Banco Mundial recomienda, tras pandemia, fortalecer programas técnicos

Sept 30/21 Estudio de América Latina y el Caribe los plantea como alternativa por situación social. Datos de Colombia deben verse con cuidado. NO incluyeron información de técnicos laborales.

El estudio se llama “La vía rápida hacia nuevas competencia: Programas cortos en educación superior en América Latina y el Caribe”, y fue preparado por los analistas del Banco Mundial María Martha Ferreyra, Lelys Dinarte Díaz, Sergio Urzúa y Marina Bassi.

Corresponde a una interesante descripción de cómo la pandemia afectó temas de demanda, movilidad, graduación y desempeño laboral de los egresados de la educación superior y cómo los programas técnicos (llamados por ellos PCC, o Programas de Ciclo Corto), consideran, pueden ser una herramienta sumamente eficaz en momentos de crisis como la actual pandemia de COVID-19, en que millones de personas en los países de América Latina y el Caribe necesitan entrenamiento laboral y adquirir nuevas habilidades para insertarse de manera urgente en el mercado formal de trabajo.

Para ello analizan los divesos sistemas de los países de la región y, en el caso colombiano muestran el desarrollo que, básicamente, les informó el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, por lo que aparece como si tuviera muy altas tasas de éxito y de cobertura del sector público, mas no considera la crisis que atraviesa la formación técnica profesional (a tal punto que cada día son menos las IES de esta tipología), y que si se suma la formación para el trabajo y el desarrollo humano, la oferta entre pública y privada casi se nivela.

Lea: La lenta y desapercibida extinción de las instituciones técnicas profesionales

El haber abordado de forma incompleta el panorama de Colombia es un claro ejemplo de cómo el país sigue desarticulado en el urgente escenario de concertación entre la formación técnica profesional y técnica laboral, para responder a un solo concepto de formación técnica.

Los argumentos del informe

Superada esta salvedad con el caso Colombia, es interesante analizar los arguments del Banco Mundial, para el cual la pandemia impactó severamente en la región, causando un retroceso económico sin precedente y una fuerte caída del empleo y la producción en momentos de enorme transformación en el mundo del trabajo. En este contexto, las carreras terciarias, usualmente de dos o tres años de duración y orientadas al mercado de trabajo, podría ser de gran ayuda en la generación de empleo ya que ofrecen salidas laborales relativamente rápidas y bien remuneradas.

Para ello, los países de la región deberían promover la expansión y mejor calidad de estos programas, a fin de beneficiar a un mayor número de personas y contribuir a generar rápidamente el capital humano necesario para la recuperación económica y el crecimiento.

Según el reporte, los beneficios salariales de este tipo de carreras son evidentes.

Si bien los graduados de programas técnicos superiores obtienen en general -como es esperable- salarios menores que los graduados de carreras universitarias, los primeros ganan en el promedio regional un 25 por ciento más que el enorme porcentaje (54%) de estudiantes que abandonan sin completar su carrera universitaria, considerando las características de los estudiantes. Esta diferencia va de un mínimo de -4 por ciento en Perú, 8 por ciento en Argentina, 22 por ciento en Ecuador y 42 por ciento en Paraguay, a un máximo de 58 por ciento en Bolivia y 74 por ciento en El Salvador.

Del mismo modo, en el promedio regional los graduados de programas técnicos ganan hasta un 60 por ciento más que los graduados de escuela secundaria sin ninguna educación superior. En este caso la diferencia salarial va de un mínimo de 32 por ciento en Perú y 36 por ciento en Costa Rica, a 44 por ciento en México, 48 por ciento en Chile y máximos de 100 por ciento en Bolivia y 110 por ciento en El Salvador.

Los estudiantes de carreras técnicas también obtienen buenos resultados en términos de empleo. No solo superan a los graduados de escuela secundaria, sino que además aventajan a quienes abandonan sin completar su carrera universitaria. Respecto de estos últimos, tienen una menor tasa de desempleo (3,8 contra 6,1 por ciento) y una tasa más elevada de empleo formal (82 contra 67 por ciento). Estos resultados son especialmente relevantes en el actual contexto de desempleo e informalidad.

El reporte muestra también que los estudiantes de carreras técnicas se gradúan en una proporción mayor que los estudiantes de carreras universitarias (57 contra 46 por ciento). Esto es significativo dado que quienes abandonan las carreras universitarias representan casi la mitad del total de estudiantes que inician algún tipo de educación superior en la región y que, en promedio, los estudiantes de carreras técnicas provienen de sectores menos acomodados que los estudiantes de carreras universitarias.

“Los programas técnicos tienen importantes ventajas, entre ellas que los proveedores tienen la capacidad de reaccionar de manera rápida y flexible a las necesidades del mercado laboral, tienen una relación fluida con el sector privado y a menudo asisten a los estudiantes en sus búsquedas de trabajo”, señaló Ferreyra

Sin embargo, la oferta de carreras técnicas en América Latina y el Caribe no tiene aún el desarrollo de otras regiones y la calidad de su oferta es desigual. En las últimas dos décadas la tasa de matriculación a educación superior creció del 23 al 52 por ciento en la región, pero la variación mayor ocurrió en las carreras universitarias. Esto ha hecho que el porcentaje de estudiantes de carreras técnicas en la educación superior sea en la actualidad de solo 9 por ciento, más bajo que en otras regiones del mundo (34 por ciento en los países de Asia Oriental y Pacífico, 30 por ciento en América del Norte, 21 por ciento en África Sub-Sahariana, 18 por ciento en Europa y Asia Central). Y si bien algunos programas ofrecen excelentes resultados laborales, este no es siempre el caso.

Clic para acceder al informe en Español (240 páginas)

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