El Observatorio de la Universidad Colombiana




Consecuencias de las normas de registro y acreditación: Fernando Ardila – marzo/21

Fernando Ardila Patiño (Licenciado en Educación física, Especialista en Gerencia de Mercadeo, Máster en administración Gerencial, docente universitario desde 1996, directivo de programas, dedicado a los temas de registro calificado y acreditación) considera que medir la educación en cualquiera de sus funciones sustantivas desde indicadores, es enterrar las vivencias y frutos que se dan en la interacción, en la discusión, en la interpretación.

A punto de cumplir tres décadas de la normatividad de acreditación en Colombia, durante este tiempo escasamente el 20% de la IES han logrado dicha acreditación. El pasado año en noviembre el Ministerio de Educación emitió la resolución 021795, la resolución 015224 de agosto de 2020 y en 2019 en julio el decreto 1330, con los cuales queda un sello claro frente a la visión que los formuladores de las normativas (evaluadores) tienen de la educación superior y de paso el futuro inmediato de esta en Colombia.

La normatividad para evaluación de la calidad de la educación superior ha impuesto la apropiación de modelos de gerencia empresarial para este sector, centrándose en indicadores (la palabra indicador (es) aparece 96 veces en la norma), lo que lleva a sacrificar la calidad o rigor académico, pues se debe cumplir con un indicador no importa su calidad, un visto bueno más y cumple. Por ejemplo, para lograr reducir la baja deserción, se suaviza o flexibiliza el rigor académico (para que los estudiantes no pierdan), en unos casos, se reparten tarjetas para facilitar al estudiante el acceso a transporte masivo o se subsidia almuerzo, se motiva a continuar estudiando y de paso se alcanzan indicadores no solo de permanencia, sino de bienestar universitario, con el costo de la calidad de la educación.

El 021795 obliga resultados esperados de aprendizaje, llevando a estandarizar o uniformar las IES, desconociendo la existencia del PEI y su modelo educativo (ME), estos pasaran a ser dos elementos más de una lista de chequeo. Con lo cual desaparecen los modelos pedagógicos, estrategias didácticas, entre otros elementos propios de la educación (la palabra educación aparece 48 veces en la norma como componente de Ministerio de Educación y de educación superior, no como indicador o componentes a evaluar), unificando los perfiles de egreso de los profesionales de las diferentes universidades, borrando de la historia ese perfil que otrora permitía que, cada universidad dejara su impronta en los egresados. Adicional arrincona a las universidades regionales, quienes definitivamente no podrán leer las necesidades regionales y responder a estas, pues deben cumplir con la lista de chequeo y una preforma de resultados esperados de aprendizaje.

Medir la educación en cualquiera de sus funciones sustantivas desde indicadores, es enterrar las vivencias y frutos que se dan en la interacción, en la discusión, en la interpretación. Los indicadores permitirán creer que se está haciendo muy bien, pero en la realidad, sin rigor académico y singularidades propias de cada institución tendremos profesionales para cumplir la evidencia de numero de egresados, pero impertinentes para las necesidades de su región. Esta “titulitis”, sacrifica la calidad y pertinencia de los profesionales.

Se mide el indicador, perfil de los profesores, no obstante, no es importante el perfil de los directivos de las IES, (rector, vicerrectores, decanos entre otros). Con lo cual la brecha en la interpretación de, lo pedagógico, lo didáctico, se amplía y el énfasis en el indicador y generación de evidencias se acrecienta. Lo cual facilita la relación costo beneficio, financieramente hablando, sacrificando los elementos propios de la educación superior, por no decir del estudio de las ciencias.

Motivación a traer y vincular doctores, que en virtud de la forma de contratación que se tiene, poco o nada han sumado a la educación superior pues no son ubicados en posiciones que permitan sus aportes.

Las categorización interna de los docentes en las IES, no se compadecen con la formación y experiencia de los docentes, (relación costo-beneficio, otro criterio empresarial), de modo que deben tener más de una ubicación laboral para poder vivir, que sumado a la contratación a destajo que se tiene en las IES, impide el desarrollo de lo que los empresarios denominan el empowerment, dificultando así la continuidad y por ende el compromiso con las IES, pues apenas se empieza a generar un lenguaje y un cumplimiento, se acaba el contrato, de tal manera que la profesión se ha relegado a dictar clase. Algo que podrá ser reemplazado con unos contenidos en una plataforma, con evaluaciones preestablecidas y se logrará cumplir indicadores de formación y de paso bajar el monto de las nóminas. Prueba de ello es el Artículo 58 de la resolución 021795 menciona “tutores, mentores, monitores o los que hagan sus veces”. Abren las puertas a vincular otro tipo de profesionales (no docentes) para que sean controladores de actividades. Empiezan a proponer una educación superior de plataformas, contenidos y control de acceso a estas por otro tipo de persona que no sea docente.  

Las normas mencionadas, no dan relevancia a la implementación del PEI y su modelo educativo en las IES, los cuales son la medula espinal de la educación, convirtiendo así estos (PEI, ME) en otro indicador cumplido, por no decir, otro documento más sin aplicación, varios de ellos están elaborados hace décadas. Modelos educativos de papel, ningún par verifica su cumplimiento, que estrategias se tienen por programa o institucional para desarrollarlo y menos la existencia de los demás requisitos entorno a este.

Medir por indicadores el uso de tics, pone en desventaja las IES de las regiones, como lo dejo evidente la pandemia.

La Investigación se convierte en otro indicador a cumplir, no para aportar a un sector especifico real, a necesidades de las regiones, si no para mostrar indicadores, no su afectación a algún sector de la sociedad.

Este tipo de medición permitirá la aparición Programas con amplio número materias con créditos institucionales, supuestamente buscando el sello institucional, reduciendo los créditos académicos disciplinares, adicional a menos años de estudio, lo que logra reducir la formación específica, a nivel de un tecnólogo. (Otros países que con frecuencia miramos y copiamos han reversado la reducción de años de formación)

Se envían estudiantes al exterior y se reciben, sin convenios, solo para cumplir otro item de la lista de chequeo, ¿dónde queda la producción de beneficio bilateral? ¿O la riqueza de ese intercambio?

¿Para la renovación de registros calificados, no se mide la evolución de los programas, es decir cuanto han evolucionado desde su ultimo registro? ¿En que han avanzado? ¿En que se han actualizado? Al evaluar por indicadores de cumplimiento, la evolución desaparece (si existe claro)

Basta con leer el articulo “https://www.universidad.edu.co/principales-hitos-de-la-educacion-superior-colombiana-en-los-ultimos-100-anos/” para darnos cuenta del bajo impacto que ha tenido la acreditación de alta calidad en el país. No menciona el autor la acreditación.

A modo de epilogo de estas observaciones y reflexiones frente a las normas más recientes con las que se mide el sector de las IES, considero que la educación superior se debe evaluar estudiando el PEI con su Modelo Educativo, puesto que de allí se desprende la trazabilidad de información buscada, referente a docentes, estudiantes, mediaciones (incluye tecnología), métodos de evaluación y todas las relaciones financieras, de espacio (planta física) egresados y quizá otras propias del sector, esto permitirá elevar realmente la calidad de la educación superior y frenara que se convierta en la INDUSTRIA DE LA EDUCACION SUPERIOR, pues la medición por indicadores traerá sin duda alguna una cosecha de acreditaciones sin antecedentes en estos casi 30 años de las normativas.

Compartir en redes