Mayo 6/20 Sorpresiva epidemia argumenta defensa jurídica. Aunque hay algunos cobros que podrían devolverse parcialmente. Por definir la posible reducción en los costos de operación si no hay 2020-2 presencial.
Bajo el supuesto de que, con agrado o disgusto, estudiantes, padres de familia, profesores y directivos, de IES presenciales han debido, y seguramente deberán terminar el primer semestre académico de 2020, de forma virtual (o como se le quiera llamar), ahora aumenta el debate sobre si la modalidad virtual es más económica o no que la presencial, si los costos de matrícula deben bajar, y si el haber cambiado en contra de su voluntad el contrato firmado originalmente por los estudiantes, en su matrícula, para recibir los servicios y beneficios de lo presencial con respecto a lo virtual.
En la discusión hay tres aspectos a considerar:
Primero: ¿Devolución de parte del valor de la matrícula pagada en 2020-1, por estudiantes de programas presenciales?.
Una argumentación jurídica, de parte del abogado Jaime Cataño, no se debería hacer devolución alguna. Para ello se funda en que la situación ha sido ocasionada por fuerza mayor, de impacto nacional y mundial, con directrices normativas específicas de parte del Gobierno Nacional y el Ministerio de Educación, de tal manera que el paso de la presencialidad a la virtualidad no se constituye en una decisión arbitraria de las IES, sino que es una medida de contingencia tomada para garantizar el servicio educativo que, de otra forma, hubiera tenido que haberse suspendido.
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Además, debe aplicarse un principio de solidaridad dado que la situación tomó a todos por sorpresa, y en el momento en que se decretó el fin temporal de la presencialidad (mediados de marzo), las IES ya habían comenzado sus clases y, por ende, planeado y dispuesta toda la estructura de docencia, instalaciones, nóminas, recursos humanos y otros, por lo menos para el primer semestre de 2.020.
Segundo: ¿Se debería devolver algo de lo cobrado, por concepto de derechos pecuniarios?
Esto es, si antes o durante el periodo académico la IES ha realizado cobro alguno a sus estudiantes, distintos de matrícula, estos sí deben devolverse, aunque sea parcialmente, si están directamente aplicados a actividades realizables en todo o parte de forma presencial. Esto es, por ejemplo, si la institución ha cobrado aspectos como talleres, refrigerios, prácticas de campo o cursos fuera del plan de estudios, servicio de parqueadero, alquileres de campos deportivos, salidas de campo derivadas de alguna asignatura, transportes, ceremonias de grado (cuando éstas, por ejemplo, piden el alquiler de un determinado vestido que -tal vez- ya no se usaría, o gastos de operación derivados de papelería, protocolo, alquileres, auditorio…).
En Estados Unidos la situación se debate mucho más, por cuando allí es común que muchas universidades incluyan en su matrícula, o colegiatura, los pagos de residencias, transporte y restaurantes, entre otros.
Información de referencia:
– Tras cierre por el coronavirus, estudiante demanda a universidades públicas de Florida
– ‘Ha sido un desastre’: ¿Deben las universidades dar reembolsos tras el coronavirus?
Tercero: ¿Si en 2020-2 tampoco hay presencialidad, o ésta es mínima, debe bajar el valor de las matrículas?
Por ahora, no hay respuesta. Especialmente por la incertidumbre al respecto, pues no es del todo claro si habrá o no regreso a la normalidad, así éste sea parcial, lo cual implica que las IES deberán tener acondicionada su infraestructura para operar.
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Expertos en virtualidad (ver p.e. ver webinar con rectores de Andina, EAN y responsable del tema en la U. Nacional) reconocen que implementar un verdadero modelo virtual es muy costoso, e incluso a veces puede serlo más que el modelo tradicional.
El punto es que, por otro lado, a muchos estudiantes o no les gusta lo virtual o la forma como las IES, improvisadamente y a la carrera, lo han ofrecido los ha desmotivado.
Las IES ahora enfrentan una doble presión: Por un lado, de cómo será el impacto financiero que tendrán por la anunciada, y difícilmente cuantificable deserción del próximo periodo; y por otro, la presión de los estudiantes para bajar las matrículas.
También deben considerarse, entre miles de argumentaciones posibles, dos impactos económicos de esta situación sobre las IES. Por un lado, efectivamente, si no hay presencialidad, sí deberían bajar en cifras importantes algunos servicios universitarios, de infraestructura, servicios públicos, transporte y entornos de bienestar, así como personal directamente relacionado con el servicio presencial al estudiantado (desde recursos humanos hasta alguno de carácter secretarial, técnicos de laboratorios, monitores….).
De otro lado, si hay un regreso, así sea parcial a las aulas, todo indica que el número de estudiantes por aula deberá bajar sustancialmente (por aquello del distanciamiento social), lo cual implicaría a las IES adaptar (o aquilar) otros escenarios e, inclusive, duplicar y triplicar algunas horas de clase, y por ende, nómina de profesores.
Lea: Aumenta presión estudiantil a rectores para que IES bajen las matrículas
Es decir, aumenta la incertidumbre y, por ahora, un buen escenario de diálogo y acercamiento entre IES y estudiantes puede ayudar a bajar la marea y la tensión.
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