra la mayor parte de la matrícula (Administración, Contaduría, Derecho, Psicología..) generando una alta competencia y la consiguiente reducción de remuneraciones y condiciones de trabajo.

En un reciente artículo en el Observatorio de la Universidad Colombiana (Julio 21, 2019) se señalaba la alta competencia (descoordinación?) entre IES y programas similares, así como la escasa innovación curricular en nuevos programas, modalidades y áreas de formación.

Información de referencia: Descoordinación del sistema contribuye a caída de estudiantes en las IES

Y además el ingreso de nuevas IES a la competencia por un mercado en reducción e inestable. Más de 20 nuevas IES han entrado a esta competencia en los últimos 10 años.

c) La escasa innovación curricular y pedagógica en las IES; la oferta de ‘más de los mismos’ programas; y el consiguiente desencanto y pérdida de interés de muchos jóvenes en busca de nuevas opciones de formación modernas y adecuadas a sus intereses y expectativas laborales.

d) Las supuestas alternativas de formación y acreditación que ofrece la educación virtual, sobre todo la que permite integrar estudio y trabajo, lo que disminuye la matrícula en programas presenciales. Las IES con mayor crecimiento en la matrícula son las de mayor desarrollo de la modalidad de educación virtual. Sin embargo es necesario un mayor conocimiento analítico e investigación sobre el desempeño laboral de egresados de la educación virtual, según programa de estudios e institución.

e) Se menciona con frecuencia el fenómeno del auge de certificaciones de competencias en áreas técnicas específicas, comúnmente en formaciones cortas ofrecidas por empresas tecnológicas.

¿Pero es ésta una alternativa a la educación académica en Ingenierías y áreas tecnológicas? O solo se trata de una secuencia de certificaciones, cada una de corta duración, debido a la rapidez del cambio tecnológico, lo que obliga a estos usuarios a una senda continua de certificaciones, la mayoría efímeras, de corta duración, con alta obsolescencia, y sin posibilidades de trabajo permanente, mucho menos de promoción en los rangos superiores de estas empresas, para lo cual comúnmente se requiere un alto nivel de formación intelectual compleja, no solamente una competencia técnica específica y limitada.

f) El alto costo relativo de educación superior en Colombia lo que ha motivado que muchos miles de estudiantes prefieran instalarse en Argentina, Brasil y México, donde reciben educación de calidad con costos similares o menores que los colombianos y con grandes beneficios culturales adicionales. Se calcula que entre 2012 y 2018 aproximadamente 500.000 mil estudiantes colombianos han emigrado a estudiar en el exterior. En algunas carreras en universidades públicas de la Provincia de Buenos Aires se reporta que más del 30% de los estudiantes son colombianos.

g) Para la mayoría de las familias, con ingresos iguales o menores a $4 millones mensuales es imposible el pago del alto costo en universidades privadas de calidad, lo que aunado a las razones anteriores, desestimula buscar el endeudamiento en carreras largas y de rentabilidad incierta y optar más bien por modalidades de formación para el trabajo.

Todas estas razones inciden en el fenómeno de disminución de matrículas en las IES y programas actuales de educación superior. Los serios problemas y limitaciones aquí señalados en la actual estructura de la oferta, augura no solo una posible mayor reducción en matrículas sino el fracaso de la meta de aumentar la tasa de cobertura al 60% como lo consigna el Plan de Desarrollo del actual gobierno. En ausencia de financiación y consolidación de programas alternativos de formación técnica de calidad, aumentará el alto costo social para los cientos de miles de egresados del nivel medio sin oportunidades de formación laboral de calidad. Estos son los ‘olvidados’ de la política de educación superior, juventud condenada al desempleo, subempleo y marginación social y laboral, lo que aumenta la alta desigualdad social y sus consecuencias negativas para la convivencia y la paz social.

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[1] Este es el destino de las llamadas ‘instituciones universitarias’, híbrido institucional inexistente en el resto del mundo, cuya principal aspiración es lograr acceder al estatus de ‘universidad’ mediante el proceso de ‘transformación’. Proceso que además permite a las principales Instituciones Tecnológicas transformarse en ‘instituciones universitarias’, como ha sucedido con el ITM y otras varias Tecnológicas, lo que debilita y desfigura aún más su identidad y pertinencia en el ámbito de las tecnologías modernas.

[2] OECD. ‘Alternatives to universities’. 1991. Publications and Information Centre.

[3] Ver: “Diversificación y tipología de instituciones de educación superior en el contexto internacional y en Colombia”. En: Gómez, V. M. “La pirámide de la desigualdad social en educación superior. Diversificación y Tipología de instituciones”. Universidad Nacional de Colombia. 2015. Pp. 19 a 56.

[4] Un claro ejemplo se encuentra en los ‘community colleges,’ en Estados Unidos y muchos otros países, con otras denominaciones como Politécnicos, en los que se forma y califica laboralmente a más de la mitad de egresados de secundaria. Este tipo de formación no es necesariamente ‘terminal’ para el ingreso al mercado laboral pues puede ofrecer oportunidades de continuar estudios universitarios a los interesados. En Estados Unidos aproximadamente la mitad de los estudiantes de los ‘colleges’ universitarios de 4 años proviene de ‘community colleges’ después de haber recibido formación técnica, la que a muchos les permite la posibilidad de combinar ‘estudio y trabajo en lugar de la costosa opción del endeudamiento en la educación superior. Excelente modelo de movilidad educativa y social. (Baily, Th. “Community colleges in the 21st Century. Challenges and Opportunities”. En: Graham, P. & Stacey, N. (eds). “Knowledge Economy and Postsecondary Education”, National Academy Press. Washington, 2002.)

[5] Ver: “La calidad de la educación TyT”. En: Gómez, V. M. Op. Cit. Pp. 200-208.

[6] Cajiao, F. “La educación superior en jaque’. Razón Pública. Octubre 21, 2019

[7] “.. la educación superior no puede ser una actividad comercial en manos de particulares que dirigen pequeñas empresas educativas para suplir las carencias del Estado”. Cajiao, F. Op. Cit.