¿Es conveniente la reforma estatutaria de la U. de Nariño?

El columnista Luis Eduardo Solarte Pastás analiza en su escrito del Diario del Sur el impacto que, sobre el espíritu democrático universitario, puede traer el interés del actual rector de la Universidad de Nariño, Silvio Sáncehz Fajardo, de reformar los estatutos y buscar su re-elección.

Hay quienes sostienen que la famosa Reforma Universitaria que se adelanta en la Universidad de Nariño se ha convertido en una “Torre de Babel”, en el sentido de que todos los sectores o estamentos que confluyen en su interior no han podido ponerse de acuerdo para poderla sacarla adelante.

Han transcurrido cerca de dos años y medio desde que se inició tal proceso y, sin embargo, no hay nada concreto. La aprobación de cada uno de los estatutos que serían la carta de navegación del Alma Mater hacia el futuro se encuentra embolatada y todo hace pensar que en lo que queda de la administración del actual rector Silvio Sánchez Fajardo ello no será factible.

Es cierto que el rumbo de la universidad en las próximas décadas no tiene una solución lineal. Depende de factores, algunos de los cuales se encuentran en el interior y otros en su alrededor. Las transformaciones posibles están vinculadas a modelos de organización universitaria en competencia, que a través de su viabilidad y competitividad permitan su transferencia, combinación y adaptación a las condiciones de su entorno económico y social cambiante y a los crecientes requerimientos del desarrollo científico y tecnológico.

Pero eso no debe ser óbice para que se pretenda por algunos aduladores y lisonjeros que coexisten en el seno de la Universidad de Nariño, so pretexto de un debilitamiento y distracción en la reforma, prorrogar el período del rector Sánchez Fajardo, a quien a propósito se le vence su período el 21 de diciembre del año en curso, de los decanos y jefes de departamentos que están en interinidad. Su argumento es que todo tipo de elecciones en la Universidad deben llevarse a cabo después de que sea aprobado el Estatuto Electoral”.

Sin embargo, otra cosa es lo que piensa una inmensa mayoría de estudiantes, profesores y trabajadores. Consideran que “no es conveniente una prórroga al actual rector, porque se estaría dejando de lado una de las conquistas más caras de la Universidad de Nariño, única en el país, cual es la elección democrática de sus autoridades; siendo la reforma un patrimonio de la comunidad, no del actual rector, debe continuar su marcha independientemente de la persona que ocupa la rectoría. “(…) que la comunidad le dé su voto a quien más comprometido esté con la reforma”.

Insisten “en el planteamiento de que la Reforma Universitaria es un proceso democrático con amplia participación que, después de la Asamblea Universitaria, dejó de pertenecerle a la Rectoría y la administración actual”.

Y “(…) que no se debe olvidar que la elección democrática de autoridades, siendo muy importante, no abarca toda la democracia en la Universidad. La democracia debe ser una forma de vida que abarque todo el espectro del quehacer universitario”.

Como es lógico, esa posición no le gusta en lo más mínimo a Sánchez Fajardo y a su cercano equipo de panegiristas porque quizás busquen ocultar por más tiempo los grandes lunares que a lo largo de su administración se han originado en la institución como consecuencia del desbordante apetito burocrático, politiquero e intereses individuales que han tenido. Lunares que han querido ocultarle a la misma comunidad universitaria y a la nariñense en general a través de estar trabajando en la famosa Reforma Profunda que no se sabe cuándo es que va a salir por fin a flote. Lo preocupante es que todos saben de ellos, pero nadie dice esta boca es mía. Hay miedo. Qué lástima que eso esté ocurriendo en una universidad que se dice ser pluripartidista y de pensamiento libre.

Frente a los debates y polémicas que se están presentando en la Universidad sobre la conveniencia o no de realizar elecciones, las mayorías son las que tienen la última palabra y no unos cuantos manipuladores. Y si el rector y sus seguidores ven que no podrán continuar gobernando para ser condecorados y pasar a la historia cuando la reforma se apruebe, es muy fácil: manden hacerse unas medallas y placas por haber tenido la idea de desarrollar una Reforma Universitaria en el máximo centro de educación pública que tiene Nariño y autocondecórense al ritmo de los Alegres de Genoy, pero no torpedeen unas elecciones que muchas luchas, esfuerzos y sacrificios costaron y que hoy en día son un ejemplo democrático de mostrar en el contexto nacional y latinoamericano.

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