El Observatorio de la Universidad Colombiana




Dar soporte estructural a la gratuidad: Hernando Bayona – junio/21

El investigador de Uniandes, Hernando Bayona Rodríguez, analiza, en la Silla Vacía, el contexto de la educación superior colombiana y diversas opciones para optimizar el acceso con equidad.

Los estudiantes de las universidades públicas han reclamado por décadas que la educación sea gratuita. Por su parte, en medio de la pandemia, el Gobierno nacional anunció matrícula cero para el segundo semestre de 2021 y la posibilidad de que esto se convierta en política pública. En las siguientes líneas pongo en perspectiva este tema.

Cobertura

En el mundo ha aumentado de manera importante el número de estudiantes matriculados en educación superior. El número de estudiantes en el mundo en 1970 rondaba los 32 millones; para el 2000, este número se multiplicaba por más de tres llegando a 100 millones; y para 2019 esta cifra era cercana a los 228 millones. Esto significa que en los últimos 60 años el número de estudiantes de educación superior se ha multiplicado más de siete veces. Para Colombia, este crecimiento ha sido aún mayor. En 1970 Colombia tenía 85 mil estudiantes; para el 2000 este número rondaba en el millón (934 mil); y para 2019 la cifra estaba en 2,4 millones. Esto representa un crecimiento en el número de estudiantes universitarios de más de 28 veces.

Por su puesto, esto ha venido acompañado de una expansión en la cobertura. En Europa y Asia la cobertura pasó de 32 % en 1980 a 64 % en 2014. Esta expansión en cobertura fue más rápida en América Latina, donde la cobertura pasó de 14 % en 1980 a 44 % en 2014. En el caso de Colombia, la cobertura pasó de 8,1 % en 1990 a 53 % en 2018.

Este crecimiento de la cobertura trae asociado un crecimiento en el número de IES. En Colombia, la enorme expansión del sistema educativo se ha dado tanto en el sector público como en el primado, siendo el privado el que ha crecido con mayor velocidad. En 2005 había 75 IES públicas y 178 IES privadas, para 2021 las IES públicas pasaron a ser 86 y las privadas 231. Esto representa un aumento del 14,7 % de IES públicas frente a un 29,8 % de IES privadas. 

Financiación

El incremento en la cobertura y la expansión de las IES trajo asociada la necesidad de recursos para su financiación. Dado los beneficios privados que tiene la educación superior, muchos países han tomado la decisión de transferir el costo de la educación a los individuos y reducir —o al menos no crecer— los recursos estatales para financiar la educación superior. Por ejemplo, Reino Unido en 1999 introdujo por primera vez el pago de matrícula en las universidades estatales (1000 libras esterlinas), valor que se multiplicó por nueve en 2011. En Estados Unidos también se observa una alta desfinanciación de la educación estatal agudizada por la crisis financiera de 2008. Entre 2008 y 2014 los costos de matrícula pagadas por los estudiantes en las universidades públicas de Estados Unidos han crecido sin precedentes y de manera diferencial entre estados. Por ejemplo, en Arizona creció el 80 % y en Florida y Georgia el 66 %. A excepción de Finlandia, los países desarrollados han cambiado la política de financiación de la educación superior con el fin de reducir los costos para el Estado. 

En Colombia, la financiación de la educación superior se ha venido reduciendo en términos reales por varias razones, de las que se destacan dos. Primero, los recursos de transferencia de la nación se han mantenido a precios constantes por décadas. Esto se debe, al menos en parte, a que la fórmula con la se calculan las transferencias no tiene en cuenta —y era muy difícil anticiparlo en ese momento— la expansión tecnológica, los requerimientos de información y las exigencias de calidad que actualmente tienen las universidades. Segundo, el número de estudiantes se ha multiplicado de manera importante, lo que significa que el gasto por estudiantes se reduce.  

Las IES oficiales en Colombia tienen principalmente dos fuentes de financiación: las transferencias de la nación y los recursos propios. Entre los recursos propios, se destacan los cobros de matrículas y la venta de servicios como consultorías o contratos con el Estado, entre otros. Para el 2021 el presupuesto de las IES es cerca de $4,9 billones por transferencias más $3,8 billones de recursos propios, más $1 billón de otras fuentes para un total de 9,7 billones. De los recursos propios, cerca de $1,24 billones provienen del pago de matrículas de cerca de 700 mil estudiantes de estrato 1, 2 y 3, que sería el valor por año que el Gobierno debería disponer para el programa de “matrícula cero”. 

Es importante destacar que la composición de los ingresos varía entre universidades. Por ejemplo, mientras que para la Universidad Nacional de Colombia el ingreso por matrículas es cercano al 5 % del total de los ingresos, para la Universidad Militar Nueva Granada es cercano al 70 %. 

Cobro de matrícula

En Colombia, cada IES pública establece el mecanismo de cobro de matrículas a través de acuerdos universitarios. Para las universidades se destacan al menos tres tipos de mecanismo: los que se basan en condiciones socioeconómicas, los que tienen tarifas fijas por programa y los que combinan condiciones socioeconómicas y costos fijos por programa. Los modelos son muy diversos entre sí y para personas con las mismas condiciones socioeconómicas los costos por matrícula son muy variados entre universidades. Adicionalmente, los costos de matrículas no responden a condiciones de calidad, es decir, que no hay una relación entre el costo que las personas pagan y la calidad que reciben. 

Estos elementos configuran un sistema de cobros de matrículas de las IES públicas complejo, difícil de navegar para los hogares e inequitativo.

¿Migrar a un sistema de educación superior público con becas del 100 por ciento de la matrícula?

En primer lugar, hay que decir que es muy acertado en estos momentos la matrícula cero para estudiantes de las IES públicas. Esto permitiría —en la actual coyuntura de pandemia— darles un alivio a los hogares de más escasos recursos y evitar la deserción universitaria.  

Para que esta medida pase a convertirse en política pública es necesario contemplar algunos puntos. Aquí planteo algunos básicos para abrir el debate. 

Primero, se debe replantear la fórmula como se calcula las transferencias de la nación a las IES. Esta nueva fórmula debería hacerse por estudiante matriculado y tener en cuenta algunas variables de resultado como retención, graduación, producción científica, empleabilidad, entre otras. Esto ayuda a comunicar el costo real de la educación superior y su relación con la calidad.

Segundo, es clave simplificar la forma en que las universidades calculan el cobro de matrícula a los estudiantes. Los criterios podrían ser muy sencillos, como lo hacen algunas IES. Por ejemplo, los estudiantes podrían pagar lo mismo que pagaban en el colegio. Esto significa que, si proviene de un colegio público, debería estar completamente becado.

Tercero, crear un esquema único de becas para el sistema de educación superior público. Seguro pensarán que esto ya se hace pues hay N subsidios. En este punto me refiero a que realmente haya un esquema de becas real, aplicado a todo el sistema público y fácil de comprender y de comunicar. Uno de los aprendizajes que dejó el programa Ser Pilo Paga (SPP) fue exactamente ese. Esto podría cambiar las expectativas de los estudiantes de la educación media sobre la posibilidad de ir a la educación superior, como lo hizo SPP. Además, considero que hay que cambiar el concepto de gratuidad, pues realmente no es gratis ya que lo pagamos con nuestros impuestos, lo correcto es el concepto de becas. 

Cuarto, pasar a un esquema unificado para aplicar o inscribirse a la educación superior oficial. Aunque parece que no aplica en esta discusión, esto resulta clave. Actualmente cada estudiante debe presentarse y pagar formulario por cada universidad a la que aspire, esto no solo genera inequidad en el acceso —pues si a una persona le alcanza para una inscripción no le alcanza para dos— sino que reduce las expectativas de los estudiantes frente a la posibilidad de ir a la universidad. Se podría centralizar la aplicación justo con la inscripción para las pruebas Saber 11. Esto también podría expandir las posibilidades de los estudiantes, pues muchos estudiantes no conocen la gran cantidad y diversidad de IES públicas. 

La tarea no es nada fácil, pero el debate está abierto y lo importante es comenzar a aportar desde las diferentes visiones y formas de ver la misma situación.

 

Información de referencia: Los impactos estructurales del buen avance en gratuidad para estratos 1 a 3

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