Del porqué genera tanta molestia la elección de rector de la Universidad Nacional de Colombia

Marzo 22/24 La no elección de Leopoldo Múnera tiene alborotadas las redes sociales, estudiantes y políticos que consideran injusto que el Consejo Superior hubiera favorecido a José Isaías Peña. ¿Es esto legal, ético y académico?

Peña Reyes había ocupado el tercer lugar en la consulta estamentaria después de Múnera y del médico Raúl Esteban Sastre, y el Consejo Superior Universitario CSU (foto) lo escogió, en una votación incomprensible porque no se ha revelado cómo fue la discriminación de los votos de parte de los consejeros, cuando se presumía que Múnera contaba con los cinco votos que, como mínimo, requería para ganar.

El hecho de que el CSU haya decidido no informar cómo fue la votación pone en conflicto una tensión entre la autonomía de éste y la responsabilidad hacia una comunidad que confía y delega en ellos sus intereses, mucho más en una institución de educación superior pública que, además, pregona y defiende que la educación es un derecho público y, como tal, las gestiones de los directivos debe ser pública.

La situación ha cobrado particular interés en la actual elección, en medio de un gobierno que abiertamente se la ha jugado por apoyar candidatos a rector en las universidades públicas. El caso de Múnera no es el único y esta es la primera vez que hay una alineación ideológica entre el candidato que apoya el gobierno de turno con el que querían los estudiantes. Aunque Múnera no se declara Petrista, claramente su cercanía ideológica y tesis sobre gratuidad y derecho educativo, entre otros, sí lo han acercado más a los intereses de parte el estudiantado y de una línea ideológica más de izquierda que de derecha.

Mientras que exrectores, académicos y otros contendientes han saludado la elección de Peña Reyes (salvo Múnera, quien se ha declarado en “desobediencia civil pacífica”), han sido particularmente políticos, líderes estudiantiles y congresistas los que han protestado.

Jennifer Pedraza, representante a la Cámara y quien perteneció al CSU de la Nacional, dijo: Esto es inadmisible. ¡INADMISIBLE! ¿Cómo pueden pasarse por la faja la decisión contundente de la UNAL. ¡Señores CSU respeten a estudiantes, profesores y egresados/as de la UN! ¿Cuál es el miedo a respetar la voz de la comunidad? Pudieron estar a la altura de la historia…”

Karen Grisales, quien fue delegada del presiente Petro en Univalle, indicó que “la única propuesta democrática para Univalle también fue despreciada. El poder regional, no va a ceder nada. La autonomía sin democracia es pura pantomima evasora del seguimiento”.

El representante Gabriel Becerra, quien fue líder estudiantil, señaló que “la Universidad Colombiana no resiste más el irrespeto a la voluntad de sus estamentos mediante procesos de elección anti democráticos y amañados previstos en la vetusta ley 30. Rechazo que se siga imponiendo en la UNAL y otras universidades la politiquería y los intereses de pequeños grupos de poder. Lamento que voceros de estudiantes y profesores actúen a espaldas de sus estamentos de manera clientelista. ! Llego la hora de la reforma universitaria! Espero que el estudiantado y el profesorado nacional asuma de manera organizada su movilización y protagonismo para decir Basta YA a la arbitrariedad. El gobierno del cambio en cabeza del presidente Petro y la ministra Aurora Vergara deben acompañar la democratización de la universidad colombiana. !Cuenten con muchos de nosotros para esta justa Lucha!”

Gabriela Posso Restrepo, consejera presidencial para la Juventud y líder estudiantil en Univalle, se expresó muy molesta con lo sucedido y dijo que “más de quince mil votos no valen ante unos cuantos votos del CSU. Increíble… La gente cree que el gobierno nacional tiene una barita (sic) mágica para incidir en muchas cosas, no entienden que los poderes tradicionales están incrustados desde hace muchos años en distintos espacios de poder. El neoliberalismo se tiene tomado la mayoría de los CSU del País”.

Daniel Rojas Medellín, presidente de la SA y cercano ideológico del presidente, cuestionó: “Si el representante de los profesores y/o representante de estudiantes desconocieron lo que estudiantes y profesores mandataron en las urnas, no representan a nadie más que a ellos mismos, cada día cobra más sentido volver al poder constituyente, destituir a los que usurpan el deseo del soberano”.

Lo anterior luego que, ante la incertidumbre por saber cómo fue el detalle de la votación, las miradas se dirijan a los consejeros Diego Torres, representante de los docentes, y Sara Jiménez, representante de los estudiantes. Quienes públicamente habían comprometido su voto por Múnera y, al parecer, alguno de ellos, o los dos, hubieran permitido que éste perdiera. Tras el rechazo de la comunidad universitaria, Torres denunció una amenaza directa contra su vida, y Jiménez insistió en que votó por Múnera.

El propio Presidente Petro ha intervenido activamente en el tema. “Nos parece un exabrupto que el CSU no haya elegido la persona que ganó en elecciones en todos los estamentos universitarios. Es un golpe antidemocrático contra el estudiantado, el profesorado, y las y los trabajadores de la universidad”. Luego recordó que “se instituyó en la Constitución la autonomía universitaria, pero la autonomía no ha sido acompañada de la democracia universitaria que debe ser constituida”, dijo tras conocerse lo ocurrido en la Universidad Nacional.

Entendiendo el proceso

La situación no es propia de la Universidad Nacional de Colombia y se ha presentado en los procesos de elección de rector en la mayoría de universidades públicas, pero cobra mayor protagonismo por tratarse de la más grande, tradicional, reconocida y financiada institución de educación superior del país, para demás ubicada en la capital Bogotá.

Además de las naturales conformidades y críticas que se derivan de todo proceso electoral, en el fondo lo que está en juego es si las reglas de juego para elegir rector responden a la naturaleza universitaria, a la participación de las comunidades académicas y a las formas ideales para ello.

Y hay que comenzar por ser enfático en que la actuación del Consejo Superior de la Universidad Nacional de Colombia es plenamente legal, pues responde al ejercicio de su autonomía, conforme la Constitución Política y las directrices de la Ley 30 de 1992; esto es, quien elige rector debe ser el Consejo Superior, conformado por los actores que participaron en el mismo, elegidos por designación (como el caso de la ministra y los delegados del presidente de la República) y por voto (como sucede con los docentes y estudiantes), entre otros, y son ellos quienes eligen rector entre los candidatos que mayor votación hayan obtenido en la consulta estamentaria, sin que ésta sea vinculante; es decir, que no está obligado el Consejo Superior a nombrar como rector al candidato que más votos obtenga en la consulta.

Esto es algo que se ha hecho en las últimas décadas, sin que generara antes la molestia de ahora. Solamente a manera de recuento, vale decir que los ahora exrectores Ignacio Mantilla y Dolly Montoya no ganaron sus consultas pero fueron designados, ejercieron sus rectorías (cada uno por dos periodos) con una ponderación global positiva de su gestión.

¿Debe el CSU acoger necesariamente el resultado de la consulta estamentaria?, ¿participan todos los que deberían en la consulta?, ¿por qué, a diferencia de otras universidades, en la Nacional no votan en consulta administrativos y pensionados?, ¿y la abstención? Munera ganó pero con respecto al censo representó una baja participación?, ¿es correcto dar más peso al voto de los docentes que a los demás?, ¿por qué preseleccionar a solo 5 de los que se registran en la consulta y no a todos, como lo hace la U. de Antioquia?… estas y muchas otras son las preguntas, permanentes, que surgen de estos procesos.

Sin contar, en principio, lo que se discute por la composición del CSU. Tradicionalmente se ha cuestionado la participación del gobierno, aunque ahora -en el caso de la Nacional- se defiende. ¿Por qué 8 o 9 consejeros?, ¿hasta dónde llega el compromiso de los consejeros con sus representados?, y por qué un grupo tan pequeño de personas escoge rector para una comunidad tan grande?, entre otras muchas dudas.

En épocas en las que las instituciones públicas de educación superior se han masificado (mucho más con la gratuidad), ha cobrado fuerza la tesis según la cual los rectores deben ser elegidos por votación de toda la comunidad universitaria.

Eso cuestiona el principio tradicional de la universidad como una comunidad meritocrática (los mejores y más capaces) y no democrática (los más populares, capaces o no de dirigir), y podría modificar la naturaleza académica, espiritual, investigativa y reflexiva de la universidad, para convertirla en una corporación legislativa en donde la moda, los mensajes, la influencia, las redes y los gustos gobiernen por sobre las bases de la academia.

Es un debate que, no está demás, debe hacer el sistema, pero en escenarios y momentos distintos al del calor de una elección rectoral.

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Incoherencia del gobierno
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Si en anteriores gobiernos, el presidente de la República y altos funcionarios del Estado se hubiera expresado abiertamente sobre su rol en la universidad pública, la crítica al primer mandatario no se hubiera hecho esperar, bajo el argumento de que el Ejecutivo debe respetar la autonomía de las universidades.

El actual gobierno está jugado con el tema, pero con un discurso ambiguo.

En las últimas horas el presidente Petro ha dicho que “los delegados del gobierno nacional respetan las decisiones democráticas en las urnas de estudiantes y profesores para las rectorías de las universidades” (foto), en una idea que viene manejando de tiempo atrás.

Esto significa que sus representantes siempre votarían por los aspirantes a rector que ganen las consultas estamentarias, tal y como lo había dicho en la Universidad Nacional de Colombia.

Pero, sorpresivamente, el propio gobierno ha sido incoherente con este lineamiento. 

Esta misma semana, en la elección de rector de la Universidad de Antioquia, sus dos voceros apoyaron al candidato (John Mario Muñoz), quien había obtenido el cuarto lugar en la consulta estamentaria, y en 2023, en la UNAD, tampoco apoyó al hoy rector, quien había barrido en la consulta, entre otras universidades.

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