Con más sombras que luces… y más futuro político, Alejandro Gaviria deja el Ministerio de Educación

Con más sombras que luces… y más futuro político, Alejandro Gaviria deja el Ministerio de Educación

Feb 28/23 La historia dirá que Alejandro Gaviria dejó de ser Mineducación por defender su posición ante una posible reforma a la Salud, y que eso le dio oxígeno político. Pero también debe decir que sus resultados en educación superior fueron menores de los esperados.

La verdad, no fue sorpresiva la salida del exrector de la Universidad de Los Andes como miembro del gabinete del presidente Gustavo Petro. De alguna manera el sector educativo la esperaba luego de que se hiciera pública su inconformidad con la propuesta de reforma a la salud que impulsa el gobierno, que busca cambiar estructuralmente el modelo de organización y atención en salud que Gaviria, como exministro de esa área, había gestionado por cerca de seis años.

Los críticos consideraban absurdo que Gaviria siguiera como ministro de un gobierno en el que, claramente, no se identificaba, no sólo por la propuesta en salud, sino porque nunca estuvo plenamente del lado ideológico del presidente Petro, incluso en temas educativos, pues el hoy exministro de Educación fue distante y muchas veces evitó liderar abiertamente promesas de campaña del hoy presidente relacionadas con gratuidad universal, condonación de deudas del Icetex y construcción de nuevas universidades públicas, entre otros temas. De alguna manera su pasado está más vinculado con la educación superior privada que la pública, más afín a la ideología del gobierno Petro.

Por su parte, sus defensores hablarán de “coherencia ideológica” por parte de Gaviria al defender, a costa de su salida, su postura en el tema de la salud. Dirán que es inconcebible que el gobierno no permita la diferencia de opiniones y defenderán la pública expresión de reflexiones, casi filosóficas, del economista Gaviria.

Otros consideran que, de alguna manera, desde la llegada de Gaviria al gabinete sus días estaban contados; que esta se dio más por cálculo político del presidente Petro en la intención de atraer sectores de centro, y que el hoy exministro solamente estaba “comprando tiempo” para mantenerse visible entre la opinión pública para madurar una posible nueva campaña política.

Quienes cruzaban los mensajes y estilo del presidente versus lo del ministro (entre ellos muchos rectores y directivos del sector), por debajo de la mesa apostaron, desde que fue designado en julio pasado, que difícilmente iba a durar un año. Desde su posesión, el 7 de agosto, Gaviria estuvo en el cargo 6.5 meses.

Ahora, al salir “despedido” de Casa de Nariño, Alejandro Gaviria puede comenzar a posicionarse como un crítico del gobierno al que perteneció y perfilarse como opositor político con miras a próximas elecciones.

El hecho es que hoy Gaviria se constituye en uno de los ministros de Educación que menos tiempo ha durado en el cargo, y se asemeja a los ministros que escasamente duraban un año en esa cartera, como sucedió en los años 80 con Antonio Yepes Parra, Marina Uribe de Eusse, Liliam Suárez Melo y Doris Eder Zambrano, entre otros. Gaviria había roto la cadena de 20 años de ministra mujeres (Cecilia María Vélez, María Fernanda Ocampo, Gina Parody, Yaneth Giha y María Victoria Angulo).

Su gestión en educación superior

Gaviria debió enfrentarse al permanente dilema de representar a un gobierno que prometió temas fiscalmente muy costosos y sin certeza total de sus beneficios plenos, como la gratuidad total y condonación de deudas del Icetex. Él como economista, sabe perfectamente que además de la escasez de recursos, la forma como se maneja el tema puede traer externalidades negativas.

Aún así se la jugó para intentar mejorar el presupuesto y el acceso, logrando algún avance como la continuidad de la gratuidad educativa y la búsqueda de más recursos en el Presupuesto General de la Nación.

Tuvo un momento complicado, del que no logró resarcirse plenamente, y fue la imposición del Gobierno a los rectores de las IES, especialmente las privadas, de que estos asumieran el spread resultante entre el IPC y el valor real de interés pagado por sus beneficiarios del Icetex. La medida (que enfrenta varias demandas) rompió una especie de luna de miel del ministro con el sector, que en adelante nunca logró hallar un Ministerio que se preocupara por la situación de la educación superior privada.

Aún así, y como muy pocas veces se ha visto, los rectores y asociaciones parecen fascinadas con este gobierno, y asisten, felices, a cuanta reunión les inviten, así sea para tratar temas que, en otro momento, se manejaban de otra forma. Incluso, gran parte del protagonismo de los últimos días frente al sector ni siquiera lo ha tenido el ministro o la viceministra, sino los asesores y los directores (Calidad y Fomento).

Así las cosas, más allá de los muy variados, generalmente certeros y reflexivos diagnósticos sobre el sector y su necesario compromiso (parecidos a los que hacía como rector de Uniandes, en donde no concretó desarrollos significativos para esa universidad), Gaviria se va con diversas promesas  (especialmente con la de una anunciada propuesta de reforma a la Ley 30, que el sector nunca conoció) no aterrizadas.

Además de la gestión de recursos, el único logro concreto de Gaviria como Ministro de Educación, fue la firma de la resolución 2265, con la que flexibilizó los requisitos y procedimientos de registro calificado, que si bien no es la solución completa a la complejidad del SAC, sí causó un efecto positivo en el sector, tras venir de una administración (María Victoria Angulo), excesivamente reglamentarista.

Gaviria abrió las puertas a diálogos con el sector, pero estos tampoco se concretaron en acciones precisas. Por ello, muchos señalaban que no fue gerente en el Ministerio. Mucho tiempo para el discurso, la reflexión, la escritura de libros, los podcast, los viajes del gabinete y la presentación de sus libros, pero no el suficiente para atender a algunos otros actores claves del sector. Tal vez pecó por sobrediagnósticos pero no intervenciones ágiles y efectivas. Se dejó imponer gran parte del equipo directivo de parte del gobierno Petro y permitió la convivencia de diversas posiciones ideológicas y técnicas al interior del Ministerio, con lo que se empantanó aún más la gestión.

Aunque el gobierno Petro sigue, el talante conciliador y la mirada ideológica del centro parece que, por el momento, desaparecerán de la escena en lo que queda del actual cuatrienio. El “nuevo” Ministerio queda más con el aroma petrista que gavirista.

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En la foto, la noche del lunes 27 de febrero, una hora después de ser públicamente retirado del gobierno por el presidente Petro, Alejandro Gaviria abandona las instalaciones del Ministerio de Educación, acompañado de uno de sus escuderos, Nicolás Avila.

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