La idea ética de universidad de Martha Nussbaum: Ignacio Pou – julio/21

El profesor español de la Universidad Francisco de Vitoria analiza, en universidadsi.es, el pensamiento de la estadounidense Marrha Nussbaum en cuanto el aporte de las humanidades a la educación universitaria y a una educación adecuada para la ciudadanía democrática.

Martha Nussbaum es una de esas pensadoras cuyo curriculum resulta inabarcable. Filósofa y estadounidense, con más de una veintena de libros publicados y centenares de aportaciones académicas. Pese a tratarse de una especialista en Pensamiento Clásico, el abanico de temas y áreas del saber que alcanza su obra es destacable: desde la economía hasta el feminismo, pasando por los derechos animales, la Ética, el conocimiento y educación de las emociones, la educación escolar y universitaria o el Derecho Constitucional. No en vano, en España fue galardonada en 2012 con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

La autora publicó en 2011 una obra titulada ‘Not for profit: why democracy need the humanities’, en la que explora de manera particular la relevancia de la formación humanística en el contexto de las sociedades democráticas. O, como lo denomina ella, la posibilidad de articular la formación humanística como una educación para una “ciudadanía mundial”.

Además de esta publicación, más de una década antes había hecho ya un alegato a favor del “cultivo de la humanidad” por medio de la educación liberal en una obra titulada ‘Cultivating Humanity: a classical defense of reform in Liberal Education’ en la que plantea su visión de las Humanidades.

En el presente texto nos centraremos en el primero de estos textos (Not for profit), si bien haremos algunas referencias al segundo (Cultivating humanity). Además, nos referiremos preferentemente a cuanto tiene que ver con la aportación de las humanidades a la educación universitaria y, en especial, a una educación adecuada para la ciudadanía democrática. Dejamos a un lado, por tanto, lo referente a otras cuestiones como la educación primaria y secundaria, la igualdad en el acceso a la educación y otros asuntos de innegable interés que excederían cuanto nos es posible tratar aquí.

¿Una universidad al servicio del crecimiento económico?

En coherencia con su paradigma de economía basada en las capacidades (en el que trabajó con el Premio Nobel de Economía Amartya Sen), la propuesta de Nussbaum consiste en examinar el estado de la educación universitaria (con atención también a los niveles escolares de la educación) desde la perspectiva de cómo esta contribuye a generar en sus alumnos las capacidades que requieren no solo el profesional sino, sobre todo, el ciudadano.

Aunque su análisis se centra en el modelo estadounidense, donde según ella las liberal arts “todavía gozan de buena salud”, presta atención también a otros modelos como los de las universidades europeas y asiáticas, donde la especialización técnica de los estudios universitarios es más acuciante. Según advierte, las políticas en materia de educación superior en el país norteamericano apuntan cada vez más a la senda de un modelo universitario centrado únicamente en generar profesionales con capacidades específicamente orientadas a la obtención de renta.

En su lugar, Nussbaum se plantea en primer lugar si la propia actividad y crecimiento económico no requieren de capacidades que van más allá de los conocimientos técnicos de las ciencias particulares. Si la innovación y el desarrollo económico y tecnológico pueden prescindir de la creatividad, la imaginación y la integración de conocimientos que se adquieren de manera preferente por medio de las Humanidades. En definitiva, pone en cuestión la idea de que pueda reducirse la formación universitaria necesaria para lograr el crecimiento económico a una formación puramente técnica.

“Con las artes sucede lo mismo que con el pensamiento crítico. Descubrimos que resultan fundamentales para el crecimiento económico y la conservación de una cultura empresarial sana. Los principales educadores dedicados a las ciencias empresariales entienden que la imaginación constituye un pilar de la cultura empresarial. Para la innovación hace falta contar con una mente flexible, abierta y creativa, capacidades estas que pueden inculcarse mediante la literatura y las artes. Cuando no están presentes, la cultura empresarial comienza a perder ímpetu de inmediato”.

No obstante, este no es el núcleo de su preocupación, sino simplemente una idea recurrente a la que en estas obras no dedica un análisis más minucioso. Para la filósofa, la principal aportación de la enseñanza de las Humanidades en el ámbito escolar y universitario se dirige al núcleo de las necesidades de una sociedad democrática que quiera seguir siéndolo.

El cultivo de la humanidad

Lo más llamativo de la idea de universidad con la que trabaja Nussbaum es la noción de que una de las contribuciones fundamentales de la educación a la sociedad (y, por ende de la educación superior) es la producción de un tipo de ciudadanos. Lo que más le duele a Nussbaum de la tendencia a una educación universitaria cada vez más tecnificada no es la pérdida del número de departamentos de Humanidades o el empobrecimiento cultural que ello pueda suponer sino, en primer término, el tipo de ciudadano que “produce” la Universidad.

Así, nos dirá que la principal aportación de las Humanidades a la educación tiene que ver con la capacidad de pensar de forma crítica y de “empatizar” con el otro, haciendo uso de la imaginación como una facultad fundamental para comprender relatos ajenos a la propia tradición. Las Humanidades juegan por tanto un papel esencial a la hora de lograr ciudadanos capaces de integrar la diferencia en unas sociedades en las que la creciente diversidad se concibe a menudo como una amenaza.

El título mismo de la obra de Nussbaum –por qué la democracia necesita a las Humanidades– nos informa de su postura: en unas sociedades en las que están cada vez más presentes la multietnicidad y otras formas de diversidad (desde las diferencias de orden religioso o ético hasta la diversidad afectiva y sexual), la educación de ciudadanos capaces de reconocer el fondo común de humanidad presente en cada uno de estos fenómenos es un requisito fundamental para la continuidad de la democracia.

Por tanto, disciplinas académicas como la Filosofía juegan un importante papel a la hora de vacunar a los ciudadanos democráticos contra los discursos falaces y sesgados que puedan amenazar la diversidad presente en la sociedad. A su vez, disciplinas como el teatro, las artes gráficas o la literatura tienen una importancia capital para estimular la imaginación y la capacidad para ponerse “en los zapatos” de personas con vidas, valores y cosmovisiones distintos a los propios.

Nussbaum nos dirá también que las mismas capacidades que son necesarias para el sostenimiento de la democracia (razonamiento e imaginación) son fundamentales también para asegurar la vitalidad de la actividad económica. No obstante, se trata de una cuestión colateral que no aborda en profundidad, pues su interés se centra en asegurar la democracia, objetivo que considera prioritario.

La ciudadanía mundial

Buena parte de la propuesta de Nussbaum se articula en torno a la noción de “ciudadanía mundial”. Precisamente, Cultivating Humanity comienza con una definición de lo que la filósofa entiende por auténtica educación. Según defenderá, el principal propósito de la educación no es introducir al joven en los saberes que sostienen la civilización occidental, sino especialmente aportarle las capacidades necesarias para cuestionarse la tradición recibida, en especial cuando tras ella se esconde la injusticia o la supresión de la diversidad, asunto hacia el cual la estadounidense es particularmente sensible.

Según Nussbaum, el estudio de disciplinas humanísticas sería una de las claves fundamentales para proporcionar a los universitarios herramientas intelectuales (fundamentalmente la lógica y la imaginación narrativa) y capacidades para romper el silencio y alzar una voz crítica allí donde sea preciso corregir una injusticia. Los objetivos de una educación con estas características deberían ser, según recoge al final del capítulo en cuestión:

  • Alimentar la capacidad de ver la realidad desde la perspectiva del otro.
  • Romper el tabú que castiga la debilidad y la interdependencia como aspectos indignos.
  • Estimular el interés por lo distinto y lo lejano.
  • Romper la asociación cultural de las minorías con lo repugnante o lo inferior.
  • Acabar con los estereotipos acerca de las minorías proporcionando conocimientos relativos a distintas minorías de diversa índole.
  • Fortalecer la conciencia de la responsabilidad individual sobre los propios actos.
  • Alimentar el pensamiento crítico y el valor necesario para expresarlo, aún siendo minoritario.

La ética de Nussbaum y la idea de universidad

Resulta sencillo reconocer en los planteamientos éticos de Nussbaum el germen de una forma de abordar la ética que tiene uno de sus principales exponentes en los trabajos de los empiristas escoceses, especialmente en Adam Smith. No en vano, el capítulo de Not for profit dedicado especialmente a la cuestión ética comparte una cierta similitud –incluso en el título– con el planteamiento de la principal obra del filósofo escocés, titulada La teoría de los sentimientos morales. Ambos comparten, en definitiva, la idea extendida entre los empiristas escoceses de que la ética es una dimensión del comportamiento humano ligada fundamentalmente a la esfera de los sentimientos y coinciden en reconocer la simpatía (el término sympathy en inglés contiene matices que no están en la palabra castellana) como piedra angular de un sistema ético suficiente para procurar la convivencia en sociedad al margen de las discordancias de opiniones y credos.

La reflexión de Nussbaum respecto de la importancia de la lógica y la imaginación narrativa en la vida de los individuos y sociedades (capítulos 4 y 6) es interesante y puede resultar valiosa. Sin embargo, el planteamiento de partida de la ética y la antropología con la que trabaja dificulta el hallazgo de un fundamento más sólido que los sentimientos sobre el que sustentar el respeto al otro e incluso el valor mismo de la diversidad. Si el universitario capaz de reconocer sus propios sentimientos y acceder imaginativamente a relatos “alternativos” de la realidad no es capaz de convertir este hallazgo en verdades sólidas sobre las que construir la convivencia común de los distintos, su mismo descubrimiento desaparecerá según se disuelvan los sentimientos sobre los que se apoya. O, peor aún, se verá superado por las razones (aparentemente subestimadas por Nussbaum como puramente irracionales) de quienes son capaces de argumentar contundentemente contra el valor de la diferencia en la vida de las sociedades democráticas.

De ahí que quepa asumir parte de la propuesta de Nussbaum y, sin embargo, reivindicar que el valor y la auténtica aportación de la Universidad a la vida en común va más allá de una defensa funcional en clave de producción de ciudadanos aptos para la vida empresarial y política. La Universidad tiene además un papel fundamental como comunidad que aúna sus esfuerzos en la búsqueda de las verdades necesarias para alcanzar la contemplación de las verdades que permitan el desarrollo de una vida plenamente humana. El acceso a la educación universitaria no puede limitarse, por tanto, a la obtención de una educación a la manera de la producción de este tipo de ciudadanía, sino que debe ser, en primer lugar, una invitación a participar de la búsqueda de estas verdades, tanto dentro como fuera de la propia Universidad.

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