El camino que debe tomar la Universidad ante la 4 RI

Agosto 12/19 Análisis de Revista ASCUN “Pensamiento Universitario” sobre el reto de la Universidad de generar valor agregado, diferenciador y atractivo con resultados innovadores para la sociedad.

¿Qué hacer frente a la inminente irrupción de la Cuarta Revolución Industrial?

La Universidad debe enfrentar y analizar la conveniencia de ser o no identificada como “Ubersidad”, y debe actuar más temprano que tarde para generar valor agregado, diferenciador y atractivo hacia los potenciales estudiantes y con resultados innovadores para la sociedad.

El informe The NMC Horizon Report: 2017 Higher Education Edition que analiza el estado del arte del desarrollo tecnológico y su impacto en la educación, a través del “Informe Horizon”, han señalado, desde hace ya varios años, que uno de los retos críticos para la actual sociedad es la “necesaria redefinición del modelo educativo que contemple nuevas formas de generar, gestionar y transmitir conocimientos”. Esto implica, entre otros aspectos, repotenciar la función formativa de la educación superior para que sus diversos públicos también integren el uso y análisis crítico de la robótica y la inteligencia artificial, entre otros aspectos.

“Con el fin de fomentar la innovación, las IES deben estructurarse de manera que permitan flexibilidad al mismo tiempo que fomenten la creatividad y el pensamiento empresarial, propiciando entornos que permitan asumir riesgos a través de la experimentación y la puesta en práctica de ideas. Las universidades que reconocen la importancia de esta tendencia están comenzando a promover la cultura de la innovación en sus facultades”, afirma Horizon.

El gran reto de la Universidad en la Cuarta Revolución Industrial es formar personas y consolidar procesos científicos para que la inteligencia humana no sucumba ante el embate de la inteligencia artificial.

Al respecto, Gleason (“Higher Education in the Era of the Fourth Industrial Revolution”) es enfática en que la respuesta a la Cuarta Revolución Industrial, por parte de las universidades, debe estar mediada por una educación que incluya las artes liberales, que ayude a superar el hacer para potenciar el crear y el innovar. “Las universidades pueden ayudar a la sociedad a responder a cambios tan radicales y repentinos mediante el despliegue de la pedagogía. Y eso da lugar a pensadores creativos con habilidades prácticas, porque -continúa- más que nunca, la educación superior en la Cuarta Revolución Industrial debe desarrollar la capacidad no solo para analizar y romper un problema técnico o científico en sus partes constituyentes, sino que también debe hacer hincapié en las interconexiones entre cada problema científico a través de escalas globales e interrelaciones entre las dimensiones físicas, químicas, biológicas y económicas de un problema”.

Este diagnóstico lo complementa el periodista Andrés Oppenheimer en su libro “!Sálvese quién pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización”. Este argentino señala cómo, a juicio de los llamados futurólogos, las nuevas carreras universitarias serán cada vez más interdisciplinarias e incluirán capacidades tecnológicas y habilidades de razonamiento crítico, resolución de problemas y trato interpersonal.

Frente a la cuarta revolución industrial “los estudiantes deben adquirir nuevas actitudes y desarrollar nuevas habilidades de pensamiento, mejorar su razonamiento matemático, incrementar su creatividad y su capacidad para analizar e interpretar grandes volúmenes de información, resolver problemas complejos, dominar diferentes lenguas extranjeras, desarrollar su inteligencia emocional y aprender a tomar decisiones con altos umbrales de incertidumbre. En consecuencia, será necesario impulsar el desarrollo de nuevos modelos educativos en el marco de lo que podríamos llamar la educación 4.0”: Jaime Valls Esponda. Secretario General Ejecutivo, Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).

Eso sí, la Universidad -una vez supere aspectos como la conectividad, la seguridad de los datos y los dilemas éticos derivados del uso de la información y los actores de la misma-, debe mantenerse y no ceder en lo que le ha sido propio desde su génesis: La docencia inspiradora, los valores éticos de la ciudadanía, la convivencia y la armonía social, la disciplina del académico comprometido con una causa y el servicio, y la permanente búsqueda de la verdad y la ciencia al servicio de la humanidad.

Una de las conclusiones del texto de Oppenheimer da una luz positiva a la Universidad. “La educación es, y será cada vez más, el secreto de la supervivencia laboral y de la prosperidad individual”, dice. Sólo así podrá sobrevivir a la robotización y automatización, a los códigos cifrados por la tecnología y a la competencia en la forma más que en el fondo. La inteligencia artificial es una realidad, y la Universidad debe potenciarla para complementar la docencia y mejorar su desempeño, además de contribuir con sus investigadores a crear nuevos desarrollos de inteligencia artificial.

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