Doctores y doctorados en Colombia: la necesidad de una política integral: Luis Antonio Orozco – sept/22

Luis Antonio Orozco, columnista de El Observatorio, muestra cómo la mal manejada convocatoria de doctores por parte del nuevo gobierno, devela una preocupante situación de cómo el país asume, entiende y desaprovecha este capital humano que tiene.

A inicios de agosto de 2022 el presidente Gustavo Petro convocó a los profesionales con doctorado a “colaborar con la conducción del gobierno” y “aportar su experiencia y conocimiento al gobierno del cambio”. Sin embargo, el llamado termina creando falsas expectativas, genera dudas sobre los principios de equidad e igualdad, pero lo más grave, demuestra lo desconectado que se encuentran la Presidencia, el Sistema de Educación Superior (SES) y el Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI). Las falsas expectativas se materializaron cuando una invitación a colaborar con el gobierno, como se lee en el Twitter de Petro, termina siendo un proceso de vinculación laboral, como indicó Mauricio Lizcano, director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre). Este proceso, por cierto, no tuvo transparencia ni equidad en la selección. De 20.349 inscritos se escogieron, sin saber con qué criterio, 1.979 personas que en su gran mayoría – cerca del 70%- son hombres entre los 31 y 50 años con doctorados en ingenierías. Así mismo, la respuesta “le informamos que no ha sido seleccionado”, denota displicencia con los profesionales con doctorado. Personalmente participé con entusiasmo porque pensé que podría ser invitado a espacios de debates para “colaborar con la conducción del gobierno” aportando “mi experiencia y conocimiento”, y no porque estuviera buscando un puesto.

Pero lo más indicativo de este episodio es el cortocircuito entre la Presidencia, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCiencias) y el Ministerio de Educación Nacional (MEN) en materia de doctores y doctorados. La primera pregunta que surge es: si ya contamos con el Portafolio de doctores y doctoras de nacionalidad colombiana de MinCiencias[1], ¿por qué se desconoció esta base de datos? ¿Por qué no usar el CvLAC que es la base de datos que cuenta con la información de los investigadores avalados del país? ¿Por qué no hacer sinergias entre el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) con los programas de doctorado del país reconocidos por el MEN y los becarios formados con fondos públicos de MinCiencias para definir ‘un banco de doctores’?

De acuerdo con el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología – OCyT, el país pasó de tener 6.665 doctores en 2007 a 17.224 en 2016[2], y según el ejercicio del Dapre a tener 20.349 hojas de vida con profesionales con doctorado (menos del 0.5% de la PEA). Pasamos de tener 520 doctores en 2007 a 3.029 en 2016 vinculados activamente a la investigación[3]. Acudiendo al SNIES, pasamos de tener 5.649 profesores con doctorado en 2010 a 13.797 en 2018. La oferta de programas doctorales en el país pasó de 78 en 2007 a 385 en 2019. Así mismo los graduados de doctorado en Colombia pasaron de 97 en 2007 a 961 en 2018[4].

Si bien hay un crecimiento notable, las cifras anteriores, comparadas con países de la OCDE no son alentadoras[5]. Adicionalmente, el sistema de educación superior tiene un problema de absorción de doctores. En una investigación que realizamos sobre la inclusión social a partir de los debates globales referente la sobreproducción de doctores y la falta de estabilidad laboral y proyección profesional, como lo expone la revista Nature[6], en un mundo en el que las estancias posdoctorales dejan de ser el puente de enganche para la carrera profesoral y se convierten en una forma de ganar un sustento, encontramos que la vinculación de doctores en las universidades no va de la mano con el crecimiento en estudiantes. La idea de avanzar hacia la tercera misión universitaria, en la que más allá de la investigación y la producción de artículos para los rankings y salarios, los doctores sean los líderes en la innovación y la creación de comunidades con estudiantes y egresados, es un tema pendiente que requiere de políticas novedosas[7] [8].

Es necesario que Colombia formule una política integral para la formación y la inclusión de doctores en todos los sectores, no solo en las universidades. Entre 2017 y 2019 se apoyaron 541 investigadores en el programa de Estancias Posdoctorales de MinCiencias, el 25% en empresas y organizaciones no gubernamentales[9]. En un estudio que realizamos con la encuesta de desarrollo e innovación tecnológica (EDIT) del DANE para la industria manufacturera, evidenciamos que el número de doctores explica el incremento de la innovación empresarial[10] y que es necesario desarrollar, como le comenté a la Revista Semana[11], políticas que promuevan la educación continua de las personas a lo largo de la vida. En su momento propusimos con José Luis Villaveces que, para estimular a las empresas en la incorporación de doctores, no hay que esperar a que éstas salgan a contratarlos. Con el Sena se inició entonces una política para que las empresas enviaran sus empleados a doctorarse con problemas concretos bajo el brazo, promoviendo la integración del avance de la ciencia y la innovación con la formación técnica. Estos temas son parte de los retos de una buena política.

Desde la aparición de universidades en el siglo XII, los doctores tienen un rol central. Han tenido un exigente proceso de formación y demostración pública de conocimientos para dar la fiducia, la garantía de que pueden enseñar y dar contribuciones originales al acervo de conocimientos. “Su autoridad encontraba su justificación en la dignidad del conocimiento que poseía … (y) era no solo intelectual sino también moral”[12]. Mirando como ejemplo la formación doctoral en administración en Colombia, sabemos que se abren programas con mucha permisividad[13] y falta mucha rigurosidad en las tesis – he visto algunas que terminan con publicaciones en medios cuestionables por tener prácticas depredadoras como MDPI-. Así mismo, las facultades de administración privilegian la incorporación de doctores extranjeros para aumentar el volumen de publicaciones internacionales y acoplarse a los rankings y acreditaciones, limitando la vinculación de colombianos con doctorados nacionales de excepcionales competencias académicas y científicas[14].

Necesitamos una política integral para la apertura de programas doctorales que aseguren calidad, con trabajos de tesis que demuestren contribuciones al avance de la ciencia, que creen cosas nuevas y aporten a los proyectos que la Presidencia puede liderar si acoge el diseño de esquemas de mapa de misión sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS como propone Mariana Mazzucato[15].  Para ello, hay que aunar esfuerzos entre el MEN y MinCiencias. Hay que hacer una reforma integral a la Ley 30 de 1992, que entre otras cosas, indica en el artículo 21 que los post doctorados se pueden titular, lo que fue aprovechado por algunas universidades para crear un mercado de segunda cobrando por un título en medio de la confusión[16]. Hay que armonizar decretos como el 1001 de 2006 entre otros, para definir claramente el marco que posibilite un desarrollo de políticas para los programas de doctorado y sus formas de acreditación y aseguramiento de la calidad. Así mismo, compaginar sinergias con el SNCTI, que lamentablemente con el Decreto 1651 de 2019, privilegia la lógica utilitarista de la innovación para la competitividad, que como hemos indicado, nos aleja de las metas de la sostenibilidad y la inclusión social en una buena gobernanza de la ciencia, la tecnología y la educación superior[17]. Finalmente, es necesario revisar el decreto 1666 de 2021 que no articula el SNCTI con los demás sistemas clave como el SES. Sin duda, los doctores quieren “colaborar con la conducción del gobierno” y “aportar su experiencia y conocimiento al gobierno del cambio”, pero es perentorio que este gobierno también le de oportunidades a los doctores, no con empleos para ensayarse como funcionarios públicos y aprender con costosos procesos de ensayo y error, sino con una política integral para su proyección profesional de cara al futuro de Colombia.    

[1] https://minciencias.gov.co/soy-parte-la-comunidad-alto-nivel-minciencias

[2] https://ocyt.org.co/Libro2018_Completo/INDICADORES_OCyT_2018%20Version%2023-07-19.pdf

[3] https://ocyt.org.co/Libro2018_Completo/INDICADORES_OCyT_2018%20Version%2023-07-19.pdf

[4] SNIES. (2019). https://snies.mineducacion.gov.co/portal/ESTADISTICAS/

[5] https://www.semana.com/confidenciales-semanacom/articulo/colombia-con-poco-numero-de-doctorados/517751/

[6] https://www.nature.com/articles/472276a

[7] Ruiz, C. F., Bonilla, R.., García-Estévez, J., & Orozco, L. A. (2021). A Classification Model to Analyze Inclusion in Higher Education Systems: An Approximation from Contingency Theory. In Science, Technology, and Higher Education (pp. 227-251). Palgrave Macmillan, Cham.

[8]https://www.researchgate.net/publication/277664544_Villaveces_JL_y_Orozco_LA_2015_Colombia_En_Barro_S_Coord_La_transferencia_de_ID_la_innovacion_y_el_emprendimiento_en_las_universidades_Educacion_superior_en_Iberoamerica_-_Informe_2015_CINDA_-_RedEmpr

[9] https://ocyt.org.co/indicadoresctei2020.ocyt.org.co/Informe%20Indicadores%20CTeI%202020%20v1.pdf

[10] https://revistas.unal.edu.co/index.php/innovar/article/view/29239/29487

[11] https://www.semana.com/innovadores-asi-doctores/91811-3/

[12] de Ridder-Symoens, H., & Rüegg, W. (Eds.). (2003). A history of the university in Europe: Volume 1, Universities in the Middle Ages (Vol. 1). Cambridge University Press. (p. 184-185).

[13] https://www.researchgate.net/publication/330844720_Como_se_define_un_doctorado_de_calidad

[14] https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/cuadernos_admon/article/view/17565

[15] Mazzucato, M. (2021). Mission economy: A moonshot guide to changing capitalism. Penguin UK.

[16] https://www.universidad.edu.co/sigue-debate-sobre-los-postdoctorados-posgrados-educacion-continuada-pasantia/

[17] https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-030-80720-7_1

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