Ed. superior en América Latina necesita una transformación dramática: Liz Reisberg – Marzo/19


Título original: ¿Es posible la innovación en América Latina? La educación superior en toda América Latina necesita una transformación dramática, por Liz Reisberg. Consultora internacional en temas de educación superior. Investigadora asociada del Center for International Higher Education de Boston College.

Tomado de: ESAL – Revista de Educación Superior en América Latina.

Hay pocas dudas de que la calidad general de la educación superior en América Latina ha mejorado durante las últimas décadas. Esto no quiere decir que las “universidades de garaje” o las universidades falsas, que ofrecerán un título a cualquier estudiante que pueda pagar las cuotas, hayan desaparecido por completo, pero quedan menos.

Los programas de acreditación, la mayor rendición de cuentas a las entidades externas y las evaluaciones regulares han motivado a las instituciones a recopilar y hacer un seguimiento de los datos de manera más efectiva, a considerar cómo podrían mejorar, y a producir planes de mejora. Ahí radica el problema: la mejora se basa en lo que se ha hecho en el pasado sin detenerse por completo para cuestionar si el pasado sigue siendo apropiado o relevante.

La educación superior en América Latina se basa en una combinación de la tradición francesa y alemana, haciendo énfasis en la formación de profesionales o de investigadores académicos que probablemente se dedicarán a la investigación en centros de investigación. Como modelo predominante subsiste la preparación de individuos para una carrera futura, a través de conferencias que imparten contenido profesional relevante.

Este patrón podría ser razonable si el mundo que nos rodea no hubiera cambiado. Pero, los teléfonos
celulares y otros dispositivos electrónicos portátiles ahora aseguran que todo tipo de información esté
disponible; ya no necesitamos abarrotar el cerebro humano con información; y muchas oportunidades de empleo que existen hoy se irán mañana. Se necesita con urgencia una reforma, pero un patrón complejo de circunstancias prácticamente intratables conspira en su contra.

Aislamiento

Con pocas excepciones, la mayor parte de la educación superior en América Latina se enfoca hacia adentro (inward), con una mirada limitada hacia las tendencias internacionales, las mejores prácticas internacionales o las necesidades del entorno social o económico. Se presta poca atención a la investigación y a la ciencia que nos informan sobre cómo aprenden los estudiantes, en particular, la generación actualmente inscrita o la que está a punto de ingresar a la educación superior. Si hay alguna preocupación con relación a las prácticas internacionales, tiende a centrarse en los rankings y en cómo mejorar la posición de un país o institución. El resultado es una región, en gran parte, aislada tanto de la academia como de la práctica.

Hay muy poca comunicación entre la educación superior y el mercado laboral. Teniendo en cuenta que la mayoría de los estudiantes universitarios buscará empleo después de graduarse, en lugar de seguir hacia estudios avanzados, este es un problema grave. Aunque esta situación no es exclusiva de América Latina, muchas universidades en países fuera de la región han desarrollado programas de pasantías y otros programas de práctica que permiten a los estudiantes de (pre)grado tener contacto con el mercado laboral antes de completar sus estudios, brindándoles la oportunidad de aplicar la experiencia del aula en un lugar diferente y de reconocer las habilidades y el conocimiento que necesitarán para tener éxito en el futuro. El proceso de establecimiento de sitios para este tipo de experiencia crea un vínculo de comunicación importante entre la universidad y los futuros empleadores. Aunque algunos de mis colegas latinoamericanos argumentarán que dado que muchos estudiantes
trabajan mientras estudian y muchos profesores son docentes a tiempo parcial y profesionales a tiempo completo, existe un fuerte vínculo con el mercado laboral profesional, pero esto no es lo mismo que la articulación intencional entre estudio y práctica.

Rigidez

La región continúa adhiriéndose a programas de grado rígidos, estrechamente enfocados y cargados de contenido. Con solo unas pocas excepciones, todas las universidades de la región requieren que los estudiantes elijan una carrera profesional a los 17 o 18 años. Esta situación empeora debido a la falta de orientación profesional en la escuela secundaria. Es poco probable que muchos jóvenes de 18 años puedan nombrar más de una docena de profesiones (médico, abogado, ingeniero, dentista, psicólogo, etc.); sin embargo, sabemos que las oportunidades en muchos campos tradicionales están disminuyendo o (al menos) cambiando, y que se crearán muchos nuevos empleos que no podemos imaginar como resultado de los avances en ciencia y tecnología. También sabemos que los graduados de hoy cambiarán de trabajo con frecuencia, a menudo a diferentes campos de práctica.

Existe un creciente cuerpo de evidencia que indica que necesitamos preparar a los estudiantes con menos contenido específico del campo o disciplina y, en cambio, con una base más amplia de habilidades, con algún conocimiento esencial del contenido, y con la capacidad de adaptarse al cambio. Estos resultados no provendrán de un título de cinco años que se enfoca exclusivamente en el contenido para una carrera específica, más bien en una base educativa variada que cruza los límites disciplinarios.

La formación interdisciplinaria aún no ha llegado a América Latina. Pero, ¿quién podría dudar que un abogado que aspira a trabajar en un tribunal no se beneficiaría de la formación en teatro? ¿O que un ingeniero que espera desarrollar un nuevo proceso o producto no se beneficiaría de los cursos de literatura o comunicación para aprender cómo presentar sus ideas de manera efectiva a un posible inversionista? ¿O que un médico no se beneficiaría de una cierta comprensión de la inteligencia artificial? La combinación de campos de estudio no solo enriquece la educación de un individuo, sino que expande las formas de pensar y la capacidad de análisis desde diferentes perspectivas. Una educación más amplia, en última instancia, proporciona una base más sólida para la adaptabilidad futura.

Desafíos

Las instituciones públicas más antiguas en toda la región han definido lo que debería ser una universidad y los estándares por los cuales se juzga a la mayoría (si no a todas) de las otras instituciones; esto limita la libertad de innovación. Como resultado, si bien el sector privado ha crecido exponencialmente en casi todas partes, replica lo que ofrece el sector público con mayor, menor o igual eficiencia.

Mejorar la educación superior requiere de una amplia participación y compromiso por parte del profesorado. Otra desventaja que limita la reforma de la educación superior en la región es la dependencia de los docentes a tiempo parcial. Esto es problemático en muchos niveles. Con profesores que hacen malabares con horarios complicados y que combinan la enseñanza en múltiples instituciones o con otras actividades remunerativas, dedicar tiempo a
estrategias reflexivas y coherentes para la reforma educativa es un lujo que pocos pueden considerar. Cuando solo se paga a los individuos por las clases que imparten, hay pocos incentivos para dedicar tiempo a las tendencias internacionales, la investigación sobre la enseñanza y el aprendizaje u otras áreas del desarrollo profesional personal.

La dependencia en el profesorado de tiempo parcial crea un dilema adicional que actúa en detrimento del tipo de revisión curricular necesaria. Cada clase impartida proporciona los ingresos necesarios para un individuo. La eliminación de las clases de los programas de licenciatura del curso tiene consecuencias económicas para muchos.

Los Consejos Superiores, los órganos de gobierno de las instituciones públicas, tienen la autoridad para emprender reformas serias, pero este es un grupo elegido y puede o no persistir el tiempo suficiente para emprender cambios significativos. Desafortunadamente, estos consejos también tienden a dar prioridad a las decisiones que benefician a sus constituyentes políticos individuales sobre los objetivos educativos a largo plazo.

Se debe esperar que las instituciones del sector privado respondan mejor a las necesidades del mercado laboral, ya que compiten por los ingresos de las matrículas estudiantiles, y es probable que los estudiantes se sientan atraídos por los campos de estudio con las mejores perspectivas de empleo futuro. Esta dinámica opera con una eficiencia mínima; asume que los empleadores toman buenas decisiones de contratación. Pero, mientras que los
empleadores en toda la región se quejan de que los graduados universitarios no poseen las habilidades necesarias, continúan contratando estudiantes con perfiles tradicionales. Cuando los empleadores regionales comiencen a seguir el ejemplo de Google y contraten a personas en función de sus conocimientos, habilidades y talentos, tengan o no un título universitario, la educación superior tendrá que responder.

Conclusión

La educación superior en toda América Latina necesita una transformación dramática. En algunos casos, líderes progresistas y visionarios han intentado esta reforma a través de la creación de nuevas instituciones o programas, o la introducción de nuevas estrategias en las instituciones existentes. La innovación se ha visto obstaculizada en muchos niveles, ya sea por parte de la facultad y el personal sin incentivos o apoyo adecuado para adaptarse, o por
parte de organismos reguladores externos sujetos a modelos tradicionales rígidos. La reforma es necesaria y urgente, pero es difícil ver cómo ocurrirá.

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– Este artículo fue publicado inicialmente en inglés en The World View, un blog de Inside Higher Education, el 3 de enero de 2019. Reproducido por la Revista de Educación de Uninorte