Inconsistencia en políticas públicas en ed. sup. colombiana: Carlos Ornelas – julio/21

El mexicano Carlos Ornelas, doctor en educación de Stanford y profesor de la U. Autónoma Metropolitana Xochimilco, comenta la tesis de maestría “Análisis de la brecha de la calidad de la educación superior en Colombia: 2014-2018”, de Evelyn Julieth Ríos Salamanca, en donde cuestiona el modelo de financiamiento de la Ley 30 de 1992 y el programa Ser Pilo Paga.

No obstante que desde que se fundaron las primeras universidades en Occidente, hace más o menos nueve siglos, hubo distinciones entre ellas, hasta la segunda mitad del siglo XX comenzó a hablarse de “calidad”. Luego proliferaron los debates sobre si ésta pudiera medirse de alguna forma.

En la plaza global, las querellas por la calidad de la educación superior continúan, lo mismo que cómo calibrarla. Existen innumerables prácticas que las estratifican (rankings), cada una con diferentes métodos de medición. En algunos países utilizan ciertas de esas dimensiones para financiar a las instituciones de educación superior públicas.

Sin ser único, el caso de Colombia puede ser paradigmático y un buen ejemplo de cómo los controles, en lugar de provocar una tendencia al alza generalizada de la calidad, producen lo contrario: aumenta la brecha entre las grandes y más antiguas universidades y las de varios departamentos que nacieron con subsidios bajos.

La tesis de maestría en políticas públicas de Evelyn Julieth Ríos Salamanca, Análisis de la brecha de la calidad de la educación superior en Colombia: 2014-2018 (Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, junio de 2021), muestra la paradoja de una ley diseñada por el gobierno y aprobada por el Congreso (Ley 30 de 1992) para suscitar una mejoría en las universidades públicas que, en realidad, indujo a su antípoda.

De acuerdo con las mediciones que estableció el marco legal, en lugar de que las universidades con rezago crecieran, fue al revés, la brecha en la calidad original y la de los tiempos recientes se agrandó. Julieth Ríos postula que esa es la consecuencia de un marco legal defectuoso.

En Colombia existe el Consejo Nacional de Acreditación, que se hace cargo de establecer y codificar los indicadores de calidad. Luego, el Ministerio de Educación asigna los fondos.

En su trabajo, Julieth Ríos establece que dicha ley generó un ciclo vicioso. Para que las universidades públicas rezagadas en calidad pudieran ofrecer más resultados, requieren de mayores recursos económicos. Pero, dado el condicionamiento sin criterios técnicos que la Ley 30 propuso, estas universidades estatales no pudieron obtener la acreditación institucional. Ergo, están condenadas a mal sobrevivir.

Uno de los puntos que muestran la influencia de la teoría económica de la Escuela de Chicago fue el programa “Ser Pilo Paga” —pilo equivale a machetero en la jerigonza universitaria mexicana—, un proyecto que, si bien evita la palabra voucher, otorgó créditos condonables a 40 mil jóvenes de bajos recursos económicos para brindarles oportunidad de estudiar en la universidad que ellos decidieran. El 85% optó por universidades privadas.

El ensayo de Julieth Ríos, además de contener un argumento riguroso y ser rico en las apuestas de método, con una combinación de análisis cualitativo y cuantitativo (la ejecución de un modelo econométrico), se apoya en varias teorías de su campo de estudio.

Asimismo, está escrito con una redacción clara y ligera, que descansa en cuadros y gráficas para hacer más amable la presentación de datos, ecuaciones y tendencias. Fue un ejercicio de creación de conocimiento nuevo, interpretaciones no ortodoxas y conclusiones que pueden ser útiles para examinar los casos de otros países y los riesgos de legislaciones estropeadas.

Una de sus conclusiones puede tener validez para otros contextos: “La acreditación en alta calidad no puede verse como un check list para los pares evaluadores ni para las universidades públicas que participan de este proceso… [es necesario] sopesar más lo cualitativo que lo cuantitativo”.

Si a la mayoría de las universidades públicas las aqueja el bajo rendimiento académico, la tesis de Julieth Ríos contrasta con ellas: es de calidad sobresaliente.

Tomado de https://www.excelsior.com.mx/

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