Colombia: Con pocos especialistas en salud, y es un drama poder estudiar una especialización

Sept 5/21 Son escasos los especialistas, y ganan muy bien, mientras que miles de profesionales, que ganan mal y están dispuestos a pagar por formarse, ruegan por lograr uno de los muy pocos cupos. ¿Por qué?

Esta es una de las paradojas del país. Si hubiera más especialistas mejoraría la calidad de la atención, la cobertura y bajarían los muy altos costos que le significa al sistema de salud las consultas con estos médicos, pero es como si existiera una barrera invisible que impide que los profesionales, jóvenes graduados, que aspiran a tener una especialización médico quirúrgica, puedan acceder.

Generalmente las universidades con estos progamas obtienen la autorización para muy pocos cupos (a veces solo 1 ó 2 por periodo). Son programas de varios años (recuérdese que la especialización en salud, en programas médico quirúrgicos, se asimilan a programas de maestría).

Lo que es claro es que hay un enorme y complejo entramado que no permite avanzar hacia la anhelada democratización o universalización de la formación: Gremios médicos, los especialistas que ya existen y desean seguir manteniendo el control del mercado, las universidades, los ministerios de Educación y de Salud, la Commisión Intersectorial, los hospitales…

En 2.015, en un artículo en Razón Pública, el médico y director general del Hospital Universitario San Ignacio, Julio César Castellanos, señalaba que el problema está en la calidad de los médicos generales, en el exceso de especialidades y en la dificultad de los estudiantes para acceder a una especialización. Y señalaba cómo “en Colombia los especialistas médico-quirúrgicos tienen que pagar una alta  matrícula (excepto en la Universidad de Antioquia), hacer sus prácticas formativas y estudios durante tres o cinco años, pero no ganan un salario por esta práctica y el apoyo que reciben del Estado solo es un préstamo beca. En los demás países del mundo estos estudiantes no pagan matricula y reciben una remuneración salarial durante su formación”.

Vale decir que luego de esto se aprobó la Ley 1917, de 2.018, como reconocimiento del Gobierno a los residentes médicos, aunque aún presenta dudas en su aplicación. Lea: Comienza a ser realidad Ley 1917/2018 sobre pago a residentes médicos.

Por su parte, Gustavo Quintero, presidente de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ASCOFAME) asegura que el déficit de profesionales especializados en las distintas ramas de la medicina, incluyendo enfermeras y auxiliares de enfermería, es un problema que se ha intensificado con la coyuntura actual, sin embargo, tiene años latente en el país. Hoy, de los 110 mil médicos que hacen vida en el territorio nacional, 27 mil son especialistas y apenas mil 200 son intensivistas. Una desproporcionada cantidad frente a las 50 millones de colombianos que habitan el país (tomado de gestarsalud.com).

No obstante, se dice en la calle que también parece haber una “mafia” en la que unos pocos, que ya están en el curubito, sólo promueven la formación de sus hijos, parientes o recomendados, para mantener el apellido en el sector especializado y, sobre todo, para seguir enriqueciéndose por prestar un servicio médico que, de estar masificado, abarataría la salud y, sobre todo, evitaría que miles de colombianos tengan que sufrir meses enteros para lograr la cita con un especialista.

Frente a estas dificultades muchos profesionales han optado por estudiar estas especialidades en universidades extranjeras, pero luego se enfrentan con polémicas decisiones de las salas de Conaces que a veces sí y otras no, y con criterios no uniformes, aceptan o rechazan convalidaciones, y a las asociaciones de especialistas no les gusta que proliferen éstas.

El caso de María José

A manera de contexto, y solo como información, vale la pena leer la historia de una médica colombiana y sus esfuerzos para poder formarse como Neurocirujana, que ella misma (@iMsMeeseeks) publicó en su cuenta de Twitter, y que a continuación se transcribe:

– Ustedes saben ese dicho de “lo que es pa uno es pa uno, y ni que te quites” ? Pues creo que fácilmente he vivido la experiencia que mejor ejemplifica ese refrán. Atentos, que les voy a contar la historia de cómo voy a ser NEUROCIRUJANA. Es de no creer:

– Soy Médica y desde el inicio de mi carrera a mis 16 años supe que la especialidad que quería era Neurocirugía. Mis amigos son testigos de lo intensa que he sido siempre con la idea. Sin embargo, considerando lo difícil que es entrar a esa especialidad.

– (Por la escasez de cupos y la exigencia del proceso de selección), sabía que lo más sensato era tener otra opción. Y como el cerebro es lo mío, lo entiendo como no entiendo ningún otro aspecto de la medicina, desde el internado contemplé Neurología como una posibilidad.

– Escogí neurocirugía y neurología como electivas, y me di cuenta que sí me gustaba Neurología, que se me daba bien, pero que indudablemente lo mío era Neurocirugía. Nací para eso. Lo que siento en un quirófano de neuro no lo siento en ninguna otra parte.

– Al graduarme, ya con 22 años, me empecé a preparar para el largo y sufrido camino de los exámenes de admisión a especialidad médica. Déjenme les digo: esos son los verdaderos sótanos del infierno. Y como en toda mi vida académica, fui más que disciplinada y comprometida. 

– Me empecé a presentar en el 2018 en unas universidades específicas a las que aspiraba por su calidad académica, y cada año (es una oportunidad por año) quedaba más cerca que el anterior, pero no lograba llegar.

– El año pasado, en plena pandemia con los aeropuertos cerrados, viajé por tierra de Medellín a Cali a presentar el examen en la Universidad del Valle por 1era vez. Es un examen DIFÍCIL. Quedé en el puesto 10, de unos 50 aspirantes. Solo hay cupo para 1

– Este año viajé nuevamente a presentar el examen una 2da vez y quedé en el 4to puesto. Mejor, pero no alcancé. En la U. de Antioquia también quedaba a pocos puestos, pero nada, no lo lograba (esas eran mis 2 universidades meta, por ser grandes en Neurocirugia y por ser públicas).

– Todos mis amigos me decían “sigue intentando que tú eres capaz, en 1 ó 2 años pasas”. Pero sinceramente me sentía frustrada, porque yo dedicaba casi 7 horas diariamente a estudiar, además de mi trabajo. Y me sentía muy preparada, pero llegaban los exámenes y no sé, no lo lograba.

– Analizando mi situación y buscando ser “sensata”, el año pasado me presenté en Neurología (esa otra opción) en un par de universidades, a ver qué tal. Finalmente, este año pasé a Neurología en una Universidad Privada.

– No me lo esperaba. Me tomó por sorpresa. Y allí me vi enfrentándome a una DIFÍCIL decisión: abandonar un sueño, una pasión, que se me escurría entre los dedos y no estaba llena más que de incertidumbre, por la tranquilidad y certeza de algo que ya había conseguido.

– Finalmente tomé el cupo en Neurología. Y viéndolo en retrospectiva veo que me estaba equivocando monumentalmente. Pero aquí viene la historia increíble:

En esa U. la matrícula cuesta 151 millones y te piden pagar enseguida una cuota inicial de 46 millones, y el resto se paga semestral. Además, tiene una cláusula donde te comprometes a pagar los 151 millones así renuncies o te retires de la especialidad.

– Para ello se requiere un deudor solidario, documentos, firma de pagarés, notarías: todo un PROCESO. Y dan un plazo realmente corto así que toca correr. En tiempo récord reunimos el dinero gracias al dólar a 4 mil y los ahorros gringos de mi mamá y un tío jajaj 

– Pero antes de pagar se debe cumplir el proceso de los papeles. Y ahí empezó Cristo a padecer. Por imprevistos que no voy a narrar porque harían muy extenso el hilo, se nos dañaron los papeles DOS veces. Así que el tiempo corría y aún no había pagado ni me había comprometido.

– A la 3ra fue la vencida y luego de sortear los inconvenientes pudimos finalmente enviar los papeles. 13 días después de que habíamos hecho el primer intento. Y cuando estamos a la espera de que lleguen a la U privada, recibo una llamada de la Universidad del Valle.

– Me recuerdan que yo me había presentado en marzo y había quedado en 4to lugar. Me informan que la persona que pasó e inició la especialidad, renunció. Me explican que en esos casos, de acuerdo al marco legal, deben escoger al siguiente aspirante en la lista.

– Me dicen que los 2 siguientes rechazaron el cupo porque ya habían iniciado especialidad en otras universidades. Me informan entonces que yo, el 4to lugar, soy la próxima en la lista y que por ende el cupo es mío. Que empezaría en 3 semanas. Me preguntan que si lo acepto?

– Lo asimilé, lo agradecí, lo volví a asimilar, y rápidamente detuvimos todo el proceso en la otra U. donde por esos inconvenientes no habíamos alcanzado a oficializar ni a firmar nada. 

—–

Nota de El Observatorio: Según el SNIES, solamente 10 universidades colombianas ofertan la especialización en Neurocirugía (Neurología (a cifraas SNIES de 2.019, éstas reportaban 143 estudiantes en todo el país), así:

Públicas: Nacional de Colombia, Valle, Militar Nueva Granada, Antioquia y Cartagena

Privadas: Javeriana, Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, Universidad El Bosque y Universidad ICESI.

Y 11 ofrecen la especialización en Neurología (a cifras SNIES de 2.019, éstas reportaban 320 estudiantes en todo el país), así:

Públicas: Nacional de Colombia, Militar Nueva Granada, y Antioquia.

Privadas: Javeriana, Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, Universidad El Bosque, Sabana, U. del Sinú, Simón Bolívar y Universidad ICESI.

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